20160215 003417 Resized

 

DEATH IN SARAJEVO, de Danis Tanovic

Nota: 8.4

Hay cineastas sobre los que pesa de forma nada benéfica el clamoroso consenso crítico y público de una obra, que, desde luego, era digna merecedora de esa repercusión, pero que, tras la cual, dada la magnitud de ésta, parece que ya nunca más van a volver a repetir la solidez acreditada en ese preciso momento de su particular trayectoria. Cineastas de un solo film. Danis Tannnovic es uno de ellos. Sobre él recaerá siempre el recuerdo de la cínica solvencia dramática con la que resolvió el difícil brete de EN TIERRA DE NADIE, su magnífico debut en el terreno del largometraje. El cúmulo de reconocimientos recibido contrasta abruptamente con lo errático de una carrera, que, a partir del año 2001, ya no ha cosechado, ni mucho menos, los mismos reconocimientos.

Afortunadamente, DEATH IN SARAJEVO nos devuelve el pulso para la vitriólica auscultación de un hecho histórico contemporáneo, que, por su puesto (ya lo demostró en el film antecitado), él conoce bien: el estado de las cosas en los Balcanes, tras el execrable conflicto bélico que allí tuvo lugar en la década de los años noventa tras la caída del régimen yugoslavo. En el fondo, siempre Europa y los monstruos generados por la razón y su envés. La Historia con mayúsculas y ese reverso oculto de sus páginas que es el ínfimo submundo cotidiano de los hechos consecuentes a esos hitos y que jamás merecen hueco entre el redactado de los anales definitivos: la Intrahistoria y, por qué no, sus mayúsculas, que también las tiene.

El film atiende a un buen puñado de subtramas, todas ellas perfectamente entrelazadas y sometidas al imperativo espacial de verse desarrolladas dentro de uno de los principales hoteles de Sarajevo. Este sometimiento espacial define el tono abigarrado, activo, proclive al entrecruzamiento y pululadamente claustrofóbico que el realizador se exige autoimponer para encauzar significadamente el devenir de la historia. Junio de 2014, en el Hotel Europa van a alojarse los principales mandatarios que van a acudir a la capital para celebrar el primer centenario del comienzo de la 1ª Guerra Mundial, dando capital importancia, cómo no, al hecho de que en Sarajevo tuvo lugar el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria, cometido por el joven Gavrilo Princip, de sobra conocido, hecho que es considerado como el desencadenante de la contienda.: las primeras imágenes del film refieren este hecho, mediante una entrevista televisiva que da cuenta de los distintos avatares acontecidos al monumento que los ciudadanos de la ciudad elevaron junto a un puente.DEATH

Esta cita internacional de alto nivel diplomático, pese a que no va a dejar de estar presente durante todo el metraje del film, muy pronto se va a tornar en la excusa de fondo del verdadero interés de la trama urdida por el material escrito. El objetivo, lejos de analizar analíticamente la magnitud de la efeméride, será el de seguir las tesituras de unos cuantos personajes, la mayor parte de ellos directivos o empleados del hotel. Tenemos al director del mismo, empeñado en que todo salga primorosamente y en tratar de convencer a sus empleados de que no cumplan con la amenaza de huelga laboral convocada justo para ese día, a su eficaz jefa de recepción, enfrascada en ayudar a aquel por el bien de la crítica situación económica del establecimiento, a la madre de ésta, que va a sere elegida como cabecilla del comité de huelga, a una locutora de televisión que entrevista en la azotea del hotel a los invitados de su programa, a uno de éstos que resulta ser un serbio que se llama igual que el magnicida, a un importante invitado alojado en la suite principal, que no hace sino ensayar un difícil y problemático discurso y a un empleado de una agencia de seguridad encargado de velar por éste.

Digámoslo ya: DEATH IN SARAJEVO es un soberbio ejercicio cinematográfico, que no alcanzaría la hondura significativa que posee de no mediar la gran capacidad de atención a todas y cada una de las tramas que impone Tanovic para estar a la altura, encuadrar con precisión y no menguar un ápice la arrolladora y milimétrica precisión de un guión sobresaliente. A todos los personajes convocados se les va a ir convocando a una encrucijada inesperada que cada uno habrá de resolver, aunque sea a costa del perjuicio de otro. La amalgama de las respectivas tesituras, pese a lo numeroso y a lo confluido del difícil entuerto, está resuelta con implacable, ágil e inmisericorde fijeza mostrativa.

La cámara de Tanovic literalmente se convierte en briosa guardaespaldas de cada uno de los personajes. El realizador implica constantemente a una cámara en constante movimiento, que se adhiere a la espalda del personaje que le toca encuadrar para estrecharlo en su andadura. Prima, se persigue, se reclama una ardua e incierta sensación de hormigueo, de improvisación, de frenesí : de alguna manera se busca –y se logra- capturar la sensación de nerviosismo histórico, que, dada la excusa de partida, atañe, por un lado, a la incertidumbre de los tiempos convulsos que dieron lugar al gran conflicto de 1914, por otro, a las heridas aún candentes de la onerosa contienda balcánica de hace dos décadas, y, finalmente, a las enormes dificultades laborales, sociales y económicas que nos azotan hoy en día.

ALONESin mediar impostura discursiva, sin permitir que el marco alegórico descabalgue al relato del tono realista al que se constriñe, DEATH IN SARAJEVO descerraja una severa, rigurosa y pesimista reflexión sobre los aleccionamientos nunca aprendidos de la historia, sobre los vicios no resueltos de la gran Historia europea, sobre lo difícil y frágil que es alcanzar la armonía global, sobre la dialéctica Historia/intrahistoria y el modo en el que la primera afecta a los moradores de la segunda, sobre la imposibilidad de un acuerdo común, sobre el devenir del hombre aceptado como resultante de acontecimientos y como gestador de otros nuevos que no son capaces de mejorar el dislate anterior. Un ejercicio original, fustigante, pertinaz y tenso, que, sin duda, logra el objetivo de escenificar un vasto y sacudido cuaderno de anotaciones de implacable pertinencia sociohistórica.

 

ALONE IN BERLIN, de Vincent Perez

Nota: 3

Decepcionante recreación histórica la que aporta Vincent Perez mediante esta prescindible, roma y añeja ALONE IN BERLIN. Su apuesta no aporta nada en ningún sentido. Ni como producto encuadrado en ese vasto corpus de films desarrollados temporalmente en torno al periodo nazi, ni como ejercicio cinematográfico en sí mismo, esto es, en tanto en cuanto producto capaz de desarrollar con entereza y solidez el propósito argumental que le da inicio.

Junio de 1940, el ejército alemán ha derrotado a las tropas francesas en el país galo. La primera escena del film describe la muerte de un soldado alemán en el frente de esa contienda. Por lo tanto, la lógica alegría que estalla en las calles de Berlín al conocerse la victoria no es compartida en el hogar del finado. Sus padres, más allá del lógico dolor, reaccionarán de muy lúcida forma, por cuanto asumen la muerte del hijo como capricho de un líder, de quien se niegan a esperar nada bueno para su país. “Hitler es un mentiroso” exclamará la madre en el momento de leer la carta que les anuncia la fatal noticia. A partir de ese momento el padre decidirá iniciar la escritura de una serie de postales anónimas en las que expone abiertamente esa conclusión. Junto a su esposa irá dejándolas en distintos puntos de la capital germana. La Gestapo no tardará en encargar a un comisario de policía que se encargue de la investigación del caso, logrando esclarecer la identidad del autor de los anónimos.

El film es un dechado de defectos intolerable. El guión no trata jamás de profundizar en los hechos, ni tratar de aportar un acercamiento original a la conocida temática. Nos hallamos frente a un producto de rancia vocación telefílmica, que supedita todo su devenir a la archisabida refrenda del temible “basado en hechos reales”, y, por lo tanto, limitándose a cumplir con la presunta voluntad fidedigna, pasando por alto la necesaria verosimilitud fílmica. La realización de Perez es plana, acomodaticia e incapaz de elevar el tono de melodrama histórico al uso, plano, previsible y de rutinario acatamiento empobrecedor, maniqueo, injustificado. Ni la prestación de unos desaprovechadísimos Emma Thomson y Brendan Gleeson son capaces de disimular la escuálida insignificancia del producto. Grisura y medianía total.Crosscurrent Scene Berlinale

 

CROSSCURRENT, de Yang Chao

Nota: 0

Deleznable galimatías psicoespiritual el que trata de embutirnos esta desahogadamente transcendental producción china, que hace todo lo posible, la pobre, por narrar una historia de brumosa magnitud íntima, inscrita en la vastedad acuática, inmensa y misteriosa del río Yangtze. Un joven capitán de un navío acaba de enterrar a su padre y decide emprender un largo recorrido por el citado itinerario fluvial con la intención de dar descanso definitivo al alma paterna y, a la vez, de hallar definitivamente la estabilidad afectiva buscando desaforadamente el amor en todos los puertos. Lo que ocurre es que el amor en todos los puertos tiene la misma cara, el padre no sabemos si descansa o toma colacaos, y el hijo, sí lo padecemos, recita poemas, va a los templos y no tiene la piedad de hundir el barco a la media hora.

Morosidad líquida, abrumación paisajística, abuso constante de planos generales, agua, agua y agua, por lo tanto, trascendencia con destino al naufragio. La cosa se quiere de devaneos budistas, líricos y autobenefactores y acaba convertida en espiritualidad de casette de gasolinera. Vamos, como leer a Confucio y tener antojo de El Fari. Un suplico chino al que, de las tres delicias, le faltan cuatro.

 

 

 

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