Currywurst

MUSEO, de Alonso Ruizpalacios

Nota: 8

La mona, aunque se vista de seda gris, mona vestida y gris se queda. La grisura, esa forma de eternidad, esa premonición de la nada. Es muy gris saber que, des la vueltas que des, acabarás siempre ungido de ese color. En ese color y en el mismo círculo. Irremediablemente. La vida, no nos engañemos, es el camino más gris entre los dos puntos que la facultan. Ni siquiera es recta. Pero sí gris. MUSEO, de Alonso Ruizpalacios elige a un protagonista y plantea todo el entramado narrativo de su film para que éste trate de responder a una pregunta: “¿Por qué has hecho lo que has hecho?” La respuesta, ya lo advertimos, no es ni blanco ni negro. Será del color en el que ambos se diluyen.  Sobre el misterio de la mediocridad, sobre los motivos que nos impelen a cometer nuestros actos, sobre el eterno camino contra nosotros mismos que define a toda existencia humana, MUSEO articula una preciosa fábula,  grisácea por fuera, pero proclamada de sincera luminosidad vertebradora por sus armoniosos adentros desencantados.

El nuevo film de Alonso Ruizpalacios lo sitúa en un universo social diametralmente opuesto al que supo encuadrar con tan inusitada pericia poética y escrutativa en su inolvidable debut, la aclamada GÜEROS.  Museo 1El retrato de tres jóvenes mejicanos, de baja extracción social, dispuestos en una noche a ir en búsqueda de un viejo cantante por el que el padre de dos de ellos sentía profunda admiración estaba liberadoramente ajusticiado mediante una sensible poética escénica, adherida siempre a un temple vislumbrador,  vitriólicamente compasivo, muy novedoso y pertrechado de atractiva brillantez. En esta ocasión, Ruizpalacios busca a los héroes para su relato en un ámbito bien distinto. Y, sin embargo, la idea del itinerario, de la ruta hacia la consecución de un objetivo obcecadamente personal, permanece intacta. La diferencia es que en GÜEROS los caminantes hacia el mito tenían muy claro el porqué de ese desplazamiento. En MUSEO no ocurre eso. Una de las claves del film la concentra lo bien mantenida que está la incógnita de esa motivación. Acaso, los dos protagonistas de esta aventura la emprenden para, al final, preguntarse precisamente eso, el por qué lo han hecho,  para, ni siquiera en ese lúcido momento saber ni qué responderse… la grisura, esa respuesta sin pregunta.Museo 2

Basada en un conocido acontecimiento histórico real que conmocionó a la sociedad mejicana, MUSEO nos  traslada hasta diciembre de 1985, en la capital, meses después del terrible terremoto que asoló a buena parte del país. Durante la Nochebuena de ese año un par de estudiantes de veterinaria se atrevieron, nada más y nada menos, ellos dos solos, a introducirse en el Museo Arqueológico Nacional, llegar hasta la sala Maya y hacerse con un asombroso e incalculable botín, consistente en más de 140 piezas de la colección allí custodiada y exhibida. El film analiza las circunstancias inmediatamente anteriores y posteriores, que rodearon a los dos saqueadores, Juan y Benjamin, concentrándose especialmente en el primero (soberbio Gael García Bernal, desenvueltamente maquinador prestando la pícara insignificancia, el compasivo egoísmo visceral que Juan le exige), un niño bien, educado dentro de una familia acomodada, hijo de un médico, al que la idea de inmiscuirse en este lance le procura una ilusión, un atractivo, al que, como ha quedado referido, no sabe hallar justificación.

MUSEO, en esencia, es una mordaz y pequeña película aventuras protagonizada por dos mediocres, a los que la propia inconciencia de sus decisiones irá ayudando a sortear los numerosos bretes en los que se van a ver en vueltos. El film se hace fuerte facultando que la narración de los muchos hechos hilvanados se vea sancionada de la descripción nada enjuiciada ni analítica con la que, poco a poco, se van acorralando a los personajes dentro de su profusa, atrevida, nunca malintencionada inmadurez. Fundamentalmente, al de Juan, que es quien parece manejar los hilos de las muchas imprevisiones suscitadas, y sobre el que pesa en el desenlace un ahondamiento dramático familiar áspero, magníficamente escenificado, durante una confrontación con su padre. MUSEO, durante su ágil trayecto narrativo, con sorna, paciencia, y sembrando brillantes incertezas, en definitiva, viene a proponer una validísima deliberación sobre la poquedad, el temor y la insatisfacción que produce saber de uno mismo que ya no va a saber más de lo que sabe. Que no es mucho. Ni poco. Pero es gris.

 

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