Miyamoto Premio Principe Asturias Nosologeeks

El pasado viernes se entregaron los reputados premios Príncipe de Asturias, entre los que se encontraba un tal Shigeru Miyamoto, un tipejo japonés muy simpático que obtuvo el premio de comunicación y humanidades.

 Yo personalmente le hubiese otorgado el de arte, pero bueno, “aceptamos barco como animal acuático”. Esto, que en un principio pudiera tratarse de un éxito personal debemos verlo desde otra óptica, no solo gana él, ganamos todos. Esto conlleva un reconocimiento a nivel global del mundo de los videojuegos nunca antes visto en nuestro país. Esto le confiere un protagonismo y una notoriedad que ni las ventas, los premios patrios, las convenciones y la propia creación de una academia de los videojuegos habían conseguido antes. Aunque no está de más recordar que gracias a la cabezonería y persistencia de ésta última, la academia española de de artes y ciencias interactivas, se ha conseguido este logro, que ya lo había propuesto los dos años anteriores.

Y vosotros diréis, y quién es este buen hombre, y mejor aún, qué ha hecho para conseguir este premio. Pues entre otras lindezas, este diseñador de videojuegos de Nintendo es el creador de personajes video lúdicos como Mario o Zelda. ¿Qué, ya os va sonando la cosa?

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Si me pongo a hablaros de de este señor os podría contar que entró en las filas de Nintendo en 1977 como diseñador industrial gracias al enchufe de su padre, que conocía al mandamás de la compañía de Kioto por aquel entonces, Hiroshi Yamauchi. Os podría decir que su trabajo comenzó como ilustrador de máquinas arcades y diseñador de juguetes, pero pronto se dedicó a desarrollar videojuegos. No sé, podría contaros muchas más cosas, pero para eso tenéis la Wikipedia, que os ilustrará mejor que ello en estos menesteres. Yo prefiero detenerme a modo de análisis en los cinco grandes puntos que han llevado a este hombre a ser lo que es hoy, el padre de los videojuegos modernos y una de las personalidades más influyentes de la cultura pop, tal y como la conocemos hoy.

Punto 1. Donkey Kong. Este arcade que apareció en 1981, se convirtió en un gran éxito en los salones recreativos americanos, y vino a tapar el agujero comercial que había supuesto el fracaso de Radar Scope, otro arcade. Además colocó a Miyamoto en el mapa de Nintendo, gracias a este triunfo tomó gran notoriedad y libertad para desarrollar su ingenio dentro de la compañía nipona. Como curiosidad, siempre me quedaré con el relato de los programadores del juego, que siempre tenían que pararle los pies al amigo Shigeru ante la imposibilidad técnica de la época, que constantemente pedía cosas que no estaban al alcance de la tecnología de aquellos años.

 Punto 2. Super Mario Bros. Sí señor, la cosa empieza a ponerse calentita. En 1985 dio vida a uno de los videojuegos más influyentes de la historia, un juego, que por aquel entonces era toda una revolución, un plataformas de movimiento lateral. No tenía ni idea de lo que acababa de parir. Este personaje debe su nombre al dueño de las oficinas de Nintendo en America (que por aquel entonces eran de alquiler) Mario Segali, cosa que ya he comentado en alguna ocasión. El personaje de Mario ya había aparecido con anterioridad en otros juegos, como el propio Donkey Kong, pero con el nombre de Jumpman. Nadie duda a día de hoy que Mario es todo un icono.

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 Punto 3. The Legend of Zelda. Un año después el genio sacó a su “Shigerito” interior y plasmó su infancia en este juego, en el que recorría los bosques y cuevas de los alrededores de su casa. Toda una aventura que se alejaba de cualquier cosa vista anteriormente, que nos trasladaba al mundo de Hyrule, una tierra vasta e indómita donde era fácil perderse. Tenían tanto miedo Nintendo a que este juego no fuese entendido que se creó una línea telefónica para que los usuarios pudieran preguntar cualquier duda sobre el juego. Esto daría origen al Club Nintendo.

 Punto 4. Super Mario 64. Después del primer Super Mario Miyamoto creó otros más, que aún mejoraban la primera propuesta y la perfeccionaban hasta casi alcanzar la perfección. Pero en 1996 con la aparición de otra consola, Nintendo 64, se dio un paso cualitativo, ya no solo por calidad, si no por lo innovador de su concepto. Las consolas habían dado el salto a la tridimensionalidad, de los pixeles a los polígonos, y muchas franquicias no habían aguantado el tipo ante dicha tarea. Sin embargo este juego se instituyó como modelo de dicho cambió, nunca el salto a las 3D le había venido tan bien a un videojuego. Aun hoy se le considera el mejor juego de plataformas en 3D de la historia.  

 Punto 5. Ocarina of Time. A este juego le pasa algo similar que al anterior. Se trata de una nueva entrega de la saga Zelda, pero dando el paso a las tres dimensiones. Trasladar el universo de Hyrule a la tridimensionalidad supuso en 1998 una tarea titánica que hizo sumergirse en el proyecto a Miyamoto hasta niveles insospechados, ya que en un principio sería sólo el supervisor, pero dada la grandiosidad del proyecto tuvo que erigirse como director y máximo responsable. El esfuerzo valió la pena, preguntad a cualquier persona ducha en el tema de los videojuegos, la mayoría os hablará de esta obra como la más grande del sector.

 Actualmente Miyamoto sigue activo, aunque su protagonismo dentro de los proyectos de Nintendo es menos visible, e incluso se está dedicando a apadrinar y enseñar a las generaciones venideras. De todas formas al señor Miyamoto le queda aún mucha cuerda, y si no ahí tenéis juegos actuales tan maravillosos como Super Mario Galaxy. Por eso pienso que este hombre se merece incluso más. Yo voto por crear el Nobel de la diversión para dárselo. ¿Alguien más?

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