Toni Erdman Poster

Título original: Toni Erdmann

Año: 2016

Duración: 162 min.

País: Alemania

Director: Maren Ade

Guión: Maren Ade

Fotografía: Patrick Orth

Reparto: Peter Simonischek, Sandra Hüller, Lucy Russell, Trystan Pütter, Hadewych Minis, Vlad Ivanov, Ingrid Bisu, John Keogh, Ingo Wimmer, Cosmin Padureanu, Anna Maria Bergold, Radu Banzaru, Alexandru Papadopol, Sava Lolov, Jürg Löw, Miriam Rizea

Productora: Komplizen Film / Coop99 Filmproduktion / KNM

Nota: 10

Son muchos los motivos los que nos han llevado a considerar a TONI ERDMANN, nada más disfrutar de su visionado en la pasada edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla, como la mejor película del año 2016. Todos ellos confluyen en la máxima desde la que en estas páginas de MUSICZINE más insistimos a la hora de enjuiciar el calado de cualquier obra cinematográfica que nos vemos en la obligación de analizar: la calidad del material escrito sobre la que se edifica el fluido audiovisual concretado finalmente. Desde ese postulado, sólo podemos hacer la siguiente afirmación: TONI ERDMANN llega pertrechada del mejor guión visto durante la pasada temporada; la atrevida osamenta escrita, emplazada para tan gratísima y  excepcional ocasión es simplemente perfecta.Toni Erdmann 10 El libreto conspirado resulta una díscola, encarnizada, infalible y corrosiva pieza de cronometría,  escrita tictac a tictac, ponzoña tras ponzoña,  recreándose en su honda geometría pautada, con esa punzante crueldad circular que definen las saetas de un reloj en marcha. Lo inexorable hecho puntualidad.

Ocurre, además, que a la ocasión se le confabula el aliado idóneo: la inteligencia escénica convenida por quien asume la tarea de traducir a imágenes este asombroso encadenado de hallazgos, apuros y exigencias es, para pasmo y gozo espectador, superior a la aglutinada en ese guión. Maren Ade es la suscritora de semejante colmo. También quien se pone tras la cámara. Monumental. TONI ERDANN da de sí hasta el máximo de sus posibilidades, porque quien la maneja es quien le ha engendrado la compleja criatura que lleva dentro. La realizadora germana irrumpe arrolladoramente (del mismo modo que el personaje masculino principal lo hace sobre su parejo femenino) en el panorama autoral del cine contemporáneo. TONI ERDMANN está soldada con férrea voracidad hermética, cauterizante, iconoclasta, libérrima, y, además, sin inmutarse, boquiabierta,  se forja estallada hacia la más candente de las risas, cumpliendo con una progresión maquiavélicamente meditada un antológico itinerario hacia el disparate convertido en asombro desvestido, en atónito alimento para la acritud y la carcajada. Lo agridulce elevado a categoría; la mueca, a expectación.Toni Erdmann 30

La nueva contumacia de la autora de ALLE ANDEREN se va revelando poco a poco como una impagable aglutinación de mecánicas estructurativas (comedia entre contrarios, melodrama familiar, diatriba sociológica, surrealismo cotidiano, fusión genérica, impronta autoral) tan disímiles como aventuradas, en las que, por encima de todo, asombra lo bien parada que sale la narración global de tan embarazado empeño. El film narra la extraña mixtura existencial que forma una imperturbable ejecutiva de una gran empresa afincada en Bucarest y su estrambótico padre, un hombre de comportamiento poco convencional que se propone dinamitar el ensimismado modo de vida al que la primera se ve obligada por causa de un imperativo laboral que ella acata sin ningún tipo de cuestionamiento.

En esencia, TONI ERDMANN no hace sino adscribirse a una de las variantes más trilladas de la comedia clásica como es el que dirime el emparejamiento de dos caracteres disímiles, opuestos, contraproducentes, llamados a conflicto, dentro de un relato que casi siempre tiende, o bien,  a una suerte de final conciliador entre ambas desemejanzas, o bien, a uno en el que una de las dos partes de la asimetría reconoce la bonanza de la otra y se supedita a su criterio aleccionador. Toni Erdmann 40Desde Stan Laurel y Oliver Hardy a Jack Lemmon y Walter Matthau, pasando por Dean Martin y Jerry Lewis o por  Katherine Hepburn y Spencer Tracy, la historia del cine está llena de ejemplos urdidos atendiendo a los protocolos de este patrón organizativo.

Lo grandioso de TONI ERDMANN es disfrutar del modo tan maquiavélicamente fecundo, hábil, atrevido y controlado con el que Maren Ade se aplica, invoca, se nutre de este constitutivo  esquema y, a la vez, lo combate, lo evita, lo desarticula, lo estruja, lo demoniza y le hace agrias y descacharrantes cuchufletas.  El film es un continuo ultraje a la empobrecedora ley de lo previsible. Argumentalmente, lo consigue mediante un implacable y prolífico caudal de feraces imprevistos siempre honestísimamente justificados. Desde un punto de vista escénico, emplazando una inclemencia observativa sobre los personajes y sus obstinaciones dentro de plano que no responde sino a la nula conmiseración que la cámara dictamina sobre ellos. TONI ERDMANN sabe en todo momento retorcerse sobre sí misma, apurando hasta el máximo los recovecos dramáticos que precisa su desarrollo.Toni Erdmann 70

En ese sentido, causa impecable asombro asistir a cómo el entramado narrativo, sin que se resienta el aplomo avizorador con el que está dictaminado, desde la primacía dada al personaje paterno, Winfried, (un arrollador, inolvidable Peter Simonischeck)  en su primer tercio hasta que el relevo de la astuta inmisericordia merodeativa lo recoge la demoledora radiografía descerrajada sobre Inès (una sencillamente antológica Sandra Hüller, que no sólo sabe resistir sin aspavientos  la embestida constante del delirio caradura e imprevisible desde el que está concebido Winfried, sino que se eleva por encima de esa torrencialidad sorpresiva imponiendo un perfecto ejemplo de resignada,  desarmante contención interpretativa).

Privilegiando una impoluta urdimbre lineal de acontecimientos, todos ellos amasados dentro de largas secuencias, en los que la paciencia de la cámara compromete, encajona, recluye la progresión de las reacciones de los protagonistas, Maren Ade da una inolvidable lección de verosimilitud, carnalidad y flagelo dramático, que, pese a la diferencia de tonalidades genéricas, le es muy fiel a la asfixiante, cruda, insensible captación ambiental dirimida por la germana enToni Erdmann 60 ALLE ANDEREN.  Esta rígida predisposición, esta correosa austeridad, esta minuciosa filantropía, estrictamente notificada para vetar la posibilidad de una mínima  indulgencia, faculta poco a poco una  despiadada munición dramática, que dirime franca reflexión sobre las esclavitudes vitales contra las que nos ha hecho sucumbir la sociedad contemporánea: el seguimiento a Inès (el retrato que emerge del mundo financiero que ejemplifica) no puede ser más riguroso en ese empeño.

La protagonista femenina de esta rotunda experiencia cinematográfica propicia un inmisericorde y vitriólico acercamiento a las entrañas de esa feria de las jactancias que es el universo laboral al que ella pertenece. Inès se revela como certera diana paradigmática. Al mismo tiempo que Winfried, nos  vamos a dar de bruces con una eficaz profesional, absorbida por el imperativo de su importante posición dentro de una gran empresa, y, por lo tanto,  sometida a una existencia en la que,  voluntariamente,  el éxito laboral refrenda la claudicación de la entereza personal, el veto de toda distracción  ajena a esa tiranía llamada trabajo, dentro de una sociedad capitalista que no quiere seres humanos sino piezas de un engranaje global que disfruta apisonado la voluntad de esa articulación.

El choque de caracteres sobre el que se asienta el peso medular del avance del film, contra lo que podría pensarse, sortea siempre la alharaca consabida, el desgarro con reproche, la estridencia del plano contra plano significador de las dos partes en litigio. Maren Ade lo vehicula soslayando el conflicto, optando por que sea el espectador quien saque sus conclusiones en calidad de testigo privilegiado de sus respectivos comportamientos, decisiones, amagos, orajes, intimidades  y reacciones, descerrajando  desasosiegos (la espléndida escena de sexo de Inès con su compañero), ternuras (el abrazo en la plaza) y, sobre todo, de forma inusitada, como si se adueñara de la inercia de los acontecimientos en el último tercio del largometraje la singularidad descerebrada de la figura paterna, enhebrando una suprema ilación de secuencias en la que la comicidad estalla de forma desmedida. Cine literalmente en pelota, intrepidez y visceralidad picada, no nos queda más que rendirnos peluda y búlgaramente a la singular extrañeza mordaz de esta absoluta obra maestra.

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