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Enrique Bunbury

Licenciado Cantinas

[Blanco Y Negro Music, S.A.; 2011]

7.5


El cantante aragonés se ha decidido en esta ocasión por hacer un homenaje en toda regla a la música de Latinoamérica (el disco es de versiones) no sabemos si se debe única y exclusivamente a que es lo que le apetecía hacer en estos momentos (conociéndolo, seguro que sí) o si también influye el factor deudor con nuestros países amigos que tanto le vienen dando a Bunbury en los últimos años (mucho más que en España, dicho sea de paso).

Como en cada disco, Bunbury vuelve a cambiar radicalmente de registro para presentar "Licenciado Cantinas", su séptimo disco en solitario, con la sensación de que se trata de un disco de transición hacia otro estilo que tengo la seguridad de que nos será más reconocible a todos los fans del ex Héroes. Da la impresión de que el nuevo trabajo está diseñado al milímetro, mucho más que cualquiera de sus anteriores, lo cual viene a demostrarnos el cariño y mimo que Bunbury le ha puesto a este nuevo disco en el cual llevaba trabajando 10 años. El mismo no se comprende si la escucha no es realizada desde la canción número 1 hasta la 15, como se hacía antiguamente, desafiando a los nuevos tiempos en que tomamos canciones sueltas. No por ello, lógicamente, pueden escucharse las canciones de manera individual, pero mi recomendación es escucharlo de principio a fin.

Al producirse un nuevo cambio de estilo musical, siempre dejará tantas muestras de admiración como fans descontentos. Después de que su anterior disco, "Las Consecuencias", no dejará satisfecho a casi nadie por lo "lento y sosegado" del mismo, todos esperábamos reencontrarnos con el Bunbury más rockero, más salvaje, con canciones que te levanten del sillón.... pero se queda a medio camino entre una y otra cosa. El disco, que recorre la historia del personaje Licenciado Cantinas" comienza con un exquisito prólogo "El mar, el cielo y tú" y nos lleva por una cantidad de canciones realmente bien escogidas e interpretadas como lo son "Chacarera de un Triste", "Ódiame", "El solitario", "Ánimas, que no amanezca" y "El día de mi suerte".

Que nadie espere a un Bunbury parecido al de los discos de "Radical Sonora", "Flamingos" o "El viaje a ninguna parte", sus más enérgicos y dinámicos. Pese a que el estilo sea completamente distinto a todos, se asimila más a momentos de "Pequeño" y en algún caso de "Hellville de Luxe", con una mezcla bien cuidada de tangos, rancheras, baladas, música andina, son y rock, pero con menor protagonismo de esas guitarras y sonidos eléctricos que tanto nos gustan a algunos.

En conclusión es que es un disco musicalmente impecable y bien interpretado, pero que se queda sin un colofón, sin un "Lady Blue", "Alicia", "Infinito" , "Anidando liendres" o "Hay muy poca gente" que haga que el disco perdure durante un largo tiempo y sea reconocible por algunas grandes canciones. Eso sí, con la seguridad de que Bunbury sigue siendo imprescindible para cualquier amante de la música y con la intuición de que pronto tendremos al Bunbury más rockero entre nosotros nuevamente.

Que tengan suertecita y que les vaya bien bonito.

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