Mi Gran Noche Cartel 1


Título original: Mi gran noche

Año: 2015

Duración: 100 min.

País: España

Director: Álex de la Iglesia

Guión: Álex de la Iglesia, Jorge Guerricaechevarría

Música: Joan Valent

Fotografía: Ángel Amorós

Reparto: Raphael, Mario Casas, Pepón Nieto, Blanca Suárez, Carlos Areces, Luis Callejo, Carmen Machi, Jaime Ordóñez, Santiago Segura, Enrique Villén, Hugo Silva, Carolina Bang, Terele Pávez, Carmen Ruiz, Marta Guerras, Marta Castellote, Tomás Pozzi, Ana Polvorosa, Toni Acosta, Luis Fernández, Alberto Chaves

Productora: Enrique Cerezo P.C. / Telefónica Studios / TVE / Canal Plus

Nota: 0

Definitivamente, Álex de la Iglesia se ha inmolado a sí mismo, se ha devorado, se ha echado a arder en la estruendosa hoguera de mugidoras protuberancias combustibles contra la que, complaciente y sabedor, ha sabido estrellar sus acreditadas dotes realizativas. MI GRAN NOCHE supone la definitiva constatación de que el bilbaíno ha sucumbido a cualquier atisbo de vigilancia para con su gusto por la desmesura, la urgencia y el rechinamiento: el mohoso ruido ensordecedor de la cáscara vacía en la que hace mucho tiempo que no yace nuez. El más como delirio, la barbarie como metodología, la anarquía como único protocolo al que atenerse. De resultas, por lo tanto, hartazgo, supino hartazgo frente a tanta mastodóntica ansia, frente a tanto yermo desenfreno, frente a tanto derroche de nada. A fuerza de creerse que domina los fuegos de artificio, el autor de ACCIÓN MUTANTE se ha convertido en un pirotécnico de pólvora mojada.Mi Gran Noche Imagen 2

MI GRAN NOCHE, para desgracia de desprevenidos o de aguerridos esperanzados en el retorno de los tiempos de LA COMUNIDAD, ni siquiera, por ejemplo, se esfuerza por mantener la entereza de la primera hora de su anterior LAS BRUJAS DE ZUGARRAMURDI: en ésta, engañosamente, parecía vislumbrarse una intentona reubicante, basada en un sólido esfuerzo por escudriñar pacientemente en la potencialidad cómica incrustada en el relato. Antes de desbarrar con el consabido apoteosis malogrador marca de la casa, tanto la historia urdida como, sobre todo, la atención realizatoria prestada por De la Iglesia brindaban un estimable desarrollo de los acontecimientos, que daba la impresión de devolver a éste por el terreno del autocontrol comediante. Los primeros instantes de MI GRAN NOCHE, en cambio, son toda una declaración de principios advertidores. La lección no sólo no ha sido aprendida, sino que lo contemplado hace presagiar con celeridad que el creador de EL DÍA DE LA BESTIA se va a conformar con la versión más autoindulgente de su chirriosa querencia para con la alharaca y el palomiterismo concebidos como pauta rítmica.

La película articula su populoso entramado argumental en torno a la grabación de un programa televisivo. Nada más y nada menos, que el espectáculo de Nochevieja que una cadena televisiva ha encargado a una productora que tiene graves problemas financieros. La muerte por accidente de uno de los extras provoca que sea requerida la contratación de otro nuevo que ocupe su lugar. La entrada de este personaje en los estudios en donde está teniendo lugar la grabación va a servir de (teórica) excusa mediante la que se atisbe el resto de tramas allí dentro establecidas: la lucha de egos entre una vieja gloria musical y la joven estrella del momento, el intento de asesinato del primero por parte de un desquiciado fan, la confrontación entre los dos presentadores de la gala, la nefasta influencia de una invitada gafe, una manifestación de damnificados por la empresa que mantiene sitiado el exterior de la nave industrial en la que todos están encerrados ya varios día intentando concluir el programa, un pillastre que hace negocio vendiendo bebidas alcohólicas, un director empeñado en escapar de allí con un montón de pasta….

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El mero repaso del contenido advierte de la coralidad del relato: MI GRAN NOCHE, astrosamente, no tarda en proclamarse como una ampulosa y torpe heredera del inalcanzable abigarramiento envenenadamente inspeccionado del Berlanga de los mejores tiempos, y de, además, convocar el surrealismo claustrofóbico y desquiciado de EL ANGEL EXTERMINADOR, del maestro Luis Buñuel. Las pretensiones, a De la Iglesia, le deparan esa fulminante fatalidad que depara la detonación de todo tiro salido por culata. Su último film es un absurdo compendio de insensateces amalgamadas al albur de un único estatuto organizador: la ciega confianza degradatoria de empeñarse en el desatino asumido como voracidad, en la estridencia con ton, con son y con relleno crudo, en la chusquedad como ornamento y en la bagatela presuntamente crítica como ampulosa retórica simplificante.

Al grave problema de un guión que en ningún momento sabe vertebrar un punto de vista que haga necesaria función de elemento amarrador de la previsible algarabía de meandros narrativos (acumulados sin orden, gracia, lógica y concierto: entendámonos, da la impresión de que el equipo engendrador de la cosa está convencido de que EL GUATEQUE, de Blake Edwards, puede sostenerse sin el personaje interpretado por el genial Peter Sellers), en esta ocasión hay que añadirle la nula voluntad del realizador para tratar de imponer cordura escénica a su amontonado festín. Desde la misma secuencia inicial advertimos que De la Iglesia no está por la labor de esperarse a cagarla a última hora, sino que llega lanzadito a estirar de la cadena desde el minuto uno, sin que se tenga el detalle de disponer un poquito de papel higiénico para el espectador del desahogo. MI GRAN NOCHE es la confirmación de que el vasco no va a atender a más prospecto que al de confundir delirio con diarrea.

El film no tarda nada en contagiarse del formato encuadrado, de la estulticia vindicada, de la mordacidad enlatada y gruesa que trata de ajusticiar. Las prisas, las urgencias, el afán aglutinador de subtramas secundarias prescindibles y de personajes despachados a granel está observado sin rigor, y, fundamentalmente, sin paciencia. En lugar de enfrentarse como debiera a esa torrencialidad desmesurada, De la Iglesia impone a su cámara la bochornosa misión de aliarse con ella, cual si de un elemento desestabilizador más se tratara, insistimos, desde la primera escena (horrenda e insatisfactoria la escenificación de la crucial muerte del extra).

Esta decisión asesina las posibilidades de (hay que reconocerlo) la magnífica idea central del film. No existe gradación en el estallido de las múltiples chifladuras, sino gratuito afán recolectante. La comicidad, en lugar de concretarse, se desparrama. De la Iglesia debiera haber tomado ejemplo de la prudente mesura paródica de la que, impensablemente, hacen gala Mario Casas, Blanca Suarez y, fundamentalmente, Raphael. Todos ellos, lastimosamente, incapaces de paliar la pertinaz nadería grotesca cocinada con lanzallamas por el cocido cocinero. MI GRAN NOCHE deviene engrudo que jode el día de quien la ve.

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