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 Aprobado justo en su primera edición.

 

Montar un festival es un proyecto en el que se ha vuelto a demostrar, que no es tan fácil como parece. Pequeños y grandes detalles son los que marcan la diferencia.

 En el puerto de Sagunto hemos vivido un sí pero no propio de una primera edición, una organización correcta pero siempre a contracorriente y con muchos detalles por pulir -Si no quieren que en su segunda edición para 2016 sea la última-

Cuesta empezar a desarrollar todo lo vivido sin parecer que ha sido horrible, pero a la hora de hacer balance creemos que es mejor comenzar haciendo un repaso a las cosas que se deben mejorar si de verdad quieren lograr resultados óptimos.

El festival lo han vendido con el pretexto de un lugar idílico junto a los Altos Hornos del Puerto de Sagunto (que lo es, pero creemos que no para un festival) donde disfrutaríamos de diseño, música y teatro, pero salvo en la música y diseño, el resto de aspectos han sido inexistentes, demasiado ambiciosos. 

Una de las cosas que quizá ha sido de las más molestas, es que el suelo era de gravilla y arena. Cada vez que te descalzabas era cómo estar en el desierto del Sáhara con las dunas que podías formar. En general, no habían zonas verdes ni áreas de descanso. Esto daba lugar a que la entrada del recinto y las zonas aledañas se llenase de gente buscando reposar y las aceras estuviesen llenas de gente haciendo botellón. 

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Otro aspecto muy notable del que este sí, todo el mundo se quejó, fue del frío que todos hemos pasado. El mal tiempo es algo que no te puedas esperar en Mayo o Junio, pero en Abril es demasiado pronto y arriesgado para montar algo así al lado del mar.

Nadie tiene el control sobre el clima y no queremos que se interprete así, pero si se hubiese celebrado en las naves cómo en un principio se dijo, este problema podría haberse visto solventado.

Dentro del recinto, otro de los temas a destacar fue el escaso número de baños (típica movida festivalera) que había, sobre todo para hombres, donde por primera vez habían más cola en un baño de hombres que de mujeres. Siguiendo aquí con la lista de pequeños fallos, añadimos la falta de merchandising tanto de grupos, cómo del festival y la poca consideración que se ha tenido ante las artes escénicas que han logrado pasar desapercibidas por gran parte del público.

La poca afluencia de personal en casi todos los conciertos y en general, fue la tónica de este festival, tan poco concurrido que a veces resultaba un tanto desolador.

Después de contar y decir todo lo que no nos ha gustado (siempre con ánimo de contar lo que vimos y no de destruir), ahora toca hablar bien de un evento con muchas posibilidades. Cada día hemos podido ver una media de siete conciertos enteros y poder disfrutar de la música gracias a la falta de solapes.

En el ámbito musical, hemos vivido dos jornadas buenas y una muy buena. El Sábado fue excelente pero ya profundizaremos en otro artículo. Viernes y  Domingo pudimos disfrutar de grandes momentos y conciertos. No queremos pasar por alto la cerveza Turia Marzën, que con su increíble sabor tostado acompañaba muy bien a la comida que ofrecían los Food Trucks en la zona de restauración.

El Viernes arrancamos con la banda de Xátiva Siberian Wolves, que promete dar mucho que hablar los próximos meses. Un grunge contundente que sorprendió a todos. Más tarde, mientras esperábamos la siguiente actuación, nos enteramos que Yuksek se caía del cartel, un handicap para el público que esperaba jarana para las últimas horas del festi.

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El otro gran artista internacional de la noche eran The Pains of Being pure of heart, los americanos dieron un concierto correcto, pero lejos de lo que se puede esperar de ellos, su cambio de rumbo hacia sonidos más poperos y brillantes en vez de esos sucios riffs de guitarra ahogando las voces no les ha favorecido demasido, a pesar de la colección de hits que tienen. 

Después de los de Brooklyn tocaba lo mejor de la noche; cuatro conciertos seguidos de fiesta que animaron el frío Viernes que hasta el momento había sido algo raro. Mujeres, Los Punsetes, Ellos y Perro.

Mujeres son sinónimo de fiesta. Los de Barcelona pese a haber recorrido toda España en coche en un sólo día , lograron dar el mejor concierto del escenario Deleste. Todo unos cracks, la única pega el poco tiempo que tuvieron, tan sólo cuarenta miutos para esta gran banda donde no faltaron temazos como “Aquellos Ojos” o “Blood Meridian.”

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Siguiendo por la fiesta nacional era turno de los Punsetes. Tras hacer uno de los mejores discos de 2014, teníamos ganas de ver qué tal estaba su directo con los nuevos temas de LPIV. Si sus conciertos estaban ya llenos de himnos ahora ya tienen un repertorio suficiente para hacer un greatest hits (Me gusta que me Pegues, Dos Policias, Tus Amigos, Opinión de Mierda) aunque como siempre la figura impasible de Ariadna Encima del escenario nos desconcierta y nos da un poco de bajona pero se ha convertido en la imagen de marca del grupo. 

En medio de todo esto vino un concierto desconcertante para muchos y una gran fiesta para otros. Ellos que sonaron muy bien, limpios y nítidos, con altas dosis de fiesta, pero para parte del público ya no son lo que eran, creyendo que era una banda que pegaba poco en el festival. Nosotros disfrutamos de Guille Mostaza y Cia bailando cómo si tuviésemos quince años, y es que son ya más una banda de una genereción más adulta. 

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El último concierto de la noche fue el de los murcianicos Perro, que dieron el mejor concierto de la jornada. Teníamos ganas de que siguiera la fiesta y Perro son muy buenos en eso. Si a ello le añadimos que tienen grandes temazos, el conciertazo estaba asegurado. La reina de Inglaterra y el gran Pogo final en Marlotina animaron una jornada que había sido algo irregular.

Para acabar del todo, Blutaski estuvo poniendo hits y animando al poco público que quedaba en el festival.

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