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Sección: OFICIAL

Nota: 0

Entre las peores catástrofes que pudiere ocurrirle a la programación de un certamen cinematográfico sería la de comprarle a Karim Aïnouz el capricho de meterse a sosías de Yorgos Lánthimos. La Berlínale ha cometido esa temeridad. El resultado bascula entre el timo de guardia y el juzgado de la estampita. ROSEBUSH RUNNING es una broma con el gusto interruptísimo.

Caprichosa, descarriada y flácida, la película trata de hacerle un seguimiento de interior a una adinerada familia de norteamericanos afincados en la costa catalana que aún no ha sabido encajar la defunción de la matriarca. Su viudo, ciego él, y sus cuatro hijos, más estúpidos que videntes todos ellos, van a presentir un resquebrajamiento del enfermizo núcleo familiar cuando el hermano mayor anuncia que desea abandonar la casa, porque ha entablado una seria relación afectiva con una estudiante de guitarra. La insana madeja de interdepencias fraternales orquestadas por el capricho viciado y despótico del padre comenzará a supurar los riesgos inherentes al turbio consentimiento instalado en el hogar.

La película parece querer postularse como radiografía estilizada y viciosa de las inercias secretamente insanas engendradas en todo núcleo familiar. Como siempre en el realizador argelino-brasileño, la intención no pasa de excusa para emplearse a fondo en un vacuo ejercicio de fotogenia superficial. El autor de PRAIA DO FUTURO vuelve a incidir en ese protocolo ampulosamente epidérmico y evitador de ahondamientos sobre el que ha logrado un reconocimiento internacional a todas luces incomprensible.

Para colmo de males ROSEBUSH PRUNING corre de forma descarada a proclamarse alumna del universo enclaustrador, perverso y amortiguado del mentado autor de CANINO. El resultado es pura eyaculación impotente. La película se quiere provocación de clase alta y no supera la condición de patetismo de spot guarrete. Masturbaciones al papi, deditos untados en menstruación, aspiraciones nasales sobre calcetín con semen, lobos comiendo recental, sodomía de revista HOLA, vicio de diseño, depravación Tamara Preysler. Un espanto Gomorra sin Sodoma. Huir. Para verla con condones de Dior en gafas de farmacia. 

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