Fuocoammare Poster

Título original: Fuocoammare

Año: 2016

Duración: 108 min.

País: Italia

Director: Gianfranco Rosi

Guión: Gianfranco Rosi

Fotografía: Gianfranco Rosi

Productora: Coproducción Italia-Francia; Stemal Entertainment / 21 Unofilm / Cinecittà Luce / Rai Cinema / Les Films d'Ici / Arte France Cinéma

NOTA. 6.5

Sobre Gianfranco Rosi va a pesar como una losa la responsabilidad histórica de haber logrado que, por primera vez, un documental se alzara con el premio más importante de un gran certamen cinematográfico. Ocurrió hace dos años en Venecia, cuando SACRO GRA, su interesante acercamiento a un grupo de vecinos de la ciudad de Roma que viven junto a la autopista que circunvala la gran capital italiana, se alzó de con el León de Oro de la indispensable cita transalpina. Y decimos que le va a pesar como una losa, puesto que cada una de sus nuevas propuestas va a ser aguardada con una expectación, que, quizás, a su enjundia realizadora le quede un poco grande. FUOCOAMMARE se conforma como la perfecta ejemplificación de este aserto. Tanto más si cabe, aún, cuando acaba de alzarse en Berlín, con un Oso de Oro a la Mejor Película, máximo galardón del certamen germano, que, en modo alguno, a juicio de quien esto escribe, merecía.Fuocoammare2

El nuevo (y ya laureado) proyecto del italiano nos traslada hacia uno de los lugares más convulsos y ominosos de la reciente historia europea. Rosi se allega hasta Lampedusa, la isla del archipiélago de las Pelagias, que, dada su singularidad geográfica, se ha convertido en la principal puerta de entrada de navíos provenientes de la cercana costa norteafricana, cargados con hacinados grupos de seres humanos ansiosos de huir de sus respectivos orígenes. No tardamos nada en apercibirnos de que, en principio, vamos a ser testigos de las atroces consecuencias deparadas por este inatajable éxodo que golpea a Europa en la misma médula de su dignidad.

Lampedusa está mucho más cerca de Túnez que de Sicilia, por eso se ha convertido en el objetivo idóneo para las mafias que se aprovechan de las necesidad y la desesperación de quien paga a precio de oro un pasaje en un barco, que, además de someterlo a un trayecto vejatorio, inhumano, atroz, muchas veces concluye en defunción suya, de sus allegados, o de sus compañeros de calvario. Más de quince mil fugados, así se encarga de darlo a conocer un texto al comienzo del film, han encontrado la muerte en el mar en los últimos años. Lampedusa, se ha convertido, en un lugar del Mediterráneo a cuyas costas arriban oleadas de angustia, infamia, hambre, miseria y fatalidad definitiva.

La magnitud dramática de la tesitura emplazada hace prever un acercamiento descarnado, frontal y directo. Sin embargo, el mayor acierto de FUOCOAMMARE quizás lo reporte la decisión de Rosi de no apartarse un ápice de su particular protocolo escénico ya estimulado en su exitoso anterior film. Esto es, el atender mucho antes a un pincelado humano del territorio escrutado por su cámara que a un planteamiento canónico documental, empeñado en la mostración sin ambages de la gravísima problemática social e histórica llamada a ser auscultada.Fuocoammare

De esta forma, FUOCOAMMARE, como ya ocurría en SACRO GRA, estimula en primer lugar la convocatoria de una serie de personajes sitos en el ámbito geográfico escudriñado. A través del seguimiento que se les va a hacer a éstos, poco a poco, el espectador va a ser emplazado a tomar consciencia de la gravedad de los hechos y situaciones contempladas. En esta ocasión, nos hallamos frente a un médico, a un buceador, a un locutor de radio, a una familia de pescadores y, sobre todo, frente a Samuele, un chaval de unos once o doce años, mucho más empeñado en disponerse de un certero tirachinas que de tiempo para centrarse en sus estudios.

La observación de la cotidianeidad de todos ellos va a irse vertebrando el verdadero objetivo de Rosi: establecer una evidente comparativa entre la sencillez de una vida condicionada por el ámbito pesquero del lugar y la desesperación mortuoria que acecha proveniente del mar en forma de rostros humanos famélicos, exhaustos, temblorosos, perdidos, con la vida en el límite de su energía. Como ya ha quedado dicho, el análisis de la problemática de este éxodo vil y mortal a través de las fauces saladas de un mar siempre dispuesto a engullirlos no estalla mediante una mostración reiterada de esta barbarie sino que se suministra reflexionada, dispuesta para que de la comparativa de existencias el espectador saque sus propias conclusiones. En ese sentido, cabe afirmar que el mejor momento del film, el que se apresta a cuajar la magnitud que debiere haber transitado las entrañas de un film como éste, lo depara la impresionante alocución del médico, con diferencia, el mejor personaje del film.

Y decimos que debiere haber recorrido esencialmente a la totalidad del resultado final, porque, por desgracia, el film no lo hace, sucumbiendo a una excesiva voluntad atemperadora. Pese a la validez, a la nobleza, a la integridad de la intentona, FUOCOAMMARE concluye víctima de una coaccionadora falta de riesgo por parte de su autor, puesto que, en ella, no hace otra cosa sino acoplar a la luctuosa, desesperada realidad de Lampedusa el mismo dispositivo escénico que facultó al objetivo a escudriñar en SACRO GRA. Fuocoammare 3Y la diferencia de contenidos de partida, en tan disímil presupuesto temático inicial, si hubiere debido, por lo tanto, alterar el orden de las facultades pergeñadas.

El problema principal de FUOCOAMMARE es que lleva al límite de lo necesario su prudente mesura no exhibitoria. La imposición de no mostrar de forma cruda, desde el principio de su itinerario, la nauseabunda realidad de la muerte amontonada que es su factor generatriz obliga a detenerse más de la cuenta en la observación de los personajes escogidos para tratar de poner en evidencia la cotidianeidad de los vecinos de esa negra defunción arribada cual cargamento de desahucios.

Ocurren dos cosas entonces: una, la excesiva preponderancia dada al arrollador atractivo dado a un hallazgo tan incuestionable como es la desenvoltura frente a la cámara de Samuele, que, quizás escatime profundidad al problema de fondo y tolere una inercia mucho más cordial de lo tolerable; otra, la más severa, que el trato dado a todos los lugareños evita de forma incomprensible (hecha la mencionada excepción del médico) trasladar al espectador el modo en el que estos afrontan ser testigos de esa ominosa lacra. Prima más la comparativa entre civilizaciones (la de quienes llegan y la de quienes disfrutan de los privilegios de la europea –alimentación, trabajo, sanidad, escuela, etc.-), que el estudio sociológico de una situación tan extrema.

No queremos ver a la familia de Samuele comiendo pasta mientras en televisión dan noticia de lo que está ocurriendo cerca de casa, sino que interesa mucho más saber cómo ésta es capaz de sobrellevar su día a día sabiendo de la barbarie que está llamando a su puerta, cómo han cambiado sus habitualidades desde que se han convertido en el certificado de defunción de tanto tormento, cómo asumen saberse paradigma de la inmoralidad de la historia contemporánea europea. Por eso, cuando, finalmente, Rosi ataca de forma categórica la fatalidad apelotonada y asfixiada de uno de estos navíos de la vergüenza, el espectador cae en la cuenta de que se ha desperdiciado una buena ocasión para gestar un documental definitivo que FUOCOAMMARE, aún emotivo, aún  perfectamente ejecutado, aún ejercicio de pertinencia irrebatible, sólo es de forma intermintente.

 

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