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FUOCOAMMARE, de Gianfranco Rosi

Nota: 6.6

Sobre Gianfranco Rosi va a pesar como una losa la responsabilidad histórica de que haber logrado que por primera vez un documental se alzara con el premio más importante de un certamen cinematográfico. Ocurrió hace dos años en Venecia, cuando SACRO GRA, su interesante acercamiento a un grupo de vecinos de la ciudad de Roma, que viven junto a la autopista que circunvala la gran capital italiana, se alzó de con el León de Oro de la indispensable cita. Y decimos que le va a pesar como una losa, puesto que cada una de sus nuevas propuestas va a ser aguardada con una expectación, que, quizás, a su enjundia realizadora le queda un poco grande. FUOCOAMMARE se conforma como la perfecta muestra de esta aserción.

El nuevo proyecto del italiano nos traslada hacia uno de los lugares más convulsos y ominosos de la reciente historia europea. Rosi se allega hasta Lampedusa, la isla del archipiélago de las Pelagias, que, dada su singularidad geográfica, se ha convertido en la principal puerta de entrada de navíos provenientes de la cercana costa norteafricana, cargados con hacinados grupos de seres humanos ansiosos de huir de sus respectivos orígenes. Lampedusa está mucho más cerca de Túnez que de Sicilia, por eso se ha convertido en el objetivo de las mafias que se aprovechan de las necesidad y la desesperación quien paga a precio de oro un pasaje en un barco, que, además de someterlo a un trayecto vejatorio, inhumano, atroz, muchas veces concluye en defunción. Más de quince mil fugados han encontrado la muerte en el mar en los últimos años. Lampedusa, se ha convertido, en un lugar del Meditarráneo a cuyas costas arriban oleadas de angustia, infamia, hambre, miseria y fatalidad definitiva.201614479 1 IMG 543x305

La magnitud dramática de la tesitura emplazada hace prever un acercamiento descarnado, frontal y directo. Sin embargo, el mayor acierto de FUOCOAMMARE quizás lo reporte la decisión de Rosi de no apartarse un ápice de su particular protocolo escénico ya estimulado en su laureado anterior film. Esto es, el atender mucho antes a un pincelado humano del territorio escrutado por su cámara que a un planteamiento canónico documental, empeñado en la mostración sin ambages de la gravísima problemática social e histórica llamada a ser auscultada.

De esta forma, FUOCOAMMARE, como ya ocurría en SACRO GRA, estimula en primer lugar la convocatoria de una serie de personajes sitos en el ámbito geográfico escudriñado. A través del seguimiento que se les va a hacer a éstos, poco a poco, el espectador va a ser emplazado a tomar consciencia de la gravedad de los hechos y situaciones contempladas. En esta ocasión, nos hallamos frente a un médico, a un buceador, a un locutor de radio, a una familia de pescadores y, sobre todo, frente a Samuele, un chaval de unos once o doce años, mucho más empeñado en disponerse de un certero tirachinas que de tiempo para centrarse en sus estudios.

La observación de la cotidianeidad de todos ellos va a irse vertebrando el verdadero objetivo de Rosi: establecer una evidente comparativa entre la sencillez de una vida condicionada por el ámbito pesquero del lugar y la desesperación mortuoria que acecha proveniente del mar en forma de rostros humanos famélicos, exhaustos, temblorosos, perdidos, con la vida en el límite de su energía. Como ya ha quedado dicho, el análisis de la problemática de este éxodo vil y mortal a través de las fauces saladas de un mar, siempre dispuesto a engullirlos no estalla mediante una mostración reiterada de esta barbarie sino que se suministra reflexionada, dispuesta para que de la comparativa de existencias el espectador saque sus propias conclusiones. Con todo, pese a la validez de la intentona, FUOCOAMMARE concluye víctima de una cierta falta de riesgo por parte de su autor, puesto que no hace otra cosa sino acoplar a la luctuosa, desesperada realidad de Lampedusa el mismo dispositivo escénico que en SACRO GRA. Y la diferencia de contenidos de partida si hubiere debido alterar el orden de las facultades pergeñadas.201609145 1 IMG 543x305

 

L´AVENIR, de Mia Hansen-Love

Nota: 8

Poco a poco, con cinco films ya en su haber, la parisina Mia Hansen-Love ha logrado abrirse un merecido hueco entre los nombres más estimulantes del nuevo cine europeo. Afortunadamente, su última propuesta, L´AVENIR, sale lúcidamente airosa del difícil reto de lograr que su trayectoria no se tambalee mediante un bache. La creadora de TOUT ES PARDONNÉ demuestra saber disponerse de una implacable soltura expositiva para tomar las riendas de una urdimbre narrativa nada fácil de acometer sin caer en la morosidad, la espesura o la grandilocuencia.

L´AVENIR, fundamentalmente, se propone el seguimiento inmisericorde de un atractivo personaje femenino. Nos hallamos frente a ese tipo de propuestas articuladas en torno a la atención celadora de un personaje central cuya omnipresencia se antoja principio inquebrantable de la operación analítica emprendida. En esta ocasión el quinto proyecto de la autora de EDEN nos presenta a Nathalie, una madura profesora de filosofía de un instituto de la capital francesa. Las primeras escenas del film nos la descubren como una mujer con la vida perfectamente ordenada, encantada de ejercer una profesión que le reporta una excelente relación con sus alumnos, casada con otro profesional de la docencia, madre de dos hijos ya mayores.

201609145 2 IMG 543x305Únicamente, los incesantes reclamos de su madre, una mujer muy mayor, que no hace sino agobiarla por teléfono presa de unos falsos ataques de ansiedad que finge para que acuda a su lado, parecen constituirse en los obstáculos de una armonía existencial plena. De pronto, sin que ella haya tenido la más mínima sospecha de ello, su esposo le anuncia que la abandona por otra mujer. A partir de ese momento, Nathalie deberá hacer frente a esta tesitura y otras cuantas más, que le obligarán a tomar una serie de decisiones tras modificar radicalmente el orden de las prioridades sobre las cuales había forjado la estabilidad de toda su vida.

El film supone un nuevo encuentro con la fluidez y la levedad incesantemente acorraladoras mediante las que la realizadora gala encuadra los movimientos del personaje dentro del campo de visión. Pese a lo candente del argumento relatado, huelga decir que Hansen-Love, por supuesto, no tiene tentación alguna de afrontar el relato de los acontecimientos y el acoso al elemento protagónico dirimiendo los estilemas propios de la narración melodramática al uso. Ni muchísimo menos, la suya es una jugosa intencionalidad sorpresiva, paciente, ladinamente ambigua y escurridizamente inquieta.

En este caso, digamos que el tempo urdido para aprehender la dificultosa encrucijada con la que debe apechugar Nathalie se adecúa perfectamente al perfil que de ella se brinda desde el principio. Nos hallamos delante de una mujer muy culta, con un alto sentido de los principios de respeto y de integridad con los que se ha ido resolviendo tanto en su vida profesional como privada, y poco amante de la expresión de las flaquezas, acaso porque ha sabido mantener a flote una fecunda y acomodada paz vital, desde la que no ha hecho ningún esfuerzo por huir, por escapar, por depararse el gusto de intentar otra cosa.

L´AVENIR se presenta como una calculada reflexión sobre la necesidad de reinterpretar la vida aun cuando quien se ve obligado a ello esté en edad de recoger los frutos sembrados y asumir los acontecimientos inherentes al declive, al ocaso, a los albores de una vejez. Sin que en ningún momento, claro está, se atisbe motivación aleccionadora o moralizante, la fortaleza del acercamiento a esta mujer de más de cincuenta años la forja la evitación de la más indecente alharaca desgarradora, el cinismo con el que es observada en algunos momentos y con el que ella resuelve alguna situación (su relación con el marido tras la ruptura: formidable la escena en la que se lo encuentra en su casa cuando ella se dispone a preparar la cena de Navidad con jugosísima cita a Schopenhauer incluida), el tacto exquisito con el que es resuelta su relación con su alumno (aboliendo la idea de imbricar un hilo afectivo evidente, que no hubiera tenido lógica), la desenvuelta fiereza agazapada con la que una impecable Isabelle Huppert afronta este magnífico personaje y, como no, la solícita implicación de una puesta en escena atenta, fluida, esquiva, nada asfixiante y siempre pertinaz con la que la directora se enfrenta al difícil reto de acompañar en su camino por el barro a esta mujer con los pies acostumbrados a caminar el mismo suelo.

 

MAHANA, de Lee Tamahori

MahanaNOTA: 1

Decepcionante, errado, torpe regreso a la cinematografía desde la que inició una más bien gris estancia en la industria hollywoodiense, el que ha concretado Lee Tamahori en esta pretenciosa MAHANA, que se quiere gran melodrama familiar de sagas enemigas enfrentadas pretéritamente y concluye convertida en una empalagosa acumulación de superficialidades dramáticas de baja y previsible estopa fotonovelera.

El film narra las vicisitudes por las que tiene que pasar un férreo clan familiar tahorí, asentado en un ámbito geográfico de capital importancia ganadera, durante la década de los años sesenta, cuando, debido a la injusta preponderancia de los modos impuestos por el patriarca del clan, uno de sus nietos comience a resquebrajar el poder absoluto del abuelo de la familia. Nada que objetar a la propuesta, de no ser porque el realizador se conforma con postalizar al máximo un material escrito que parece abandonar toda su verosímil, inquietante, innovadora suerte a la etnia de los protagonistas y a la verde belleza del ámbito espacial en el que transcurren los hechos.

MAHANA nada puede hacer para solucionar la sonrojante, palmaria rémora de un guión trufado de lugares comunes, de soluciones dramáticas de manual, de escarceos argumentales caprichosos, injustificados y bobalicones, que, además, una vez expuestos, no cesan de verse resueltos aclamándose a esa lamentable comodidad relatora que es el lugar común, la indecencia de lo previsible. La propuesta de Tamahori no supera en ningún momento el nocivo esquematismo con el que está impelido el más de los pacatos telefilmes de sobremesa vespertina. Un culebrón fotogénico, bochornoso y olvidable.

 

 

 

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