Lavenir Poster

Título original:  L'avenir

Año:  2016

Duración: 100 min.

País: Francia

Director:  Mia Hansen-Løve

Guión:  Mia Hansen-Løve

Reparto:  Isabelle Huppert, Edith Scob, Roman Kolinka, André Marcon, Marion Ploquin

Productora: Arte France Cinéma

Nota: 9

Poco a poco, con cinco films ya en su haber, la parisina Mia Hansen-Love ha logrado abrirse un merecido hueco entre los nombres más estimulantes del nuevo cine europeo. Su particularísima forma de entender la contemporaneidad cinematográfica hace de ella un islote autoral, perfectamente acomodado dentro de un clasicismo combatido callada y sibilinamente, que, para quien esto escribe, en modo alguno pretende emular a Rohmer, tal y como tantas veces se ha reclacado a propósito de las cuatro primeras piezas de su filmografía.Lavenir 6

Por fortuna, su última propuesta, EL PORVENIR, sale lúcidamente airosa del difícil reto de lograr que su trayectoria no se tambalee mediante un bache inesperado, debido a la sutil osadía de la empresa.  La creadora de TOUT ES PARDONNÉ demuestra saber disponerse de una implacable soltura expositiva para tomar las riendas de una urdimbre narrativa nada fácil de acometer,  sin caer en la morosidad, la espesura o la grandilocuencia. La suya es una indagación tan serena como insondable, en la que la nitidez de las imágenes construidas procuran, dan cobijo fondo y cierto a que aquellas concluyan evidenciando el reverso subterráneo de su apariencia.

EL PORVENIR, fundamentalmente, se propone el seguimiento inmisericorde de un atractivo, arduo personaje femenino. Nos hallamos frente a ese tipo de propuestas articuladas en torno a la atención celadora de un personaje central cuya omnipresencia se antoja principio inquebrantable de la operación analítica emprendida. En esta ocasión, el quinto proyecto de la autora de EDEN nos presenta a Nathalie, una madura profesora de filosofía de un instituto de la capital francesa. Lavenir 5Las primeras escenas del film nos la descubren como una mujer con la vida perfectamente ordenada, encantada de ejercer una profesión que le reporta una excelente relación con sus alumnos, casada con otro profesional de la docencia, madre de dos hijos ya mayores.

Únicamente, los incesantes reclamos de su madre, una mujer muy mayor, que no hace sino agobiarla por teléfono,  presa de unos falsos ataques de ansiedad que finge para que acuda a su lado, parecen constituirse en los obstáculos de una armonía existencial plena. De pronto, sin que ella haya tenido la más mínima sospecha de ello, su esposo le anuncia que la abandona por otra mujer. A partir de ese momento, Nathalie deberá hacer frente a esta tesitura y otras cuantas más, que le obligarán a tomar una serie de decisiones tras modificar radicalmente el orden de las prioridades sobre las cuales había forjado la estabilidad de toda su vida.

El film supone un nuevo encuentro con la fluidez y la levedad incesantemente acorraladoras mediante las que la realizadora gala encuadra los movimientos del personaje dentro del campo de visión. Pese a lo candente del argumento Lavenir 4relatado, huelga decir que Hansen-Love, por supuesto, no tiene tentación alguna de afrontar el relato de los acontecimientos y el acoso al elemento protagónico dirimiendo los estilemas propios de la narración melodramática al uso. Ni muchísimo menos, la suya es una jugosa intencionalidad sorpresiva, paciente, ladinamente ambigua y escurridizamente inquieta: Nathalie y sus circunstancias se antojan presa idónea para el instinto calmadamente apresador que caracteriza a la realizadora gala.

En este caso, digamos que el tempo urdido para aprehender la dificultosa encrucijada con la que debe apechugar Nathalie se adecúa perfectamente al perfil que de ella se brinda desde el principio. Nos hallamos delante de  una mujer muy culta, con un alto sentido de los principios de respeto y de integridad con los que se ha ido resolviendo tanto en su vida profesional como privada, y poco amante de la expresión de las flaquezas, acaso porque ha sabido mantener a flote una fecunda y acomodada paz vital, desde la que no ha hecho ningún esfuerzo por huir, por escapar, por depararse el gusto de intentar otra cosa.

EL PORVENIR se presenta como una calculada reflexión sobre la necesidad de reinterpretar la vida aun cuando quien se ve obligado a ello esté en Lavenir 3edad de recoger los frutos sembrados por costumbre, y asumir los acontecimientos inherentes al declive, al ocaso, a los albores de una vejez. Sin que en ningún momento, claro está, se atisbe motivación aleccionadora o moralizante, la fortaleza del acercamiento a esta mujer de más de cincuenta años la forja la evitación de la más indecente alharaca desgarradora. A Nathalie el espectador la persigue en calidad de vecino con ventana muy discreta, pero perfectamente orientada al enjambre silente de sus desvelos, sus temblores atajados  y su cuestionada habitualidad.

Retrato reflexivo, aproximación fresca, minuciosa, soslayadamente armoniosa, no cabe más que rendirse ante el confabulado cinismo con el que la omnipresente protagonista es observada en algunos momentos y, también,  con el que ella soluciona alguna situación (su relación con el marido tras la ruptura: formidable la escena en la que se lo encuentra en su casa cuando ella se dispone a preparar la cena de Navidad con jugosísima cita a Schopenhauer incluida), el tacto exquisito con el que es resuelta su relación con su alumno (aboliendo la idea de imbricar un hilo afectivo evidente,  que no hubiera tenido lógica, pero, al mismo tiempo,  dejando flotar en el aire un interrogante afectivo enigmático, hermoso, fragilísimo ), la desenvuelta fiereza agazapada con la que una insuperable, respirablemente atenta y cortésmente dolida Isabelle Huppert afronta este magnífico personaje y, como no, la solícita implicación de una puesta en escena atenta, fluida, esquiva, nada asfixiante y siempre pertinaz con la que la directora se enfrenta al difícil reto de acompañar en su camino por el barro a esta mujer con los pies acostumbrados a caminar el mismo suelo. EL PORVENIR deviene el emocionante hallazgo de una cineasta sabiendo ponerle la alfombra a su esplendente madurez creativa.

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