La Chispa De La Vida Cartel 1

Título Original La chispa de la vida

Año 2011

Duración 91min.

País España

Director Álex de la Iglesia

Guión Randy Feldman

Música Joan Valent

Fotografía Kiko de la Rica

Reparto José Mota, Salma Hayek, Blanca Portillo, Juan Luis Galiardo, Fernando Tejero, Santiago Segura, Carolina Bang, Juanjo Puigcorbé, Antonio de la Torre, Javier Gutiérrez, Joaquín Climent, José Manuel Cervino, Eduardo Casanova, Nerea Camacho, Antonio Garrido, Manuel Tallafé, Nacho Vigalondo, Guillermo Toledo

Productora Trivisión

Valoración 5.5

BALADA TRISTE DE TROMPETA no daba lugar a dudas: Álex de la Iglesia caía víctima de su propia desmesura. Aquella historia de payasos enamorados de la misma acróbata, en los duros tiempos de la dictadura franquista, concluía poniendo de manifiesto el nulo autocontrol que el vasco había dispuesto sobre su innata querencia por lo grotesco, por lo desaforado, por lo hiperbólico.

El autor de EL DÍA DE LA BESTIA parecía encantado de zambullirse en esa bárbara condescendencia consigo mismo. De resultas, el film terminaba por convertirse en una de sus obras más irritantes y deslavazadas. Y además evidenciaba muy a las claras una gravísima crisis creativa. Resultó muy decepcionante contemplar cómo  abarataba, onerosamente, su incuestionable talento tras la cámara, haciéndolo estrellar casi a capricho.

De ahí que la tarea de visionar su siguiente  trabajo haya de verse condicionada con una cierta incertidumbre: certificar esa delusoria cuesta abajo,  o asistir a un esperado reencuentro con los tiempos pasados y mejores de, por ejemplo, LA COMUNIDAD.

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Bueno, pues ni lo uno ni lo otro.  LA CHISPA DE LA VIDA, sí, patentiza un cambio, pero un cambio que no devuelve la firmeza que estamos esperando volver a saborear.  Nos hallamos ante una obra que se sitúa en las antípodas tonales de la anterior, en la que rápidamente advertimos un radical viraje a mejor. Sin embargo, ese intento por huir del despropósito no acaba de hacer emerger con suficiencia la validez del cineasta.  El cambio, finalmente, viene a refrendar su ya excesivamente duradera desorientación.

LA CHISPA DE LA VIDA arranca exhibiendo una cualidad que, en absoluto, caracteriza a la trayectoria de De La Iglesia: ternura. La primera secuencia presenta a los dos protagonistas principales de una forma muy cálida, envolviéndolos con un aire de cotidianeidad amable y afectuosa.  El realizador exhibe una sencillez casi naturalista que genera unas saludables expectativas de cambio de estilo.

Son  Roberto y Luisa, un matrimonio que transmite rápidamente una reconocible complicidad. Sin embargo, mediante los diálogos, él deja entrever una cierta amargura, un cierto temor. Roberto es un parado de larga duración,  que ve cernirse sobre su familia las secuelas de esa ausencia de trabajo. Su salida de casa ya induce a pensar que la armonía familiar pende de un hilo.

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La larga secuencia  posterior nos describe el modo  en el que éste intenta  poner fin a tan desesperada situación.  Roberto acude a una empresa que dirigen unos conocidos suyos, pero de nada le sirve esgrimir esa presunta ventaja.  El deambular del protagonista por los distintos departamentos es capturado por De la Iglesia mediante una sutil ironía contemplativa.

La figura mediocre, gris, apocada de Roberto es contrapuesta a la fastuosa modernidad arquitectónica y mobiliaria que transita. Como queriendo sancionar ese quedarse descolgado,  ese ser una pieza de imposible funcionamiento,  dentro de un orden programado para una actividad para la que él no vale.

A partir de aquí comienza ha pergeñarse el meollo principal del film. Una serie de desgraciados avatares darán con Roberto accidentado en el teatro romano de Cartagena: tras una aparatosa caída quedará inmóvil y con un hierro incrustado en la cabeza. La llegada de los medios de comunicación al lugar le harán querer aprovecharse de la situación,  transformando su calvario físico en rentable espectáculo mediático.

LA CHISPA DE LA VIDA pretende hilvanar una furibunda radiografía sobre el lamentable estado de los medios de comunicación y la escasísima ética que dirime su comportamiento. En el fondo, el film traza un desolador panorama, pues queda sentenciado que, hoy en día,   sólo merece carácter de reseñable aquello que puede ser convertido en carnaza.  Carnaza para buitres directivos y para buitres consumidores de esa podredumbre.

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El principal problema que constriñe las expectativas generadas por el film en su prometedor arranque es lo muy pronto que se deja llevar por la convocatoria de lugares comunes. La aparición de políticos corruptos, funcionarios sólo preocupados por su tarea, periodistas de implacable inmoralidad mercantil, o  directivos únicamente movidos por los réditos de la audiencia contribuyen a que la singularidad de la peripecia de Roberto se diluya.

La película se queda como varada en tierra de nadie, sin llegar a las últimas consecuencias en ninguna de las ideas que apunta su devenir. Lo que, en un principio, podría haber dado lugar a un trabajo propio del mejor cine español  de los cincuenta se queda en ceremonia confusa de marionetas movidas por un afán esclarecido muy pronto.  A LA CHISPA DE LA VIDA le mengua la potencia de su pegada lo presuroso de manifestar su rabiosísimaactualidad.

Le ocurre además un extraño deslizamiento en las previsiones. Pese a que el protagonismo principal recae obsesivamente en la figura de Roberto (un eficaz José Mota, que sale indemne de un difícil embolado), poco a poco, quien va atrayendo para sí la atención del espectador es la figura de Luisa, su esposa. A tal efecto,  cabe decir que a esto contribuye la serena sensibilidad con la que la mima la creíble interpretación de Salma Hayek.

LA CHISPA DE LA VIDA puede ser observada como una cura de humildad que el realizador le propina a su grave error precedente. A la película, en un principio, le beneficia esa depurada modestia. Sin embargo, el transcurso de las imágenes sigue dando el veredicto de que el cineasta sigue inmerso en una alarmante desorientación. A la película le ocurre lo mismo que al director: llega un momento en el que no sabe qué hacer consigo misma.

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