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Dirección: Maggie Gyllenhaal

Nota: 2

Grotesca revisitación de la incuestionable joya del fantástico cinematográfico dirigida por James Whale en 1935, LA NOVIA de Maggie Gyllenhaal fracasa estrepitosamente en su atractiva intentona debido a la superficial, errada concepción con la que asume su tarea de proclamarse puesta al día de un referente eximio.

Sorprende sobremanera el tono exacerbado, cacareador, excesivo, con el que Maggie Gyllenhaal acomete su postulación. Tanto por la diametral desemejanza con respecto a la cáustica poética impuesta por Whale en LA NOVIA DE FRANKENSTEIN, como por delicadeza intimista con la que estaba resuelto su debut, THE LOST DAUGHTER. Su segundo largometraje fenece por todo lo contrario, esto es, por la aparatosidad con la que plantea la visceralidad como  retórica innegociable, como temperatura imposible de ser bajada de la máxima abrasión.

El film comienza convocando a la mismísima Mary Shelley. Su rostro entre sombras, fantasmagórico, proclama que la muerte le arrebató la oportunidad de contar una posible continuación al final ya escrito en su legendaria novela. La necesidad de dar rienda suelta a esa ansiedad la lleva a apropiarse de la voluntad de Ida, una joven que disfruta de una velada en un club privado de Chicago entre conocidos. Ida será poseída por un espíritu que comenzará a hacerla hablar mediante un vocabulario torrencial, provocador, culto. Su comportamiento paraliza el local. Un capo mafioso que se encuentra allí comienza a sentirse molesto. Un par de esbirros suyos la matan tirándola por una escalera. En su cuerpo, un desesperado Frankenstein, ayudado por una científica a la que ha acudido a pedir ayuda, hallará la oportunidad de conseguir una ansiada pareja. Ida resucita sin recordar su vida pasada. Su periplo vital junto al monstruo nada tarda en verse asediado por la incomprensión y el zaherimiento de alrededor.

Tal y como puede deducirse de esta sinopsis, la versión de Gyllenhaal propone un drástico cambio espacio/temporal con respecto al modelo al que, con todo derecho, trata de enunciar una revisitación . La decimonónica prontitud gótica, respetuosísima con el final del relato de 1918 de Shelley, propuesta por Whale en su secuela de EL DOCTOR FRANKENSTEIN da paso aquí al reconocible ambiente cosmopolita, criminal, desenfrenado del Chicago de los años treinta. Acaso una de las rémoras que no saben ser solventadas en ningún momento sea la de la nula profundidad con la que está traslación queda emplazada.    El material escrito no hace esfuerzo alguno por justificar semejante desplazamiento. Todo se antoja puramente estético. La historia planteada no se inmiscuye con autenticidad, fluidez y exigencia en esa novedosa encrucijada ambiental. De ahí que muy pronto emerja esa irritante tropelía de verosimilitud que es la arbitrariedad descomedida.

Por supuesto que el exceso puede ser esgrimido como dispositivo tonal de un film. Lo que le ocurre a LA NOVIA es que la realizadora confunde exceso con capricho, torrencialidad con atropello colérico, ejemplificados ambos en la vacuidad escandalizante, transgresora y descarriada con la que se despacha al personaje principal. La ausencia de sutilidad, la extenuante ampulosidad con la que está perfilada Ida, hace que todas las proclamas contemporaneizantes que se le adjuntan (empoderamiento, conciencia de maltrato, voluntad no sometida, exhortación a un alzamiento femenino) luzcan más como ornamento anacrónico y veleidoso que como facultad escrutada con fiera pertinencia.

A fuerza de pretender un distanciamiento total con respecto a su convocado precedente, LA NOVIA podría haberse ahorrado la indicación. De hecho, casi se diría que termina postulándose como remake musical, teatralizante y pseudomonstruoso del BONNIE AND CLYDE de Arthur Penn. Sin embargo, comparar el electrizante, apasionado, criminal ímpetu trágico con el que el autor de LA JAURÍA HUMANA sutura a el citado film de 1967 con este feo festival del aspaviento, la extravagancia, el despilfarro y la complacencia hecha descaro sangriento con Betadine resultaría insulto gastado en la peor ocasión. 

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