Inferno Poster Cartel

 

Título original:  Inferno

Año:  2016

Duración:  121 min.

País:  Estados Unidos Estados Unidos

Director:  Ron Howard

Guión:  David Koepp (Novela: Dan Brown)

Música:  Hans Zimmer

Fotografía:  Salvatore Totino

Reparto:  Tom Hanks, Felicity Jones, Ben Foster, Irrfan Khan, Omar Sy, Sidse Babett Knudsen, Ana Ularu, Jon Donahue, Cesare Cremonini, Xavier Laurent, Fausto Maria Sciarappa, Juan Ignacio Pita

Productora:  Imagine Entertainment

Nota: 0

Definitivamente, la saga del profesor Richard Langdon es la más mala indulgencia que, en la presente década, el thriller de misterio se ha regalado a sí mismo. INFERNO no hace sino constatar la hedionda magnitud del incomprensible misterio que la genera: Dan Brown, o la estafa convertida en exitoso producto de supermercado literario. De tal palo, tal pesadilla. No hay que darle más vueltas, aunque ardamos convertidos en la leña que prende contemplando ese fuego devastador.  Nos hallamos frente a uno de los desahogos más cernícalos que el ascua que esto escribe ha vislumbrado en los últimos tiempos. La desfachatez ha llegado al borde mismo de la ignominia penal. Aquí no cabe más antibiótico que el de desear la condena en la hoguera. El espanto ha ganado la partida y, con él, de resultas la butaca del espectador ha quedado convertida en patíbulo por combustión.Inferno 4

Nos reencontramos en Florencia con ese compendio de repelencias, antiencantos y embobamientos llamado Robert Langdon. Allí lo recuperamos en la sala de un hospital. Ha sido víctima de un atentado. Tiene heridas en la cabeza y padece una acuciante amnesia. Fogonazos de imágenes inconexas se agolpan punzando en su cerebro. Se halla sumido en un estado de shock, del que trata de tranquilizarlo la doctora Sienna Brooks. Ella será la que lo salve de ser asesinado por una mujer que he entrado en el centro médico vestida con el uniforme de la policía local. A partir de ese momento, el profesor y la médica se verán sumidos en la búsqueda de una bolsa en la que se haya un virus que puede ocasionar la muerte de millones de personas si aquella se rompe y que ha sido programado para ello por un extraño científico que, días atrás, tras una persecución, ha muerto tras lanzarse desde el campanario de una de las torres de la bella ciudad italiana.

Nada funciona en esta opípara barbarie de incompetencias fílmicas. En primer lugar el nefasto guión deparado por David Koepp, que nada puede hacer por aligerar a la prevaricada vulneración de dignidad impuesta por el palabrerío grandilocuente y fullero de Brown, ese hombre que no sabemos si escribe o juega al escondite con una cámara en la nuca mientras cuenta. Volvemos a reencontrarnos con una intolerable y villana urdimbre de complots universales diseñados a golpe de recursos facilones, sablistas y disparatados. Se antoja de esa guisa, por ejemplo, el abuso desmedido que se hace de la desmemoria temporal padecida por el personaje central, puesto que es usada como coartada para la caprichosa revelación de datos. Inferno Imagen 8La persecución de Langdon y Sienna está salpicada hasta la indecencia de soluciones a los embrollos que atentan al más mínimo respeto por la verosimilitud (esa escapada del museo florentino, esa escapada de la catedral de San Marcos veneciana tras exclamar el profesor en voz alta un descacharrante ( e insultador)  “Siempre hay una salida” ). Se confunde ingenio con adicción a lo rocambolesco, y misterio con as en la manga de un chaleco. El misterio, por lo tanto, condenado a la pétrea sinuosidad del cartón piedra, a la perspicacia de la aplastante lógica del capricho injustificado, al socorro de la premeditación sin tino.

En segundo lugar, la dirección vuelve a caer en las manos de Ron Howard, ese sumo especialista en destrezas para rotos, descosidos y sietes de bordar, que, en esta ocasión, se ofusca en revelarse como ávido remendador de bolillos con aguja de calibre oleoducto. Es evidente que ni el cineasta más versado pueda hacer nada por zurcir la grosera ilación de arbitrariedades cosida y cantada, pero, de ahí, a no mover ni un dedito con dedal para tratar de que tarden algo más las costuras en reventar y dejar expuestas al hilo libre las partes innobles de la criatura, evidentemente hay alguna que otra puntada con alambre que intentar. INFERNO no puede ser más rutinaria visualmente. La puesta en escena  de la progresiva concatenación de deshilachados a pelo seco es más plana que un velcro. Inferno 5Tan efectista como una bragueta de lentejuelas. El autor de EL DESAFÍO: FROST CONTRA NIXON no es capaz de disponer una sola solución visual que no sea otra que la de la monda exhibición del hecho, el mondo empalme con el posterior y el mondo  acatamiento indisimulador de la sosería consiguiente: obvia, ordinaria apoteosis de un lirondo que alcanza el límite de su afrentosa imperfección con una escena final que puede pasar a los anales del despropósito cinematográfico como una de las secuencias de desenlace más vergonzosas jamás rodadas. Hasta Hans Zimmer aporta su notita de arena regalando la peor composición de su vida para esta ramplona astracanada, filmada a golpe de inenarrable ridículo. Ni José Luis Cuerda lo haría tan mal. (Bueno, sí, perdón. No me acordaba de TODO ES SILENCIO)

Y, en tercer lugar, claro está, suplicio en forma, tenemos a Tom Hanks, que,  como es de costumbre, para estar a la altura de tan fecunda sarta de afrentas talla XXXL, vuelve a demostrar que Langdon no es que le venga grande, es que cae encima de él como un condón de Nacho Vidal en la polla de Bob Esponja. No se puede demostrar más desgana, apatía y profilaxis por segundo. Se llega a tener pena auténtica por él, porque no se recuerda tan poco esfuerzo por encubrir la tortura de verse envuelto en semejante flacidez. No sabemos si interpreta o juega al “Susto o Gatillazo”. Lo suyo es un auténtico monumento a la indiferencia, a la saciedad y a la horca convertida en gesto: da la impresión de que por el pinganillo su agente le acaba de anunciar que ha firmado para él encabezar el reparto de la biografía de Falete y no precisamente para incorporar a su dietista. Tom Hanks, el oficio de actor elevado a la categoría de báscula del mismo peso. INFERNO pesa como unos gallumbos de uralita. Verla no es que toque los cojones. Los escayola.

 

 

 

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