Dos Buenos Tipos Cartel

 

Título original:  The Nice Guys

Año:  2016

Duración: 116 min.

País: Estados Unidos

Director:  Shane Black

Guión:  Shane Black, Anthony Bagarozzi

Música: David Buckley, John Ottman

Fotografía:  Philippe Rousselot

Reparto:  Ryan Gosling, Russell Crowe, Matt Bomer, Kim Basinger, Yvonne Zima, Keith David, Margaret Qualley, Beau Knapp, Angourie Rice, Daisy Tahan, Abbie Dunn, Michael Beasley, Joanne Spracklen, Dale Ritchey, Terence Rosemore, Chace Beck, Kahallyn Summer Cain, Cayla Brady, Murielle Telio, Lexi Johnson, Gary Wolf, Maddie Compton, Michelle Rivera, Joshua Hoover, Charles Green, Scott Ledbetter, Amy Goddard, Brian Gonzalez, Ty Simpkins

Productora:  WB / Silver Pictures / Waypoint Entertainment / Misty Mountains

Nota: 7.5

Desde su mismo (y espléndido) inicio, se tiene la grata sensación de que DOS TIPOS BUENOS no es, ni mucho menos, la azarosa consecuencia de esa esporádica confabulación de favores gestada al albur de la denominada “suerte del principiante”. No, no rezuma providencia de advenedizo alumbrada por estrella benefactora, ni se mece en las notas de la flauta cuando suena por casualidad. Antes al contrario, pronto se presume como puñetazo encima de la mesa de un buen conocedor del tejemaneje que tiene entre  manos y de un cabal aprovechador de la oportunidad que ésta más que solvente peripecia paródica dispone a su trayectoria.

En efecto, el nuevo film de Shane Black se postula rabiosamente como la obra definitiva de alguien que tiene ganas, muchas ganas de demostrar una valía acaso nunca bien considerada, y de, también, ganarse un miramiento de  enjundia bien distinta a la acumulada hasta este momento.Dos Buenos Tipos Imagen 1 Desde ese punto de vista, no cabe otra valoración: DOS TIPOS BUENOS supone la confirmación tras la cámara de un exitoso profesional de la industria cinematográfica hollywoodiense, que disfruta vindicando su privilegiada posición de veterano experto en la osada lid que se ha autoimpuesto solventar.

Sí, decimos esto porque si algo atesora DOS BUENOS TIPOS es, desde luego, conocimiento de la causa en la que se entromete: nada más y nada menos que una fértil puesta al día de un subgénero, que, en los pasados ochenta, hizo furor en las factorías hollywoodienses. Nos estamos refiriendo a esa extensión policial de las conocidas como “buddy movies”, esto es, las “buddy cops”. Claro está, atisbar en el interior de este disfrutable film una evidente sapiencia memoriosa de las reglas que rigen el fluido funcionamiento de esta trillada modalidad no debería extrañar ni al espectador menos avezado. Shane Black se las sabe al dedillo, no en vano podríamos decir que es uno de los socios fundadores del patrón sobre el que se articularon multitud de acomodados imitadores. A él le debemos la partitura escrita de ARMA LETAL, sin lugar a dudas, el hito de las referidas “buddy cops”.

Sin embargo, la apuesta más interesante de la presente intentona rememorativa es que no condesciende en ningún momento con doblegarse a la mera emulación. Sabedor de que el “buddy cop” ochentero supone una causa de difícil justificación en la actualidad, Black apuesta por complejizar muy cabal y medidamente el modelo a rescatar.Dos Buenos Tipos Imagen 6 Desde su mismo arranque, DOS BUENOS TIPOS no cesa en postularse como un cocktail de osadas confluencias intencionales, por cuanto tarda bien poco en definir su sapiente singularidad irónica, imponiendo una nutrida red de acometidas estratégicas.  Entre ellas, por lo arriesgado de su premisa y la más que apreciable concreción estimulada,  la que más destaca es la apropiación desinhibida, mutada y pertinente del modelo de cine negro clásico de los años 30 y 40, basado, por ejemplo , en el material literario prestado por el maestro Raymond Chandler. Una rápida lectura a su sinopsis pone sobre aviso de que la sombra de EL SUEÑO ETERNO, de Howard Hawks, es buscada como imponente (y combatido) cobijo.

El film narra la curiosa avenencia entre dos estrafalarios personajes: Jackson Healy, un efectivo y solitario matón a sueldo, venido muy a menos, que debe aceptar encargos de ridícula monta para poder sobrevivir, y Holland March, un desastroso detective privado, sumido en una honda crisis personal por causa de la muerte de su esposa, a quien sólo sabe poner en su sitio el cabal esfuerzo de su hija Holly, una preadolescente encantada con ayudar a su padre en el cumplimiento de los trabajos que éste debe solucionar. La extraña muerte de una estrella del cine porno y la desaparición de la díscola joven perteneciente a una importante familia de Los Angeles, que también se había involucrado en el rodaje de la última película de la primera, une los destinos de la dispar pareja de perdedores. Juntos deberán esclarecer las dos tesituras.

Como ya ha quedado referido, el andamiaje narrativo que sostiene la prolija sucesión de complicaciones en las que Healy y March van a ir inmiscuyéndose viene a ser una suerte de puesta al día de los transitados por los mejores films que ha dado la historia del cine negro: de ellos retoma el gusto por una trama desaforadamente laberíntica, llena de falsas pistas, apariencias equívocas, engaños maquinados, todos ellos encadenados por medio de una atracción irracional afrontada por quien debe ser el encargado de ponerlos en orden. Dos Buenos Tipos Imagen 5Black decide, además, imponer una decisión ambiental arrojadísima, desde la que evidenciar su afán modernizador con respecto al insigne modelo reclamado trasladando el marco temporal en el que acaecen los hechos a la década de los setenta; concretamente, a esa época de la historia norteamericana en la que el despertar al descalabro consecuente al feliz sueño narcótico del hipismo, mezclado con el desencanto postvietnam y la fortísima irrupción de la industria del cine porno dio como resultado la revelación de una miseria moral colectiva, hasta ese momento agazapada, no vista, despreciada.

Lo más significativo de DOS BUENOS TIPOS se fundamenta en la concienzuda ligereza con la que todo este magma de intenciones y sesgos queda refrendado en pantalla. Black, al situar la acción en la década citada, muy pertinentemente  por tanto, se permite el lujo nada caprichoso de articular su particular revisión del cine negro mediando una pátina escenográfica muy atrevida, desde la cual administra el brillante encadenado de secuencias: las formas de la comedia norteamericana de los años 70; en concreto el modelo reclamatorio del “slapstick” del cine mudo, tan bien pergeñado por Blake Edwards (EL GUATEQUE) o Bogdanovich (¿QUÉ ME PASA, DOCTOR?). De esta forma tenemos una desternillante “boddy cop”,  sostenida por un guión que emula el cine negro clásico, y resuelta formalmente atendiendo a la vertiginosa sofisticación de la mejor comedia de hace cuatro décadas.

Cabe afirmar que, pese a que no lo consigue en todo momento, Black sale airosísimo del empeño, pues sabe, como director, estar a la altura de la desprejuiciada firmeza y  de la aguerrida  resolución que requiere el muy sólido material escrito de partida. DOS BUENOS TIPOS es tronchante, lúcida y presurosa: sólo un muy buen director de cine es capaz, por ejemplo, de resolver de modo tan perturbadoramente cómico la escena de apertura con ese cuerpo desnudo emulando la foto de la revista propiciadora de la soledad ansiosamente sexual de un adolescente, a quien de súbito la realidad le entrega el objeto de su deseo postrado en su jardín.

Cuenta, además de su experta sabiduría en el retrato de sus dos antagónicos protagonistas, y de su inusitada pericia para la resolución de las escenas de acción cómicas (como la de la fiesta en la que March se emborracha) con la impagable complicidad de dos intérpretes magistrales, ambos dos dejando patente el gozo de estar alejados de los arquetipos a los que sus respectivas carreras nos tienen acostumbrados. Contemplar a Russell Crowe y a Ryan Gosling en este auténtico festival de implicación, complicidad y, sobre todo, amarre evitador de cualquier tentación de histrionismo exagerado es un auténtico regalo interpretativo. Eso sí, estando los dos perfectos, merece destacar la absoluta sorpresa de un Gosling absolutamente inolvidable, que se proclama heredero de la mejor tradición cómica norteamericana, aplicando el manual del sublime incapacitado de forma antológica.

 

 

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