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Sección: OFICIAL

Nota: 0

Disparate absoluto. No hay forma de asimilar la tamaña atrocidad genérica de esta incalificable tentativa de western fronterizo australiano perpetrado por Warwick Thornton. WOLFRAM, da la impresión, apuesta toda su hipotética coartada germinal a la suma de teóricos elementos histórico-sociables para justificar un material escrito para la ocasión a todas luces ínfimo.

Australia, finales de los años treinta. La acción del film se instala en la frontera colonial del país en pleno furor decadente de la búsqueda del wolframio y del oro. Un universo sin ley en el que maleantes, usureros y explotadores conviven intentando saciar una codicia degrante y violenta. La trama del film se centra en los rocambolescos intentos de supervivencia que dos niños deben superar tratando de encontrar a su madre.

El destarifo principal del film es el nulo esfuerzo emprendido por el realizador para, escenográficamente, tratar de extraer algo de credibilidad y coherencia a un guíon que es una culata, un desperdicio de cantera y un canguro-western. El planteamiento de convocar el sagrado canon del western aportando como presunta novedad la amalgama de etnias, nacionalidades, poblaciones emigrantes y raleas de producto interior blanco y bruto no pasa de exotismo caprichoso. La apropiación que se hace de esa mixtura tiene enjundia de deshecho de carnaval.

La encrucijada de bochornos casuales y demencias perseguida, claro está, hace culata profunda con la caracterización de los personajes. El catálogo de planicies es de duelo con pistolas de agua. Un maniqueísmo que se diría pólvora mojada con imposibilidad de secador milagroso engendra, por Un lado, buenísimo con flor siempre en el culo y, por otro, malvados de patética estupidez sin afeitar. Aquí todo se arregla con mucha mosca. Millones de mosca por plano. Hay películas que huelen a lo que son. 

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