Cronica Bilbao Bbk Live 2014 Viernes

Segundo plato para para el gran BBK Live

Segunda jornada, día de estilos enfrentados y en los que uno siempre espera llevarse una sorpresa de esas bandas que no destacan por el tamaño tipográfico en el cartel. A primer golpe de vista, es quizás el día menos atractivo y eso, hasta la climatología y la logística nos lo dejaron comprobar.

Durísimo fue perderse la propuesta de Chet Faker, cuyo precioso ‘Thinking in Textures’ (2012) debía ser defendido a primera hora de la tarde; más duro aún que coincidiera con Dawes en horario y si se puede rematar más, peor no llegar a tiempo para la totalidad de Conor Oberst, acompañado por los anteriores. Sacando en claro que si quieres llegar a tiempo, debes contar con que no habrá todos los medios que esperas. Aun así el americano supo dar lo que se pedía, pasando no solo por su último trabajo en solitario sino también por ese gran proyecto que lo dio a conocer al gran público como es Bright Eyes y, qué mejor modo de hacerlo que con ‘Lover I don’t Have to Love’, esa joya (dedicada a un fan) ‘First Day of my Life’ o ‘Another Travellin’ Song’ para dejar patente que el sonido americano puede inmiscuirse en una jornada donde abundaron las masas.

Primero fue el turno de Bastille, que hizo que no se supiera de donde salía tanto británico. Su entrada en el cartel fue por la caída de otro grupo de masas, pero al menos Imagine Dragons tienen motivos –y símiles a otras bandas que llenan estadios- que justifican su presencia. Los londinenses caen en los típicos estereotipos de líder con amor propio a la máxima potencia, carreras infinitas entre el público y todos estos con las manos arriba formando el símbolo de la banda, en este caso, el triángulo. El déjà vu de Thirty Seconds To Mars en 2011 fue evidente. La gente se volvió loca con ‘Flaws’, y ‘Pompeii’ bien justificó la efervescencia coral final del concierto; mención aparte de la versión más o menos aceptable –igual porque es un clásico- del ‘Rythm of the Night’ como resumen de un concierto que dio a la muchachada lo que se esperaba y nada más.

No pensarán lo mismo los fans de otra banda con una subida como la espuma a la fama. Izal reventó –literalmente- el Sony Stage a la misma hora que Jack Johnson estaba en el Escenario Heineken. Hay quien los equipara a Vetusta Morla, pero nada que ver para quien escribe. Quizás simplemente por lo laborioso de sus melodías y de sus letras, pero no seré yo quien los compare. Plausible que, pese a problemas de sonido, nadie se movía de allí; es más, llegaba cada vez más gente para poder escuchar temas como ‘Agujeros de Gusano’ o ‘Qué bien’. Viendo el éxito de su concierto, esperaremos que sigan su senda sin caer en errores que otros no evitaron.

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Por su parte Foster The People se convirtió en lo mejorcito que pisaba el escenario principal. Han ganado seriedad como banda, no parecen tan niñatos como en sus inicios pero es innegable que las canciones que tiran del carro en directo son las que salen de ‘Torches’ (2011) como ‘Helena Beat’ para abrir boca, ‘Don’t Stop (Color on the Walls)’ para seguir y ‘Houdini’ para llegar a ‘Coming of Age’ o ‘The Truth’. En este punto esa seriedad como banda llegó al exceso, tanto que se convirtió el directo festivo y bailable en espeso y abrupto hasta que ‘Pumped Kicks’ dijo de aparecer. Cuando uno miraba a la colina y la veía prácticamente llena se había dado cuenta de que su llegada había sido tardía y que si teníamos que confiar el levantar el culo de tantos a The Prodigy, nos estábamos jugando las dos manos.

¿Por qué? Pues puede que porque han pasado casi 20 años del ‘The Fat of the Land’ y que todos nos hemos hecho mayores. Hasta ellos, que han sacado poca cosa decente desde entonces. Lo sabían y lo saben e intentan soltar una ristra de bombas como ‘Breathe’, ‘Posion’, ‘Voodoo People’ o ‘Rock Weiler’ de inicio para encandilar. Pero serán esos beats tan potentes de Liam que a veces son hasta machacones, serán esos intentos más que fallidos de Maxim por animar al público siempre diciendo lo mismo, serán los bailes de Keith sin tón ni són. O joder, será porque la mayoría estábamos esperando un desgrane más a fondo de su disco fetiche, ya que solamente vibramos, saltamos, bailamos e incluso abortamos la huida cuando ‘Firestarter’ o ‘Smack My Bitch Up’ sonaron. No se puede vivir de un solo disco, pero si lo demás tampoco ha sido de su nivel, fúndelo en directo. A la gran mayoría nos habría valido para abandonar esa noche Kobetamendi con otra percepción en la que fue, sin duda, una de las noches más flojas y más desacertadamente distribuidas del festival. 

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