Munchausen Portada

Realidad o fantasía, Münchhausen es eso y mucho más, una obra de Lucía Vilanova. y dirigida por Salva Bolta.

Münchhausen, nos cuenta la  historia de Nick, un niño con una extraña enfermedad sin cura, que al nacer, perdió a su hermano gemelo, teóricamente más sano y fuerte y que se le aparece durante toda la obra, a través de un espejo, haciéndole vivir entre la realidad y la fantasía. Nick quiere encontrar el amor en su familia, pero está búsqueda resulta frustrada en cada uno de sus intentos. 

Cuéntame un cuento o algo, esa es la frase con la que  Nick insta a todos para que intenten darle un soplo de felicidad a su vida pero lo que recibe a cambio son cuentos, a veces inventados, a veces reales, pero en cualquier caso cuentos dolorosos, trágicos y macabros, por parte  de sus familiares. 

La madre, una mujer protectora que vive por y para Nick pero que a la vez se siente desatendida y olvidada por su marido y odiada por su propia hija. El padre, un investigador del mundo de la medicina absorbido por su trabajo y que no dedica el más mínimo instante a su familia. La abuela, una señora cínica que se ríe de todos a cada instante y que tiene un punto de locura senil. La hermana, Sofía, con un carácter forjado en el desamor y el odio entre sus padres, con el que ha crecido y hace que se transforme en un ser oscuro y opuesto al mundo. Por último, Estrella, la criada, punto de fuga dónde todos los personajes se desahogan, consiguiendo que se haga partícipe de sus locuras. 

En este entorno familiar, que se asemeja más una caja de monstruos,  se crean una serie de cuadros cotidianos con un trasfondo dramático, salpicado de momentos de humor e ironía que suavizan la tensión, que desemboca en un final inesperado que sacia el creciente interés del espectador a lo largo del desarrollo de la pieza. 

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Desde el monólogo inicial, poderoso, crudo y casi esperpéntico, de la Madre (Carmen Conesa), el silencio y el frío se adueña de la pequeña sala Francisco Nieva, y te das cuenta de que lo que te espera no es una obra de teatro al uso. 

Bolta consigue mediante un juego continuo con dos telones, alemán y griego (vertical y horizontal en dos partes), centrar la atención del espectador a su antojo en las distintas escenas familiares  que aparecen, obteniendo así, una obra muy dinámica pero algo ruidosa en los cambios de escena. Este escenario recortado es un reflejo de los personajes, es decir, nunca vemos todo el escenario, siempre hay algo escondido, algo que no podemos ver, al igual que los personajes siempre nos esconden algo. Solamente al final, cuando toda la trama se resuelve es cuando vemos todo el escenario completo. 

Por otro lado, el trabajo escenográfico de Paco Azorín me resultó tremendamente original, creando un reflejo invertido de la escena en el techo, tomando  la idea del espejo dónde Nick ve aparecer a su hermano muerto, reforzando sus intervenciones, siempre sobre una pasarela elevada, en su otra “realidad”, en su opuesto.La iluminación, creada por Luis Perdiguero, es muy fría  durante todo el espectáculo, acompañando los sentimientos de los personajes, aunque en ocasiones resulta algo cargante por el brillo excesivo sobre los materiales ( bl

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ancos y lacados) utilizados para la escenografía. 

Del elenco de actores, ni que decir tiene que la mayor sorpresa para mí, a priori mi mayor miedo, fue la gran actuación de David Castillo, hasta ahora encasillado en el papel de Jonathan en la serie Aída, que demuestra tener tablas suficientes en el teatro, interpretando el papel de Nick con una soltura y una intensidad notables. También hay destacar los papeles de Carmen Conesa y Adolfo Fernández, que encarnan a los padres de Nick, dos actores veteranos sobre los escenarios nacionales que dan la crudeza y la frialdad que sus personajes  requieren. Y por último, mencionar el papel de la abuela, interpretado por Teresa Lozano, que es el contrapunto de la obra, la pizca de humor en un ambiente lleno de tristeza.

Münchhausen es, en definitiva, un relato trágico, basado en parte en el síndrome del mismo nombre y que nos recuerda las aventuras que narraba el barón de Münchhausen. Podemos apreciar como todos los personajes  vuelan en balas de cañón por sus sueños, hasta que caen y se enfrentan a la realidad que les une.

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