Sección: Oficial

Título original: Once Upon a Time in... Hollywood

Dirección: Quentin Tarantino

Guion: Quentin Tarantino

Reparto: Leonardo DiCaprio, Brad Pitt, Margot Robbie, Al Pacino, Timothy Olyphant, Tim Roth, Bruce Dern, Kurt Russell, Michael Madsen, Zoe Bell, Damian Lewis.

Sinopsis: Hollywood, finales de los años 60, cuando la industria empezaba a olvidarse de los pilares clásicos. La estrella de un western televisivo, Rick Dalton intenta amoldarse a estos cambios al mismo tiempo que su doble. Sin embargo, la vida de Dalton parece que está ligada a sus raíces de Hollywood, puesto que es vecino de la actriz y modelo Sharon Tate, que acaba siendo víctima de la familia Manson en la matanza de agosto de 1969.

Nota: 8.3

Comentario Crítico:

Tarantino o el fragor del celuloide convertido en batalla personal. No se entiende su cine sin esa contienda, más que bélica, que mantiene, desde el inicio de su  trayectoria, con el compromiso de su educación cinéfila, fagocitadora, definitoria y siempre explícita. El autor de PULP FICTION ha modelado su genuinidad reivindicando la vindicación y la reverencia hacia sus gustos personales, haciendo de ello un sustrato transversal, reconocible y fructuoso, del que se ha valido para puntuar de nostalgia y guiños cada uno de los productos en los que ha decidido embarcarse desde los tiempos de la inaugural RESERVOIR DOGS. Pues bien, acaso para salir del evidente atolladero creativo en el que había caído con la decepcionante LOS ODIOSOS OCHO, el cineasta norteamericano, como nunca lo había hecho, da rienda suelta a esa fidelidad con el tributo y con la exigencia de ese hábito en su última producción, la magnífica ÉRASE UNA VEZ… EN HOLLYWOOD. Resulta muy gratificante la experiencia de un autor consagrado tratando de solucionar una evidente crisis productiva mediante este humilde replegarse al núcleo germinal de su particular y específico borbotón de asombrosa singularidad.

En ÉRASE UNA VEZ… EN HOLLYWOOD, por lo tanto, el homenaje al mundo de cine no puede ser más frontal. Tarantino da su propia versión de la Meca del Cine. Lo que ocurre, y aquí se asoma ya una de las principales virtudes de la cinta, es que, lejos de adentrarse en los años dorados de la industria norteamericana o de imbricar para ello el punto de vista de alguno de las innumerables insignias del estrellato, del glamour o del olimpo autoral hollywoodiense, como no podía ser de otra forma, Tarantino elige los márgenes menos ejemplares de esa epicentro del Séptimo Arte (el cine heredero de los años 50, facturado hasta el principio de los setenta) y nos da de bruces, claro está,  con la serie B y la serie Z, con el saldo de las productoras, con los rescoldos alimenticios, de relleno, de una industria del cine que estaba dando muestras de un oneroso deterioro tanto artístico como mercantil en definitiva, y esto es lo importante, con el magma cinematográfico desde el que el ha sabido saciar su abigarrada voracidad cinéfila. Tarantino bebe, mama y se construye realizativamente como un heredero de toda ese corpus tan denostado, al que la historia del cine, muchas veces, sólo le ha cedido el hueco del oprobio y el ninguneo.

El film desarrolla dos líneas paralelas que, poco a poco, por un lado irán ramificándose y, por otro, encaminándose a confluir. La más importante es la que involucra a dos personajes, digámoslo ya, memorables. Un famoso actor televisivo que trata denodadamente de meter su cabeza en una producción de altura en Hollywood (Rick Dalton) y su doble para las escenas de acción, además de mejor amigo suyo en la vida cotidiana (Clift Booth). El seguimiento a los esfuerzos y penurias profesionales del primero será el núcleo narrativo desarrollado. La segunda línea argumental atiende a la observación de un personaje real, al que la historia creada para la ocasión sitúa en calidad de vecina de la casa de Rick. Se trata de la malograda Sharon Tate.

La armonización de los dos ejes relatores irá revelando una suculenta versión sobre el mundo del cine de la época. En concreto, una muy tarantiniana versión de ese preciso marco artístico/temporal. El autor de MALDITOS BASTARDOS se pone las botas arrollando con el despliegue de citas, filias, pasiones y nostalgias que han pesado sobre él, imbricados con insolencia (descacharrante el momento Bruce Lee), conocimiento de causa (magistral y sorpresiva alusión al western europeo, siendo citado nuestro Joaquín Romero Marchent) pertinencia (todos ellos abundan en el desarrollo de los personajes protagonistas) y admirable implicación añorativa. Más que nunca, nos hallamos frente a un Tarantino que adora a sus personajes. Quizás, por ello, la película defraude a quienes esperen muchas muestras de la archisabida, irreverente crueldad mostrativa a las que nos tienen acostumbrados los no pocos arrebatos de virulencia estallada, marca de la casa. Aunque, por el contrario, uno no puede evitar mencionarlo, la secuencia final del film contenga la mejor concatenación de violencias pugnativas que el de Tennesseeha rodado jamás.

ÉRASE UNA VEZ… HOLLYWOOD, por lo tanto, se constituye como una preclara declaración de amor al cine, en tanto que arma artista capacitada para la ensoñación, la fabulación y el estallido de la fantasía personal. De ahí, que, tal y como sucedió en MALDITOS BASTARDOS, Tarantino vuelva a deslumbrarnos proponiéndonos un viraje de guión que supera, para gusto de quien esto escribe, al adjudicado al designio de la figura de Adolf Hitler en aquella. El dice, proclama el director, es la mentira que más nos gusta que nos cuente mentiras, por eso es la facultad artística más indicada para darle vida en imágenes a aquello que nos hubiera gustado que fuera verdad. Obra serena, sensible, muy documentada, llena de detalles que mueven a la más sana de las complicidades, colmada de pura y brillante tarantinidad, liderada de modo sobresaliente por dos actores en estado de compenetrada gracia, ÉRASE UNA VEZ… HOLLYWOOD cabalga bregadamente a lomos de una contagiosa fiebre cinéfila.