Los Vengadores 2 Cartel 12

 

Título original: The Avengers: Age of Ultron

Año: 2015

Duración: 141 min.

País: Estados Unidos

Director: Joss Whedon

Guión: Joss Whedon (Cómic: Stan Lee, Jack Kirby)

Música: Brian Tyler

Fotografía: Ben Davis

Reparto: Robert Downey Jr., Chris Evans, Chris Hemsworth, Scarlett Johansson, Jeremy Renner, Mark Ruffalo, Alexis Denisof, James Spader, Aaron Johnson, Paul Bettany, Elizabeth Olsen, Thomas Kretschmann, Josh Brolin, Samuel L. Jackson, Hayley Atwell, Don Cheadle, Claudia Kim, Andy Serkis, Idris Elba, Anthony Mackie, Stan Lee

Productora: Marvel Studios

Nota: 7.2

Por fortuna, el talento de Joss Whedon para orquestar megaproduccciones sin perder la rectitud en el intento sigue a prueba de toda aparatosa parafernalia. VENGADORES: LA ERA DE ULTRÓN así lo certifica, pues está ejecutada ateniéndose a esa máxima tan proclive a la vejación que es la de la dignidad salvaguardada a toda costa: nos hallamos frente a una secuela que reclama con formalidad su existencia, esto es, que sabe estar a la altura de los logros exhibidos en el film anterior haciendo mediar ciertas aportaciones y desarrollos bastante sorpresivos,  no vistos en aquel.

Tras un film como LOS VENGADORES en el que Whedon dejaba bien a las claras que la intencionalidad del film distaba muy mucho de situarse en la mera facilidad acumulativa que brindaba la numerosa conjunción de personajes ya explotados por separado, en VENGADORES: LA ERA DE ULTRÓN el realizador y guionista tiene la habilidad de proponer un entramado narrativo en el que una de las bazas va a ser la escrutación individualizada en cada uno de los protagonistas. Todos van a tener que vérselas con un miedo intransferible, con un viraje emocionalmente retrospectivo que los atañe íntimamente y que va a ser fundamental en el posicionamiento personal dentro de la gran misión encomendada tras la aparición de Ultrón, el atractivo villano del presente episodio.

En ese sentido, cabe destacar cómo el director/guionista sabe sacar partido máximo a la aparición de nuevos personajes: será precisamente la acción de uno de ellos quien provoque ese múltiple paréntesis dramático solucionado siempre con un certero virtuosismo que impide que el relato general se resienta de esos detenimientos oscurizantes. Nos referimos a la gemela con aviesos poderes telequinéticos que da paso a la Bruja Escarlata. Su irrupción en el serial es modélica. La aparición no se limita a quedar emplazada como elemento maligno al que batir, sino que verá potenciada su presencia con un sorpresivo desarrollo individual, quedando a la altura del resto de personajes ya conocidos y propiciando una serie de arrolladoras reacciones tanto dramáticas como de acción.

VENGADORES: LA ERA DE ULTRÓN propone un espectáculo lúcidamente consciente en todo momento de su grandilocuencia. Es aparatoso en tanto que necesita fervorosamente esa desmesura inherente a su propia generación. los-vengadores-2-cartel-13Lo positivo, tal y como ocurrió en el precedente, es que el espectáculo es grandioso, pero jamás hueco, megalómano, burdamente exhibidor de gran presupuesto  pues, además el guión sabe inocular con afilada puntualidad tanto detalles de arriesgada naturaleza reposada (la estancia en el hogar de Ojo de Halcón), como inusitadamente cómicos (el cachondeo con las correcciones lingüísticas del Capitán América y, sobre todo, la mofa relacionada con el martillo de Thor) o de válida sensibilidad melodramática (la relación afectiva entre la Viuda Negra y un Hulk tan conmovedoramente traumatizado como en LOS VENGADORES).

En definitiva, un film tan espectacular como el anterior (atención al combate entre Iron Man y Hulk, a la extraordinaria escena de apertura  -tan impecablemente evocadora del cómic original en ese esfuerzo del realizador por encuadrarlos fluidamente en una misma secuencia y hasta en un mismo plano-, y al brutal tramo final), en el que funciona con efectividad el propósito de que la no aparición de Nick Fury potencie la inexistencia de un protagonismo preponderante (el film es medularmente coral), que enfatiza la idea de grupo cohesionado e interdependiente, en el que se tiene la sabiduría de mimar a todos los personajes con la misma atención, en el que el exceso no es sinónimo de apabullamiento vulgarizante, en el que se nota el disfrute de quien lleva las riendas del proyecto y al que aún vale la pena exigirle que el final definitivo no llegue todavía.

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