Dau.natasha 1

Sección: Oficial

Dirección: Ilya Khrzhanovsky y Jekaterina Oertel

Guión: Ilya Khrzhanovsky y Jekaterina Oeertel

Sinopsis: Natasha y Olga trabajan en la cantina de un instituto de investigación soviético secreto. A diario allí atienden a empleados, militares, directivos, científicos e invitados extranjeros. Entre estos últimos se halla Luc Bigé. Con él tendrá Natasha un intenso encuentro. 

Nota: 8.3

Saturado como está el cine contemporáneo comercial de polución convencional, de discursos iterados hasta la saturación, de aburrida aversión hacia la originalidad, el riesgo y la experimentación, causa un especial gozo contemplar el esfuerzo de auténticos outsiders cinematográficos que no dudan en proponer su visión de lo que para ellos consiste el oficio de cineasta, si no lo hacen desde otro parámetro creativo que no sea el de la más personal y sacrificada radicalidad. Desde luego, a este grupo de admirados resistentes hay que añadir el del soviético Ilya Khrzhanovsky, que, en este proyecto, está apoyado por Jekaterina Oertel.

El proyecto total, sin duda, lo constituye una de las apuestas artísticas más apasionantes y extrañas de la que este cronista ha tenido noticia en los últimos años. Se trata del DAU: nada más y nada menos que un material de más de 700 horas de grabación, que ha sido rodado desde el 2006 hasta el 2011, dentro de un estudio de grabación en el que todos los integrantes del equipo artístico han vivido en forma de comuna durante todo ese tiempo.

El plató simulaba una instalación científica entera de la URSS de los años Stalin, en plena era poststaliniana. Se ha terminado de montar hace un par de años. Y con todo el material su creador pretende hacer varios films, una serie de televisión y algunas propuestas videocreativas destinadas a configurarse como instalaciones museísticas. Algunas de ellas han podido ser vistas ya en París y en Londres. En la sección Berlinale Special, se puede visionar DAU DEGENERATSIA, que tiene una duración de más de seis horas. A competición, en cambio, la que ha sido programada es la durísima y fascinante DAU. NATASHA.Dau Natasha 2

Sin haber visto otra concreción de todo el DAU, lo primero que cabe decir de DAU. NATASHA es que cumple a rajatabla con el objetivo intencional del proyecto: el de reflejar del modo más fidedigno posible los modos y maneras en el que el ejercicio del poder fue concebido en la URSS desde la llegada de Stalin al poder. Lo más fascinante, claro está, es el modo en el que semejante cometido ha sido llevado a cabo, dado que no nos hallamos en modo alguno frente al previsible dispositivo de un film histórico de marcada intencionalidad política o denunciativa.

La propuesta de Khrzhanovsky viene definida por una puesta en escena en la que se amalgaman con virulenta armonía una cruentísima frontalidad encuadrativa, una dramaturgia atenta en todo momento tanto a los diálogos como a las reacciones de los personajes convocados dentro del plano, y un posicionamiento de la cámara exento de alharaca retórica alguna, más que, cual si de una representación teatral en directo se tratara, la de la hiperrealista captura de los hechos expuestos.

De la mixtura de este apetito tan colérico como verosímil, de este afán fecundamente impelido por la mostración angustiosa de tan puro nítida con la absoluta preponderancia dada a la escena de larga duración, al plano secuencia adherido al trabajo actoral dentro de unos espacios siempre cerrados surge un ejemplo de cine demoniacamente lúcido, perversamente hipnótico, que apuesta por llevar hasta el límite de lo soportable la experiencia de su visión. Se trata de que el espectador se vea inmiscuido físicamente en los hechos encuadrados. El combate contra la impasibilidad espectadora es constante y flagelador, de ahí que el privilegio otorgado a la impronta teatralizante acorralada dentro de planos de larga duración en los que el tiempo que zarandea a los personajes puede ser respirado por quien los contempla no pueda ser más pertinente.

De este modo las peripecias a las que deben frente hacer dos camareras que trabajan en la cantina de un centro de investigación soviético, atendiendo en el comedor a los científicos que en él trabajan no tardan en verse sancionadas como preclaro  paradigma del horror inhumanizante que preconizó el poder soviético tras concluir la segunda guerra mundial. Los espacios perennemente cerrados supuran la asfixia aniquiladora auspiciada e impuesta socialmente.

Las peleas y las reconciliaciones constantes entre los dos personajes femeninos reflejan con auténtica fiereza las consecuencias de esa lacra: la amargura, el acatamiento y la inflexibilidad que destilan esas existencias condenadas, acostumbradas a la soledad, el resquemor, el alcohol, la inhumanidad y la pugna quedan magníficamente emplazadas en las escenas en las que aparecen ellas dos solas.

Con todo, DAU. NATASHA va más allá de ese combate de miserias y, sin titubear, lleva su intencionalidad denunciadora hasta unos límites muy pocas veces visto en pantalla grande descerrajando dos escenas de esas que la memoria tarda mucho en poder borrar. Una describe una descarnadamente carnal escena de sexo entre Natasha y un científico francés, rodada cual si la cámara asumiera la intimidad desnuda y alcoholizada de los dos personajes en calidad de geografía escapada del reconcomio cotidiano hasta ese momento descrito.

La otra, que viene procurada por un inesperado giro argumental, y viene a ocupar todo el último tercio del film, asumirá de pleno la difícil responsabilidad en convertirse en la diana requerida por el endiablado dispositivo de crudeza expositiva y política que preconiza el film. La bajada total a los infiernos. Natasha frente a un torturador, en una cara a cara en el que la mediación del clásico binomio víctima/verdugo alcanza aquí unas cotas de fiereza expositiva absolutamente dantescas. El tiempo corriendo a golpe de saña. El sadismo como protocolo. La barbarie convertida en burocracia coaccionante. El monstruo mirando cara a cara sin más parpadeo que el de maquinar el próximo grado de horror en la indefensión del otro.

DAU. NATASHA vierte verdadera nobleza cinematográfica, aunque sea a costa de resquebrajar la paciencia de nuestros ojos.

 


 

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