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Título original: Oblivion

Año: 2013

Duración: 126 min.

País: USA

Director: Joseph Kosinski

Guión: Joseph Kosinski, Michael Arndt, Karl Gajdusek (Cómic: Joseph Kosinski, Arvid Nelson)

Música: Anthony Gonzalez, M.8.3, Joseph Trapanese

Fotografía: Claudio Miranda

Reparto: Tom Cruise, Nikolaj Coster-Waldau, Morgan Freeman, Olga Kurylenko, Zoe Bell, Melissa Leo, Andrea Riseborough, Lindsay Clift, Jaylen Moore, Julie Hardin, Paul Gunawan, Jay Oliver, Jason Stanly

Productora: Universal Pictures / Chernin Enterntainment

Nota: 4

El aval de un despropósito tan olvidable como TRON: LEGACY no era precisamente la mejor garantía que Joseph Kosinsky podría acreditar para encender las  esperanzas previas  a este nuevo ejercicio. La huera ampulosidad y la anodina simpleza con los que estaba despachado ese remake venía originada por la nula capacidad del realizador para ceñirse sin alharacas a una historia que no requería de megafonía estridente y sí de reparación de defectos de partida. O de toma de decisión descuartizante en trituradora de papeles, que, convengamos, hubiera sido la menos dolorosa  de las soluciones .

Kosinsky, hay que reconocerlo, plantea OBLIVION desde una seriedad y un afán completamente distintos. Durante buena parte de su metraje, sobre todo en su primer tercio, se tiene la sensación de que intenta denodadamente superar las flagrantes insustancialidades aportadas en aquella. 

El presente film está resuelto con una elegancia audiovisual que en TRON: LEGACY no aparecía ni en los títulos de crédito. Sin embargo, pese a la estimulante resolución formal impuesta, OBLIVION sucumbe a un material escrito que, por diversas razones, primero jamás está a la altura del sólido embalaje que la contiene y, segundo, está maquinado con una contraproducente avaricia de citaciones cinematográficas previas.

OBLIVION zambulle su proposición en ese nutrido apartado de la ciencia ficción contemporánea que es el futuro contemplado como las consecuencias de un holocausto del planeta Tierra. Esto es, los vestigios reconocibles de nuestra civilización como enclave desértico, amenazante, incierto, sometido a la presión de unos intereses que ponen en riesgo la continuidad de la especie humana. El mítico final de EL PLANETA DE LOS SIMIOS influenciando, quizás hoy más que nunca, el devenir de un género que con la entrada del nuevo siglo parece estar obcecado en ese paisaje postapocalíptico.

En esta ocasión, contemplamos las actividades de un par de vigilantes y mecánicos, Jack y Victoria, que se hayan destinados en un punto del planeta, desde el cual controlan las actividades de unos artefactos mecánicos que tienen la misión de defender unas inmensas plataformas encargadas de extraer los recursos vitales que quedan en la Tierra, con el fin de que sean transportadas a una enorme nave espacial en la que están a salvo los supervivientes de la catástrofe. La llegada de una nave con una tripulante dormida a la que Jack reconoce y deja viva actuará como elemento desencadenador de unos hechos absolutamente inesperados. 

Como ya ha quedado dicho, las primeras secuencias de la película permiten que queden disipadas todas las dudas que la mentecatez de TRON: LEGACY permitían que albergaramos sobre la idoneidad de Kosinsky para situarse al frente de este empeño. La presentación del personaje principal, la descripción de su actividad y, sobre todo,  de la particular relación que mantiene con su compañera de labores celadoras toleran un lucimiento escénico imprevisiblemente seductor.

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El realizador sabe capturar la inquietante particularidad que define la soledad de los dos personajes, enmarcada en, por un lado, la gélida e impoluta armonía la arquitectura elegida para la residencia en la que viven y que, al mismo tiempo, hace funciones de centro de control y operaciones desde el que reciben la órdenes de sus superiores en la nave a la que ya no les queda mucho tiempo para volver y, por otro, la desértica, arenosa, omnipresente, herrumbrosa devastación aportada por el paisaje exterior por el que Jack debe transitar.

A tal efecto sólo cabe calificar de deslumbrante la puesta en escena exhibida por Kosinsky. La escenografía, tanto en los movimientos de cámara empleados como en la incorporación de los distintos elementos escénicos diseñados para la ocasión (los robots vigía, las vehículos de Jack, el diseño de la vivienda, la piscina, la plataforma desde la que parten y a la que llega el protagonista, las centrales succionadoras, los restos de nuestra civilización abandonados,  corroídos, hechos ruina) acumulan un validísimo interés.

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Sin embargo, la dramaturgia le vuelve a jugar una mala pasada al realizador. A OBLIVION le pierde su dependencia de esa impecable puesta en escena ornamental, pues con la llegada de la extraña mujer dormida, esto es, cuando el film debe depender de la progresión narrativa de los hechos, cuando debe emerger la historia sin depender del formidable dispositivo pergeñado para empaquetarla, ésta da muy pronto señales de insuficiencia. OBLIVION, fuera de su novedosa arquitectura, es rebuscada imperativamente y, a la vez, simplona por dejadez y por acumulación de influencias demasiado evidentes.

La película se estrella contra su propio abandono copiador: WALL-E, 2001: UNA ODISEA DEL ESPACIO, ALIEN, MOON, LA GUERRA DE LAS GALAXIAS y alguna que otra obra más comienzan a reclamar su pizca. Y no es que semejante operación no sea válida en sí misma por el hecho de haber sido así concebida. No, a estas alturas de la historia, debe uno hallarse ante una barbarie muy desahogada para tildarla  de copia. El problema de OBLIVION es que esa flagrante evidencia podría haber sido maquillada si el guión no convocara la multitud de errores que posee.

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Cuando la trama comienza a desvelar una serie de secretos no previstos para el espectador y para el personaje principal, OBLIVION descubre su pasmosa elementalidad. El planteamiento combativo de buenos contra malos es estrictamente pacato. La película no soporta la aparición monda, despreciada,  del personaje –o jarroncito decorador- incorporado por Olga Kurylenko. Sólo compararla con la alentadora indefinición con la que está urdida Victoria (excelente Andrea Riseborough, con diferencia lo mejor del film) basta para explicar la debacle de la última mitad del film. 

El producto no resuelve el dilema que dispone la complejidad que se le supone al devenir revelador que le sobreviene a Jack al yuxtaponerlo junto a la apática, ninguneadora inercia que aporta la aparición del grupo de personajes aglutinados en torno a un olvidable Morgan Freeman. La película, por lo tanto, degrada el entusiasmo de su planteamiento con un desarrollo accidentado con demasiadas banalidades. OBLIVION confunde complejidad sorpresiva con reiteración farragosa. Esto es como si en un restaurante uno se pide un revuelto de boletus  y te los sirven con restos de la cáscara del huevo. Sí, es cierto, las setitas están de puta madre, pero tu lengua no es una pinza de apartar metralla de gallina.

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