El Poder Del Perro 6

Título original: The Power of the Dog

Dirección: Jane Campion

Guion: Jane Campion, sobre novela de Thomas Savage

Música: Jonny Greenwood

Fotografía: Ari Wegner

Reparto: Benedict Cumberbatch, Jesse Plemons, Kirsten Dunst, Kodi Smit-McPhee, Thomasin McKenzie, Frances Conroy, Keith Carradine, Geneviève Lemon, Peter Carroll, Adam Beach, Karl Willetts, Yvette Parsons, Tatum Warren-Ngata.

Nota: 9

Comentario Crítico:

Casi doce años han transcurrido entre el estreno de BRIGHT STAR y el de la presente THE POWER OF THE DOG. Más de una década sin saber nada, en lo que a producción cinematográfica se refiere (ha firmado dos temporadas de una serie de televisión, TOP OF THE LAKE), sobre Jane Campion, la realizadora neozelandesa que deslumbró al mundo entero con EL PIANO en el año 1993. El éxito de este delicado y turbio análisis sobre la perversión implícita en la obcecación de todo lazo amatorio, que venía a hostilizar de modo asaz levantisco el romanticismo fílmico de finales del siglo XX, sin embargo, no tardó en volverse en su contra.

Ninguna de sus siguientes producciones le volvió a granjear la misma consideración. Ni crítica ni pública. Durante todo este lapso temporal, ha estado dando la impresión de que se había convertido en el paradigma de profesional de la cinematografía engullida por el peso de la fama del renombre de un título, dada la magnitud de su imponencia referencial, convertido en losa.  El Poder Del Perro 1

Afortunadamente THE POWER OF THE DOG parece destinada a volver a poner las cosas en el sitio en el que estaban hace más de una década. Lo merece. Nos hallamos ante una obra en la que fascina sobremanera el calibrado sosiego orfebre desde el que está pensada. Se nota que el paso de este tiempo ha sido empleado para que el logro en este empeño fuera el requerido: ese que está justo a la altura del enorme riesgo contraído por él.

El regreso de Campion tras la cámara posee esa contundencia ganadora de las obras llamadas a perdurar eternamente en nuestra retina. Quedamos emplazados frente a un film sencillamente portentoso en lo exacto de su prolija estrictez, de esa laberíntica meticulosidad escénica mediante la que está conspirada una puesta en escena en la que cada detalle es un todo y, al mismo tiempo, todo está al servicio de cada detalle.

Armónica en sus resoluciones hasta la exquisitez, enhebrada con la puntillosidad de un bordado de realce, siempre tajante y hosca de intenciones y advenimientos, fluye cauta, remonta prevenida, avanza perseverando en un minimalismo extensivo que atiende con la misma circunspección tanto la pequeñez de un objeto entre manos como el fondo decorativo o paisajístico en el que maquina, calla o se resigna quien esas manos hace actuar o cerrar convertidas en temor estrujado.

En su nivel estrictamente enunciativo, THE POWER OF THE DOG, basada en la novela homónima de Thomas Savage, escrita en 1967, narra el cúmulo de récelos fraternales que se desatan entre los hermanos Phil y George Burbank, dos acaudalados propietarios de un rancho en Montana, cuando el segundo decide casarse con Rose, una viuda propietaria de una hospedería, que tiene un hijo de marcado carácter introvertido que anhela ser médico, y a quien, dado el violento carácter de Phil, la decisión tomada por su madre distará mucho de agradarle, aunque la acepte por el profundo afecto que siente hacia ella.El Poder Del Perro 2

La primera osadía que Campion sabe bregar con resonante (nunca nostálgica) consistencia es la de, en el planteamiento del film, durante lo que dura el soberbio arranque y la presentación de los cuatro personajes principales, convocar, citar, permitir que merodee de inmediato la reconocible geografía icónica del universo del western. Las vestimentas de los personajes, un rancho, un ganado, un traslado de reses, el enclave desértico y despoblado escogido como entorno de todos estos elementos parecen advertir al espectador de que las intenciones del film son las de postularse como una incursión en un género, como bien es sabido, hoy en día  extinto tal y como fue concebido en las décadas de su mitico esplendor.

Sin embargo, este rescate no es tal. THE POWER OF THE DOG dista mucho de ser un western, la intencionalidad del film no es ni mucho menos circunscribirse a ese objetivo retrospectivo o contemporaneizante. El western aparece circunscrito como decorado mitológico, como aliado telúrico al que descabalgar, como elemento aportador de un telón de fondo cargado de significado, pero nunca como objetivo central. La película es un potentísimo drama en el que, como tal, mucho antes que adscribirse a los postulados, a las codificaciones de ese corpus, lo que viene a privilegiar es la pormenorizada aproximación a los conflictos generados por la interrelación de los peones llamados a jugar esa partida.

Dicha aproximación, no cabe otro calificativo, se antoja tan fascinante como brutal. De la misma forma que parece un western que no es, el film desgaja una pieza de cámara a cuatro voces, infectada de crueldad por el aliento secretamente trágico de dos miradas abismal y estratégicamente impostoras: una que calla lo que es y otra que se confabula con ese silencio mendaz para convertirlo en argucia definitiva. Sobre el extremado tacto con el que el guión escrito para esta sigilosa ceremonia de disimulos y flaquezas dosifica la progresiva confluencia de estas dos voluntades maquinadoras, la película fundamenta su inescrutable, temblorosa solidez.El Poder Del Perro 3

THE POWER OF THE DOG tiembla. Tiembla más que exclama. Tiembla, rehíla, amaga a conciencia desde su mismo inicio, cuando una voz sin rostro expone una íntima declaración de intenciones, una advertencia que solo el espectador escucha. Campion intensifica esta ocultación celadora que se impone como clima escénico privilegiando como opción atisbadora el reencuadre dentro del plano. Son numerosos los planos en los que la cámara, por ejemplo, se mueve dentro del hogar y los personajes son vistos a través de una puerta o de una ventana.

Reencuadrando se significa esa sensación de entresijo clandestino, de enmascaramiento de identidad, de reserva conspiradora, de discreción calculada. El personaje encuadrado se mueve ajeno a la mirada que permanece fuera de campo. Esta, en tanto que oculta, maniobra, planea, sentencia destino. La manipulación queda así simulada. Quien mueve los hilos fragua su influencia, ejerce su potestad sobre el que ha decidido infligirla. Semejante reverso de manejos intimidadores se sustancia magistralmente en la escena en la que Rose ensaya una pieza musical al piano, mientras la escucha en el piso de arriba su cuñado. Rose concluye su intento sabiéndose indefensa, cohibida, anulada. El influjo del no visto ha dictado su sentencia mortificatoria.

Tramada sobre este cúmulo de sibilinas prudencias y de sobrias intransigencias, THE POWER OF THE DOG deslumbra por la celosa cautela con la que se apresta a hilvanar el complejo tapiz de posicionamientos temperamentales que imbrica en su cuadrilátero. La cámara se mueve con tiento logrando en todo momento forjar un misterio despótico, inflexible y corroedor. No podía ser de otra forma cuando la voluntad que prescribe y trata de imponer el orden de los acontecimientos narrados es la de un ser opresor antojadizo, hosco, irrespetuoso, tan perspicaz como desalmado.

Un personaje descomunal, al que Campion se enfrenta cual si fuera la discípula aventajada de la compleja alevosía con la que aquel hace acatar su poder: acometiéndolo con la crueldad de las bestias heridas que, para vengarse, saben esperar a la frialdad de una trampa con la paciencia muy honda. Phil Burbank, ese vaquero sin western, ese hombre sucio y reencuadrado, ese arquetipo en busca de un tiempo pasado que lo ha dejado convertido en la emboscada de sí mismo, esa imagen reflejada en un espejo al que no quiere mirar, ese perro sin amo que lame las manos de un fantasma… THE POWER OF THE DOG, retorciéndose sobre una secreta zozobra,  sabe cocer a fuego fiel la compostura exigida por este pérfido retrato de un solitario con las tinieblas excedidas ardiéndole el ocaso de su desmoronada apariencia.

 

 

 

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