A Sun 1

Título original: Yang Guang Pu Zhao

Año: 2019

Duración: 156 min.

País: Taiwán

Dirección: Chung Mong-hong

Guion: Yaosheng Chang, Chung Mong-hong

Reparto: Chen Yi-Wen, Samantha Ko, Wu Chien-Ho, Greg Han Hsu, Liu Kuan-Ting, Ivy Yin, Jenny Wen, Chih-Ju Lin, Jane Liao, Ming-Shuai Shih, Danny Deng

Comentario Crítico:

Un estrambótico compendio de inusitados focos de atención está posibilitando que se repare la terrible injusticia que se ha cernido sobre la trayectoria o, más bien, el reconocimiento crítico de este magnífico drama familiar. Quinto largometraje de Chung Mong-hong, la hondura sondeativa que exhibe en él reclama, en calidad de tarea obligatoria, para quien esto escribe, el visionado de su obra anterior. PARKING, THE FOURTH PORTRAIT y el resto podrían confirmar  si, tal y como demuestra en esta última producción, merece que se le sitúe en el listado de los llamados a ocupar el vacío que para la cinematografía taiwanesa e internacional dejó la desaparición del imprescindible Edward Yang.

Por lo menos en esta A SUN da muestras incuestionables de saber recuperar para el espectador contemporáneo la agrietada, sufrida cordialidad contemplativa que el añorado maestro asiático deparó en YIYI, la cumbre de su alentó creativo. Con todo, precipitémonos a aclararlo, pese a que sea hecha esta vindicación, nada en A SUN permite que estemos hablando del más mínimo afán evocador o deudor a conciencia. En modo alguno anida en ella el más mínimo vasallaje. Todo lo contrario, viene pertrechada de una estimulante autonomía de designios. 

Nos hallamos ante una obra personalísima, en la que el joven realizador sale muy airoso del empeño en convocar no pocos sustratos genéricos, afirmando en todo momento que dicha acumulación de coordenadas retóricas se vean entrometidas dentro de ella acatando el omnipresente mandato superior del melodrama familiar. El film merodea por el cine carcelario, el de animación, el de temática social, el mafioso y algún que otro fleco genérico más, pero se espera muy poco a descerrajar que el espinazo central de su esqueleto lo conforma la radiografía de ese sempiterno avispero de aprietos, supeditaciones y aguijones asfixiados que es un grupo familiar.A Sun 4

El que es elegido como preocupación central del film, desde luego, sabe pertrecharse de ese conflictivo atolladero de alfileres y resignaciones. La brutal escena de arranque ya apercibe de ese sino fatalista al que parece esclavizada la familia de un profesor de autoescuela llamado A-wen. Un auténtico zarpazo de violencia sanguinolenta rodado con la furiosa precisión mostrativa del Scorsese de UNO DE LOS NUESTROS parece postularse como prólogo a un film hambriento de ese ímpetu vengador, homicida, seccionante. Sin embargo, esta lógica conjetura (la escena muestra como dos jóvenes le cortan la mano a otro que se halla ocupando la mesa de un restaurante) se desvanece de inmediato. El tono del film no será el del thriller contemporáneo, tan avezado a involucrar a la sangre humana esparcida como colérico elemento de virtuosismo escénico.

Semejante decisión para la apertura atiende a apercibir de que, pese a la naturaleza testarudamente coral a la que se aferra el no siempre lineal devenir narrativo,  A-ho, el hijo menor de A-wen, va a ser objeto de un detenimiento observador más prolongado que el ajustado al resto de personajes; segundo, a salpicarlo, a dictaminarle a este un destino reprochado de culpa, imputado de abyección condenativa, deambulado por un extremo riesgo a la infracción; y, tercero, de algún modo previene al espectador de que ese tipo de irrupción cruel inesperada, ese mazazo sorpresivo sañudo, encargado de hacer estallar la frágil estabilidad mostrada, puede volver a ser el responsable de definir el comportamiento de los personajes alcanzados por la onda expansiva de esa deflagración de amargura conmocionativa.

Ese desconsuelo inasumible, claro está, acometerá, arrollará a toda la familia de A-ho: a su padre, a su madre, una mujer que se gana la vida como peluquera, y a su hermano, un joven menor que él, definido por un carácter diametralmente opuesto al de aquel, que encarna a la perfección el rol del buen hijo, el hijo modélico, el que, dado el empecinamiento del mayor en enrolarse donde no debe, en convertirse en  un constante sumidero de acritud, conflicto y desobediencia, da motivos al áspero profesor de autoescuela para mantener esperanzado un necesitado orgullo de padre. La panorámica iniciada en el acto violento del principio se instala, tras él, en el rastreo desapacible, sosegado y ahondativo de los vericuetos escondidos sobre los que se cimienta la madeja de silentes desesperanzas que remacha una frustrada armonía familiar con visos de sucumbir al hartazgo.

Causa admiración el temple con el que Chung Mong- ong se ciñe al mandato de la contemplación de ese derrumbe. Toda vez que la tragedia impone su bullicio, el film se cierra en banda a la indagación de sus añicos. La defraudada presentación de los personajes, el apurado detenimiento sobre cada uno de ellos, dirimido con anterioridad al grave suceso que empañará luctuosamente la disposición argumental, actuará como magma de interrogantes mediante el cual el espectador se ve abocado (acaso imposibilitado) a entender las claves de tan irresoluble malaventura. El por qué de lo ocurrido, la consternación de ese fulminante desorden revelará su recóndita condición de conjetura tan ofuscada como irresoluta.

Será la perspicaz miscelánea de géneros antes enumerada la que provocará que el film no se enroque ni paralice en detallada enumeración de luctuosidades. La mediación de una tesitura de marcado carácter delictivo propondrá una muy atractiva deriva propia del cine negro contemporáneo. El film se responde a sí mismo, se alivia, busca válvula de escape, mediante ella, a la asfixia desencadenada. Gracias a ella, también, los personajes se apresurarán hacia el reclamo de un respiro. A SUN confirma en ese momento la oscura y penetrante delicadeza con la que acierta de modo soberbio a postularse como agrio relato de esperanzas disímiles, redentoras, dolorosas y agotadoras. La familia, ese sol de justicia con la sombra aguardando oscura de perdones y espinas.

 

 

 

 

 

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