Veremos si ésta es, por fin, la vencida. Emprender la tarea de redactar la  primera crónica sobre el Festival de les Arts de Valencia sin expresar el agradecimiento a quienes lo han pergeñado resultaría un acto de suma deslealtad. La ingente cantidad de buenos aficionados a este tipo de convocatorias que vive en la capital del Turia y sus alrededores viene reclamando desde hace mucho tiempo que, en ella, se asiente definitivamente una cita de este calado. Desde ese punto de vista, los organizadores se ha asegurado un tanto de arrolladora contundencia: a nadie se le puede pasar por alto el subyugante emplazamiento que depara la tan controvertida como imponente  Ciudad de las Artes y las Ciencias diseñada por Santiago Calatrava.

Wavepicturesportadafestival De Las Arts

Ese blanco cúmulo de arquitectura curvilínea, acuática, ondulada y resquebrajada impone un espacio único, asombroso, accesible, vasto y reconfortante a la vista, que, afortunadamente, los encargados de coger las riendas del festival han sabido aprovechar de modo rotundo y apurado. Tres escenarios emplazados de magnífica forma dan cabida a la programación prevista. El recinto cumple escrupulosamente las máximas requeridas para que los asistentes puedan disfrutar, al mismo tiempo, de estar merodeando por el corazón de tan singular marco espacial y de convertirse en oyentes cómodos del concierto esperado. Los espacios libres, de descanso, los servicios públicos, así como una estupenda oferta culinaria en la que se han dado cita alguno de los buques insigne de la cocina informal valenciana ponen el colofón a un, insistimos, placentero paraje festivalero.

En lo que a la oferta musical se refiere, pese a que la abundancia de indie español se va a constituir como el auténtico núcleo programativo, quien esto escribe inició su particular andadura asistiendo a escuchar a los británicos Everything Everything. Sensacionales. Superaron con creces las expectativas depositadas en ellos, pese a que la reacción de los asistentes fuera, quizás, algo tibia al principio. Con una apuesta en escena marcada por un vestuario minimalmente futurista, y, como no, por la singular voz de su formidable solista, los de Manchester  dieron buena muestra de su versatilidad estilística, brindando una profesionalísima exhibición de sano eclecticismo musical. Con pocas concesiones a la galería, transitando con fluidez formatos bien disímiles entre sí,  demostraron una cuajada contundencia arriba de un escenario en el que desgranaron temas de su esperado último cd, GET TO HEAVEN, (las potentes REGRET y DISTANT PAST destacaron sobremanera) y de sus dos trabajos anteriores.

Second, por su parte, con un numeroso público congregado a su alrededor, intentaron confirmar que siguen siendo una de las apuestas más notables que posee el panorama musical patrio. Quizás la profundidad de lo escuchado anteriormente a Everything Everything no les benefició en absoluto, pues quedaron en evidencia las limitaciones de su propuesta. La comparativa, por ejemplo, entre de los matices aportados por Sean Frutos palidecía sensiblemente a lo ofrecido por el británico Jonathan Higgs. Aun así, los de Murcia convencieron ampliamente a la mucha parroquia que jaleaba sus temas.

Mientras la multitud en masa acudía a rendirse a Supersubmarina, intuimos que los puestos de comida del Foodies Market, con colas de espera enormes desde que llegamos, habrían visto mermada esta terrible contrariedad para nuestro reclamador, sufriente, angustiado apetito. Acertamos en nuestras previsiones. Así que mientras Supersubmarina arrasaba a trescientos metros, nosotros no es que despreciásemos esa aclamada rendición general, sino que, vacíos del alimento suficiente para atender como merecía el multitudinario reclamo, preferimos hacer justicia a la insaciabilidad del organismo, que no era tan multitudinario, pero sí estaba más hambriento. Cayeron un hot dog de Jauja, de longaniza casera con pepinillo, mostaza y cebolla crujiente dentro de barrita de pan de horno, unas patatas fritas de Onion con salsa de mostaza y miel y, finalmente, en el furgoneto de Dulce de Leche, un mil hojas de ídem. Bigott podía empezar…Bigott Festival De Las Arts

Y, por desgracia, empezó, pero con muchos problemas con el sonido (“estoy petada por algún sitio, pero no sé dónde” llegó a exclamar la acompañante del maño). El arranque del músico zaragozano fue, en ese sentido, lastimoso, pues la exquisita sensibilidad del elegante pop intimista concretado en su último álbum vio muy mermada su sinuosa potencialidad. Solventados los desajustes técnicos, cabe reconocer que vimos a un Bigott acaso excesivamente envarado durante la primera parte del concierto. Sin embargo, el rigor desprejuiciado al que estamos acostumbrados fue emergiendo poco a poco hasta lograr el convencimiento pleno, pese a que, dados los problemas expuestos, nos quedamos con ganas de bastante más.

Todo lo contrario ocurrió con The Wave Pictures, que tardaron poquitos segundos y algunas latas de cerveza en exhibir los apabullantes modales de su siempre entusiasta, sincero, reconocible y agradecido directo.  Como era de esperar, el fuerte de su actuación fue la presentación de su decimotercer álbum, aunque los temas más jaleados por el respetable fuesen los escuchados con anterioridad en sus muchas visitas a la ciudad. Siguen siendo una baza segura: la facilidad con la que imponen su auténtica forma de ejecutar los directos como si estuvieran tocando en su local de ensayos por puro disfrute es toda una garantía de entusiasmo, honestidad y pureza musical sin aspavientos ni estridencias.Thesounds Festival De Las Arts

Tras ellos, el fiascazo total. The Sounds vinieron a confirmar muy pronto que nadie entendía qué hacían pretendiendo ser el digno colofón a un evento de semejante magnitud. Las veinte mil personas que había allí no merecían semejante derroche de sueca comercialidad trasnochada, disfrazada de new ave para Nokias y post punk más domesticado que los huesos incinerados  de Currupipi. Para colmo de males Maja Iversson trataba de encandilar al personal y su torridez de ikea, más que frescura incandescente, lo que parecía eran modales timoratos de Bárbara Rey tratando de entrar en trance con los leones de Ángel Cristo dentro de la jaula.

Nos fuimos de allí contrariados por la guinda, pero satisfechos por la acogida del público a la apuesta de los gestadores del festival, por el éxito irreprochable de la organización, por el contento de confirmar que el lugar escogido se había revelado como acertadísimo y exultantemente idóneo y, claro está, por la promesa del cartel del día siguiente… Delorean, Lori Meyers, Nueva Vulcano, Annie B. Sweet y otros etcéteras. Y más cosicas del Foodies Merkat…

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