Por fortuna, tardamos  bien poco en recuperarnos del estoque en la femoral que supuso el cierre de The Sounds la noche anterior. Jero Romero se encargó de hacer olvidar la morrocotuda decepción que supusieron los suecos. Y eso que el castellanomanchego se las tuvo que ver con el que, sin duda, ha sido el enemigo público número uno del evento: la fatalidad de la hora del arranque.Les Arts 2015 Ambiente

A todas luces, el horario propuesto los dos días ha sufrido la previsible circunstancia térmica consecuente a empezar tan pronto. Junio, Valencia y 15:00 de la tarde se antojan factores de difícil idoneidad concertera: el calor puede llegar a ser inclemente,  y tanto viernes como sábado se ha comportado con toda la saña posible. Desde luego, el más reseñable (único, quizás) pero que se le puede poner a la organización es la condena a la falta de entusiasmo público provocada por la justicia del sol bajante a la que quedan abocados los encargados de lidiar con tan letales condiciones de espacio y temperatura.

De ahí que el mérito de Jero Romero fuese mayor. El exlíder de The Sunday Drivers se vació por completo en el escenario más importante del Festival de les Arts. Las letras de sus meditadas canciones sonaron con un atractivo plus de desgarro, fatalidad e inclemencia. El no muy numeroso público congregado en torno a su confesional liturgia se volcó con él, prestando la atención requerida por tan concentrado, férreo y emocionante recital. Lo dicho, Romero derrochó voluntad sabiendo de las dificultades del envite. Su generosidad y un brutal cierre final se vieron justamente recompensados con una merecida ovación.

A continuación nos dimos de bruces con la magnitud todopoderosa de una banda que cumple a la perfección con ese difícil imperativo que es el de la contundencia cuajada de eficacia y contenido. Nueva Vulcano llegaron a Valencia con la intención de desgranar con tanta nitidez como prontitud los temas de su último trabajo, Novelería, en el que vuelven a demostrar con temazos como “El Mirlo” que tienen pocos rivales en nuestro país, tanto en su estilo como en la forma tan genuina de ejercer su profesión. Ajenos a la más mínima tentación posturera, a cualquier concesión a la moda y a cualquier tributo mal asimilado, los barceloneses derrocharon implacable voracidad y sano clasicismo bregador. Rodeados de muchos fieles el concierto tuvo esa cercanía propia de los círculos cerrados más queridos.Festival Les .arts 2015 Nueva Vulcano

Completamente opuestos en sus postulados creativos, con todo, a  la música de Delorean le costó bien poco encontrar acomodo en una atención espectadora tan recién colmada de virtud musical por Nueva Vulcano. La ligereza electrónica que bordan en el escenario se adecuó perfectamente a la lección de rock underground oficiada por los catalanes. Pese a que quizás tocaron un poco más pronto de lo debido, se nota rápidamente lo curtidos que están los vascos ejecutando un directo tan aplicado como efectivo, al que no le cuesta nada inocularse en las ganas danzantes del respetable que desea escucharlos. Su saber hacer hizo que, por ejemplo, no decayera ni un ápice el espectáculo tras un parón obligado por un grave problema de amplificadores a mitad del concierto. Desde luego, su participación se encuentra entre las dos o tres mejores de todas las que pudimos escuchar. Elegancia tecnológica, dance fresquito y cultivado, en definitiva, electrónica de gusto muy alto, Delorean triunfaron en su cita valenciana.

Anni B. Sweet dejó patente una firme evolución artística en un concierto que unos graves problemas de sonidos en su arranque parecía ponérsele muy cuesta arriba. Su disgusto, incomodidad y mal rato quedaron patentes mediante la pública confesión de esa dura molestia. Sin embargo, solucionado el impedimento, haciendo frente, además, a la rémora de actuar a la misma hora de un importante partido de fútbol retransmitido no muy lejos de su escenario, la malacitana comenzó a demostrar que la posición de privilegio que dispone dentro del panorama indie nacional es muy, muy justa.

Impecable de voz, asombrosamente dúctil a estilos varios, la decisión de tocar temas de sus trabajos pretéritos junto a algunos de los del álbum más reciente en el mercado sirvió para certificar que nos hallamos frente a una artista muy cercana a alcanzar la cumbre de su trayectoria: la riqueza y los riesgos asumidos por un viraje creativo bastante inesperado van a dar mucho que hablar. No es ninguna novedad, pero el líder de Lori Meyers salió a acompañarla en uno de los temas.

El cúmulo de tanta notable intensidad hizo mucha mella en La Habitación Roja, por cuanto no supieron estar a la altura de la calidad musical que nos estaba deparando la tarde. Los valencianos, sabedores de la importancia de una cita de esta magnitud en su ciudad, intentaron imponer una espontaneidad que, por desgracia, llevan mucho tiempo sin hallar. Ni mucho menos se puede decir que defraudaran, pero la espera a Lori Meyers no contribuyó a que el interés por escucharlos fuera excesivo.Lori Meyers Valencia 2015

Y es que se mascaba en el ambiente  que el momento álgido del festival lo iba a deparar, en una hora perfecta, con más de veinte mil personas entregadas a su aparición, la salida al escenario principal de la soberbia banda granadina. Van a dar pocos conciertos esta temporada, por lo tanto, su cita en el Festival de les Arts se antojaba poco menos que cinta imprescindible. En ese sentido, los primeros en tener unas ganas terribles de aprovechar esa circunstancia fueron ellos mismos: se volcaron hasta la extenuación desgranando todos y cada uno de los temas que les han catapultado hasta la unánime consideración tanto de público como de crítica especializada que gozan. El enorme estanque vacío central del complejo arquitectónico sirvió de espacio en el que el público dio rienda suelta a la rendición más absoluta. Los de Loja apenas sí hicieron concesiones, tiraron poco de solicitudes cantoras colectivas y ejecutaron con solvente templanza intensiva una perfecta ceremonia de gratísimo reconocimiento. El festival había apostado por ellos para alcanzar el cénit. Huelga decir que atinó. De sobra.

Lamentablemente, tras los de Loja llegó el bochorno. Is Tropical hicieron el ridículo absoluto al tolerar que su ya de por si lánguida propuesta musical estuviera amenizada por los aspavientos inútiles, etílicos y tan provocadores como los urinarios vecinos de una joven ataviada con un vaquerito corto rajonero, que no sabía si estaba en Valencia de festivalazo o en la consulta de un dermatólogo para picores inconexos. Los escuchamos y los olvidamos rascándonos nosotros lo que nos apetecía rascar.

Por fortuna, el epílogo a nuestro itinerario por el evento se lo habíamos adjudicado a Toundra. Justo, obviamente, todo lo contrario a lo deparado por el deleznable trío londinense con fémina florero rebujito. La concentración, la sabiduría, la experiencia, las ganas, la entrega y el oscuro lirismo que depara la escucha de su personalísima singularidad instrumental se convirtieron en magnífico cierre de una cita musical que, sea como sea, debe volver a congregar a los miles de aficionados a este tipo de citas que la provincia de Valencia posee. El marco espacial es perfecto. Una programación no tan pendiente de los grupos nacionales, también lo sería. Modificaciones organizativas, en cambio, no hacen falta muchas, pues el éxito, en ese sentido, ha sido apabullante.

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