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Alain Resnais gana el Premio Fipresci y la germano-iraní Sudabeh Mortezai sorprende con MACONDO

La Berlinale 2014 ya ha dispuesto todas sus cartas sobre la mesa. Hoy los puntos más importantes del día son, precisamente, atender a los dos films que cierran el concurso. Mañana daremos a conocer nuestra quiniela. A estas horas, sí podemos avanzar un dato: nada hay decidido. Las apuestas no tienen un claro vencedor, aunque en el ambiente parece haber un cierto consenso de que el Oso de Oro es cosa de BOYHOOD, de Richard Linklater, que recibió la ovación más grande por parte de la prensa especializada, o de KREUZWERG, de Dietrich Brüggremann.

Los corrillos de los corresponsales que están aquí desde el pasado día 6 advierten de que las presiones para que el premio gordo sea alemán son tremendas, dado la decisión, muy criticada no sin falta de obvios argumentos, de la enorme presencia de films alemanes a concurso (cuatro, más otros tantos en los que hay invertido dinero de productoras del país). Lo mismo cabe decir con respecto a la representación china, puesto que son tres los films de esa nacionalidad que optan al Oso de Oro.

Sea como sea, el jurado presidido por el guionista y productor de cine James Schamus, e integrado entre otros por Christopher Waltz, Tony Leung, Barbara Broccoli, Trine Dyrholm y Michel Gondry, ya ha efectuado su dictamen, puesto que la organización siempre ruega más de 24 horas de antelación para que se pueda contar en la ceremonia de entrega de premios de mañana sábado en el Berlinale Palast con el mayor número posible de ganadores de premio subidos en el escenario.

Por lo demás, ya podemos anunciar que hace escasamente hora y media se ha dado a conocer el primer premio importante. Como es costumbre, un día antes del palmarés, el Jurado Fipresci (Asociación de Prensa Cinematográfica Internacional) ha hecho público los nombres de sus dos películas preferidas y, por lo tanto, valedoras de este reputadísimo premio: han sido AMER, BOIRE, CHANTER, del veterano director galo Alain Resnais, en la Sección Oficial, y HOJE EU QUERO VOLTAR SOZINHO,  del brasileño Daniel Ribeiro, en la Sección Panorama.

THE LITTLE HOUSE (CHIISAI OUCHI), de Yoji Yamada

Nota: 8.2

Cuando aún está reciente el recuerdo hace pocos meses de UNA FAMILIA DE TOKIO, el magnífico remake de CUENTOS DE TOKIO, la obra maestra de Yasujiru Ozu, el veterano cineasta nipón Yoji Yamada (nació en 1933) presenta en Berlín su nueva obra. Asombrosamente, THE LITTLE HOUSE sigue acreditando la maestría de uno de los pocos creadores audiovisuales que, a contracorriente, de forma se diría que contestataria de puro insólita, decide seguir oficiando su profesión ateniéndose al canon del cine clásico puro. Habrá quien lo catalogue  de anacrónico, de rancio, de superado por el tiempo… Para quien esto escribe, el anacronismo de llamada sólo cabe calificarlo de milagro.Little-House-3

Yamada sigue ateniéndose a la honestidad fílmica en la que embarcó su obra tras el inicio de la llamada Trilogía del Samurai. Continúa fiel a ese espíritu humanista, respetuoso y cargado de emoción disimulada gracias al cual ha conseguido forjar un estilo inconfundible y, sobre todo, visto el panorama de la cinematografía contemporánea, muy necesario: ese gusto por la hegemonía de cámara fija, por el encuadre clásico, por la gramática del cine hasta la llegada de los movimientos de los años sesenta, en la que el cineasta debía expresar sentimientos, tomas de posturas, arrebatos y contenciones sometiéndose al imperativo de unas reglas escénicas inquebrantables, por el mimo constructor de planos inscritos obedeciendo a la lógica de la narración, o por la sencilla pulcritud del ordenamiento de los objetos dentro de la acción encuadrada…  Sí, es cierto, Yamada pertenece a otro tiempo y por eso cautiva el esfuerzo que hace por reclamarlo.

THE LITTLE HOUSE nos propone, de partida, un tipo de narración en la que ya ha embarcado más de un proyecto anterior: la del relato contado; esto es, la de un hilo narrativo del que surge otro, que se constituye en el segmento narrativo principal. Como muchas veces en Yamada, el ejercicio de la memoria actúa como dispositivo dramático de primer orden; la revelación de hechos no conocidos disponiendo ese sigilo cauteloso y cortés al que el director responde con el sabio comedimiento de su postura tras la cámara. LITTLE-HOUSE-4El respeto para con la voz que ya no existe o que confiesa como mandato firme e inexcusable.

En esta ocasión, el entramado argumental se inicia con el entierro de una anciana solitaria. En el sepelio están sus más allegados: sus dos sobrinos y el hijo de una de ellos. Oficiada la ceremonia, todos acuden a la casa de la difunta para emprender las tareas de desamueblarla. La sobrina encuentra una caja en la que la difunta ha dejado escrito que quiere que sea para el hijo de ésta. Él lo abre y encuentra, escrito con su propia mano, el relato de sus memorias, que él mismo le había conminado a concluir. THE LITLE HOUSE narra la existencia de esta anciana que acaba de morir, centrándose sobre todo en el espacio de su vida que pasó en Tokio, trabajando como criada en una casa, en la que ella será la testigo principal de una historia de amor imposible entre la señora y un compañero de trabajo de su marido.

Impecable y maestro como siempre, Yamada dispone toda su acreditada brillantez para el sigilo y la cuidada transparencia que necesita el relato contado. El realizador japonés brinda una admirable lección de miramiento, solicitud y densidad de contemplaciones cautelosas, en el que indaga en el universo del melodrama romántico estilizado, nada estridente, como siempre elegante de planteamiento realizativo y esmerado en la gradación de los afectos y las acometidas emocionales. Causa un inmenso placer asistir al festival de mesuras narrativas y escénicas mediante el que Yamada resuelve la complejidad observativa que le prestan una mujer enamorada que no puede dar rienda a esa pulsión y la mirada temerosa, cortés, analizante, obediente y cómplice a su pesar de la única mujer que sabe de ese amor. Yamada ha vuelto a demostrar que pocos como él saben aprehender el peso de las heridas de una vida a lo largo de su tiempo.

MACONDO, de Sudabeh Mortezai

Nota: 7.6

Notable debut de la germano-iraní Sudabeh Mortezai el que ha dispensado en la última jornada de la Berlinale esta joven realizadora, de padres iraníes, nacida en Alemania, criada en Teherán, estudiante de teatro en Viena y de cine en la Universidad de California.Macondo-1 La solvencia para con el cine de corte realista, de vocación denunciativa, atento a los problemas socioculturales de la sociedad que nos rodea no ha se le ha podido escapar a nadie. MACONDO atesora un nada despreciable bagaje de firmeza escrutativa y de hondura analítica.

MACONDO nos traslada hasta un barrio de Viena, concretamente hasta uno situado en el distrito de Simmering, dentro del cual unos modestísimos pisos han sido dispuesto para que vivan en él más de 3000 exiliados provenientes de 22 países distintos. El film se centra en una familia de chechenos,  huída allí tras el conflicto bélico con Rusia. Una mujer, un niño de once años y dos gemelas de unos ocho. El padre murió combatiendo en el frente. La película empleará como punto de vista principal mediante el que exhibir la problemática de todo ese tipo de seres humanos desplazados por supervivencia el que dispone la personalidad avispada, responsable, honesta y disimuladamente rota de Ramasan, el hijo.

El primer trabajo de esta joven realizadora pertenece a esa clase de ejercicios en los que la cámara se postula a ejercer tareas de vigilante, de perseguidor, de sombra alumbrativa del objetivo al que pretende radiografiar en toda su máxima extensión. En este sentido, Mortezai logra con creces su objetivo, pues sí consigue, sin trampas sentimentaloides, sin brusquedades hiperrealistas, sin alharacas compasivas ni sangrantes, que el espectador de la cinta acceda a la existencia difícil, tensa y expectante de Ramasan. MACONDO-2La cámara en mano, obviamente, como no podía ser de otra forma, se convierte en el instrumento principal escénico empleado por la directora para que su punto de partida intencional alcance la complejidad y la profundización estipuladas.

MACONDO se adhiere al niño (sensacional el pequeño Ramasan Minkailov ) y de esa incesante observación se vislumbran sus problemas debidos a la ausencia del padre (ese retrato a la entrada de la casa, el reloj recuperado), a la burocracia austriaca (el miedo por parte de la madre a solicitar papeles en su país), a la llamada de la religión a la que pertenece su madre, a la vida humildísima, carente de capricho alguno que lleva su familia (escenas en el supermercado), a la autoimposición de convertirse en el hombre de la casa (los continuos mandatos a sus hermanas pequeñas), a las tentaciones delincuentes a las que él hace frente en principio (el robo no culminado de las pilas), o a la llegada de un hombre que dice haber sido compañero de armas de su padre y que intuye que quiere acercarse a su madre.

La narración queda constituida como la suma de todo este cúmulo de pequeñas peripecias que irán, poco a poco, condensando una razonable sensación de peligro. La directora demuestra en todo momento que sabe lo que tiene entre manos y lo que no debe hacer. Una película valiente, sincera, clara y necesaria, que sabe estar a la altura del propósito desde el que parte sin caer en maniqueísmo, simpleza o brutalidad algunos.

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