3 DAYS IN QUIBERON, de Emily Atef

Nota: 8

El reto de una aproximación a uno de los iconos más controvertidos, venerados y trágicos de la interpretación europea de la segunda mitad del siglo XX, a pesar de su lógico y cuantioso atractivo, en principio, no debiere ser un reto fácil de aceptar. Llevar a pantalla grande una semblanza de un personaje tan atractivo como el que se gestó en torno a la inolvidable, enorme actriz, Romy Schneider supondría, cuanto menos, la imposición de saber no ceder a no pocas tentaciones, todas ellas, con seguridad, inherentes a los riesgos de involucrarse en un género tan previsible en sus peajes como el del biopic. Afortunadamente, la joven realizadora alemana (de ascendencia franco-iraní) Emily Atef sabe sobreponerse con estimulante prudencia a esos dos obstáculos: al de involucrarse en ese género sorteando cautelosamente las trabas propias de este canon, y, sobre todo, al de saber estar a la altura del mito evitando esa elevación, por cuanto su aproximación fundamenta la validez de su profuso coraje desmoronando al mito sobre su carne y sobre su hueso, esto es, acariciando severamente su dimensión de ser humano atormentado y, a duras penas, vivo.3 Days Quiberon 2

El film fundamenta su espina dorsal narrativa en torno a un legendario hito periodístico: la entrevista que, en 1981, pocos meses antes de su prematura muerte, la protagonista de LO IMPORTANTE ES AMAR, concedió al periodista de la revista germana “Stern”, Michael Jürgs, acompañada de la valerosa sesión de fotografías que, con motivo de ese encuentro, hizo Robert Lebeck. El lugar elegido para la reunión fue en la localidad costera del oeste de Francia, Quiberon. 3 DAYS IN QUIBERON, por lo tanto, parte de una premisa tan oportuna como facilitadora de la empresa de aprehender la figura histórica sobre la cual gira el producto.

Esta no es otra sino la muy explícita (ya desde el título) acotación temporal en torno a la que gira el cometido. Se trata de analizar una mínima parte de la biografía, para, mediante ella, dar buena cuenta de la complejidad del personaje llamado a ser diana de la radiografía. Atef lo consigue de sobra. Su protocolo auscultador no cesa en ningún momento de circunscribirse a la demarcación temporal citada, y, por lo tanto, la pormenorización se ejecuta mucho más emocional que biográfica. A la realizadora le interesa la actriz austriaca, pero circunscrita inflexiblemente a la encrucijada personal en la que se hallaba en el momento en el que ésta se prepara a someterse al juicio del implacable periodista germano. Su postulación es un auténtico protocolo de cautelas y exigencias, entre las cuales, basculan al mismo nivel, la inclemencia y el escrúpulo esgrimidos en el interesante itinerario de revelaciones llamado a ser investigado.

El film trata en todo momento de ser fiel al resultado final de la entrevista autorizada por la actriz, esto es, al estupor generalizado con el que fue recibido un artículo en el que, como pocas veces había sido tolerado, la imagen dada por la estrella mediática misma distaba mucho del glamour, la frivolidad y la encandilación fotogénica. 3 DAYS IN QUIBERON busca el corazón abierto, la sinceridad a bocajarro, los grises de la fotogenia, la verdad quebrada tras la falsa apariencia, la trastienda dolorosa e insoportable del rostro conocido, de la portada, del foco. Atef lo consigue haciendo mediar una puesta en escena marcada por una magnífica fotografía en blanco y negro que, por un lado, cercena la posibilidad del fulgor de la luz natural del entorno para un relato mucho más teñido de sombras que de esplendencias, y, por otro, anuncia de algún modo ese hurgar en el lado ajado, nebuloso y afligido de un mito viviente que no cesaba de lamentar los añicos obligados por el pago de esa leyenda.

3 DAYS IN QUIBERON adopta la forma de un pactado cuadrilátero en el que,  además de los tres citados púgiles (Schneider, Jürgs y Lebeck), formó parte una de las personas más allegadas a la intérprete, su amiga de la infancia, su amiga Hilde. El celo de esta última en la defensa de la dignidad minada y zaherida de actriz, la dureza y la falta de escrúpulos que impone el periodista, conocedor de los réditos profesionales que le prestan esa insólita e inesperada  voluntad de tumba abierta y de  flaqueza, tambaleo personal demostrados por la Schneider, y el cariño devoto con el que la atisba siempre el fotógrafo van conformando una cruenta y estratégica  batalla de intereses afectivos y profesionales, todos ellos enfrentados sobre el escenario de un estado emocional exclamado por la actriz (una perfecta Marie Bäumer, implicada hasta la médula en la fragilidad y el hartazgo emocional de su personaje), ahíto de fustigación intimada, consciencia de flaqueza, abandono a  aflicción. 3 DAYS IN QUEBERON, en definitiva, se confirma como una sólida reflexión sobre la compleja, atormentada figura del juguete roto;  como un hermoso film en el que se tiene el valor de proclamar con brío, justeza y ternura la verdad de un ser humano harto de su rutilante estela.

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