Cenicienta1

Título original:  Cinderella

Año: 2015

Duración:  105 min.

País:  Estados Unidos

Director:  Kenneth Branagh

Guión: Aline Brosh McKenna, Chris Weitz

Música:  Patrick Doyle

Fotografía:  Haris Zambarloukos

Reparto: Lily James, Cate Blanchett, Helena Bonham Carter, Richard Madden, Holliday Grainger, Sophie McShera, Eloise Webb, Derek Jacobi, Hayley Atwell, Stellan Skarsgård, Leila Wong, Ben Chaplin

Productora:  Walt Disney Productions

Nota: 6

Sigue funcionando la máxima de que “nada debe ser tocado, para que todo cambie”. CENICIENTA, de Kenneth Branagh, se postula con entusiasmo  a convertirse en un lucidor ejemplo de ello. Orquestada bajo el implacable control de la factoría Disney, evidentemente, la tentación de una relectura contemporánea que combatiese con voracidad contra el legendario clásico de 1950 era harto improbable. De ahí que, en un principio, la noticia de que un realizador en horas muy desorientadas,  como es el caso de Kenneth Branagh, se hiciese cargo de este encargo hacía prever un producto facturado a mayor gloria del mero rescate comercial, cómodo, obediente y listo para mundial consumo.

Sin embargo, la sorpresa de esta resurrección en carne y hueso de uno de los hitos más incuestionables de la historia del cine de animación viene dada por partida doble: primero, por cuanto la película ofrece, como no podía ser de otra forma, lo que la productora exige y de ella cabría esperar (esto es, un respeto máximo y disciplinado para con el original recuperado), pero permitiendo que la operación contemporaneizadora logre introducir una serie de sugestivos arreglos dramáticos mediante los cuales el producto final disponga tanto de una sutil autonomía con respecto al clásico, como de una mínima pertinencia moderna. Y, segundo, por cuanto felizmente la película logra que nos reencontremos con unos animosos modos, que nos permiten  recuperar al mejor Branagh de mucho, mucho tiempo.

Con tan solo un par de meses de diferencia, van a coincidir en nuestra cartelera el estreno de CENICIENTA con la exhibición de INTO THE WOODS, de Rob Marshall. La comparativa entre ambas resulta un planteamiento de análisis muy válido para hacer resaltar las virtudes de la primera. La película de Marshall era un fracaso casi  absoluto, por cuanto resultaba bastante evidente que el autor de CHICAGO no había tenido la capacidad realizadora de estar a la altura de un material escrito (un libreto de un magnífico musical escrito por Stephen Sondheim), en el que, justamente, la idea central era la de cuestionar a los personajes de los cuentos infantiles, de humanizarlos, de tolerar que se revelaran contra un futuro ya escrito, en el que, además, deben afrontar las decisiones tomadas fruto de ese quiebro al destino. La inapropiada caligrafía acartonada, gélida y pobretona con la que esta fascinante idea de partida estaba resuelta condenaba a INTO THE WOODS a quedar condenada a imperdonable oportunidad perdida para un musical de primera línea.

Por fortuna, CENICIENTA dispone un planteamiento y un resultado diametralmente opuestos. Branagh parte de un texto que, en esencia, repite impecablemente la estructura de su punto de partida, esto es, el summum del género de cuento de hadas “disneyano”.cenicienta3 La trama de acontecimientos dispuestos para esta nueva cita con la desgraciada hijastra de una perversa mujer empeñada en que sean sus hijas las que se casen con el príncipe del reino es la misma conocida hasta la saciedad por el gran público. Sin embargo, el “remake” de este 2015 procura una serie de aportaciones mediante las cuales el film adquiere una acometedora ligereza y una ajustada elegancia del todo estimulantes.

Por un lado, cabe destacar, el soberbio diseño de producción dispuesto para que Branagh pudiera estar a la altura de la fascinación disneyana fraguada hace casi siete décadas. La fotografía, los decorados, un impresionante vestuario y unos efectos especiales magistralmente amarrados por Branagh para que su visión del clásico remita a la época cinematográfica en la que la primera CENICIENTA fue creada (esto es los años 50, la apoteosis del color) pertrechan a su película de una factura realmente fastuosa. La traslación a actores de carne y hueso logra preservar el encanto cromático, fantasioso, almibarado y elemental  de la primera. Destacan sobremanera los momentos más espectaculares de aquella. No desmerecen sino que vuelven a arrollar, por tanto, la recreación de escenas como la de la transformación de Ella a cargo del hada madrina (divertidísima Helena Bonham Carter) para asistir al baile (incluidas, por supuesto, la transformación de la calabaza en carroza,  de los ratones en caballos, de las lagartijas en mozos de carruaje y del ganso en conductor del mismo), y, sobre todo, la espectacular escena de la huida del palacio hasta que Ella se queda sin hechizo tras haber sonado las campanadas avisadoras.cenicienta2

Con todo, el mayor acierto del autor de LOS AMIGOS DE PETER es el de que todo ese grandioso dispositivo técnico se someta a una dramaturgia en la que brilla un cuidado muy esforzado por los diálogos de todos los personajes y, sobre todo, dirime la oportunidad de que aquel se apropie de ese texto con el mismo enardecimiento con el que consiguió sus mejores adaptaciones de Shakespeare: digámoslo rápidamente, Branagh plantea hurgar en LA CENICIENTA con la misma fogosa solidez y el mismo frenesí controlador que deparó para, por ejemplo, su deliciosa MUCHO RUIDO Y POCAS NUECES. El pasado como trasladador cinematográfico del genio de la literatura inglesa se evidencia como jugosamente positivo  por la preponderancia que se le da,  por ejemplo, al peso del legado familiar tanto en Cenicienta como en el príncipe, a las vicisitudes conspiratorias en palacio a cargo del personaje incorporado por Stellan Skarsgärd y a la magnífica estilización perversa y manipuladora con la que está afilado el personaje de la madrastra (impagable Cate Blanchet: su plano en la escalera de la casa está a la altura de la Bette Davis de LA LOBA, de William Wyler).

En definitiva, romanticona, ñoña y meliflua como no podía dejar de serlo, concebida para que no moleste a los añoradores del referente y a los adictos a este tipo de engolado material, sí, para qué negarlo pero, por fortuna, muchísimo más defendible de lo esperado.

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