Olive 2

Genial Frances McDormand en esta joyita de la HBO

Arriesgadísima apuesta para este otoño 2014 de la HBO, estamos seguros que OLIVE KITTERIDGE le va a reportar a esa impagable mina de mazazos televisivos no pocas gratificaciones: el mimo, la precisión, la densidad y el acorralamiento dramáticos con el que está pergeñada merecen la máxima de las atenciones por parte del público, de los medios especializados y de los eventos encargados de imponer laureles.

Basada en la novela homónima ganadora del premio Pulitzer 2009, escrita por Elizabeth Strout, el proyecto tiene un auténtica “alma mater” de incuestionable categoría. Nada más y nada menos que la voluntad de la gran Frances McDormand ha sido el auténtico motor de confección de esta miniserie. Fue ella la que nada más leer el texto original se dirigió personalmente a la autora para solicitarle los derechos, la que tras lograrlos se impuso convencer a los responsables de contenidos de la HBO y quien se ha encargado de la elección de la guionista (Jane Anderson), la directora (Lisa Cholodenko, directora de films como HIGH ART o LOS CHICOS ESTÁN BIEN) y del resto del reparto (Richard Jenkins, principalmente, y en papeles más secundarios Bill Murray, Peter Mulan, Rosemarie DeWitt y la cantante Martha Wainwright) toda vez que, obviamente, se reservara para sí misma el rol protagonista.

La serie arranca con una escena de fuerte calado dramático, puesto que visualizamos los pasos cansados, abatidos de una mujer canosa, aún no anciana, que camina por un bosque, que se detiene en un determinado momento, se arrodilla en tierra, y mira a su alrededor mientras va desenvolviendo un trapo dentro del que descubrimos un revolver. Justo en el momento en el que se asegura que dentro de él hay una bala,  el hilo narrativo da un brusco salto hacia atrás para trasladar la acción del film muchos años antes. OLIVE KITERIDGE narra la existencia de esa mujer, sus años de matrimonio junto a un marido completamente entregado a ella, pero que no la hará nunca completamente feliz, los problemas con su único hijo, sus modos como profesora de instituto, su relación con los vecinos del pequeño pueblo costero de Nueva Inglaterra en el que viven y otros pequeños flecos narrativos, que, siempre exquisitamente imbricados, irán desvelando el verdadero objetivo de la historia: trazar el retrato severo, incondicional, inmisericorde y adustamente humano de Olive, esa mujer con revolver desde la que se emplazan la mayoría de los acontecimientos expuestos.

La radiografía emprendida por la guionista brindando un perfil frágilmente devastador y hurgativamente minucioso sobre ella, por la directora definiendo una eficaz puesta en escena encargada de no cargar en exceso el contundente bagaje dramático sobre el que bascula tanto la relación de los personajes principales con la protagonista como la inflexible mirada con la que ésta los observa y atiende, y, fundamentalmente, por el inconmensurable trabajo interpretativo de Frances Mcdormand (dejémoslo ya claro,  va a arrasar en todas las recogidas interpretativas a la labor de actriz televisiva principal) es ácidamente compleja.olive-4

La protagonista de FARGO, sin inmutarse, amarrando con sorna, paciencia, altivez y desprecio la complejísima personalidad de esta arpía brillante, inmisericorde, reprimida, trabajadora, perspicaz, siempre consciente de su envenenada insatisfacción, logra, sin duda, una de las cumbres de su impecable trayectoria interpretativa. Imponiendo siempre una concisa economía de registros, la actriz sabe estar a la altura de desábrida amargura que escupe a cada momento esta inolvidable dura sañuda. Su duelo con el gran Richard Jenkins (perfecto en la incorporación del ser pusilánime, cortés, cobarde y amador, que es Henry Kitteridge, el paciente esposo farmacéutico de Olive) es simplemente antológico. Juntos componen una sigilosa historia de dos personajes condenados a soportar sus respectivas conductas, sus aplazadas intentonas por fugarse del otro, las mansedumbres obligadas por la grisura existencial compartida, en definitiva, la condena de saberse juntos sin posibilidad de trastocar la ley de la rutina reiterada hasta en las ilusiones del alma. Una pequeña gran serie, solucionada con humor, ternura, crueldad, acidez y desolación a procelosas partes iguales.

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