Bbk Live 2011  Musicsnapper

Tras una primera jornada que dejó un claro vencedor, tocaba ver si la sustitución de última hora daría lo que se esperaba de ella, se daba la confirmación de algunas bandas que hace tiempo no pasaban por nuestro país y de otras que traían trabajo nuevo bajo el brazo a defender.

Foto: © Musicsnapper

Cuando uno ve los horarios, se pregunta qué habrá hecho decidir a la organización poner a uno u otro grupo a la hora asignada. Esa pregunta llegaba con las dos primeras bandas de la tarde y se podría decir que tener a The Mars Volta cuando pega más un café es para buscar el mismo efecto pero a lo bestia. Pero claro, todo tiene su riesgo y el de este caso fue que cuando el calor hacia mella el Escenario 1 acogía un recital de rock experimental que se hizo algo indigesto para algunos, pudiendo afirmarse que tanta potencia que destilan cortes como ‘Iniertatic EP’ o ‘Aegis’ habrían quedado mejor en noche casi cerrada y donde los focos al menos hicieran acompañamiento a la música. Omar sabía que no era su hora a pesar de lo que soltaron, y con un “gracias por su paciencia” con marcada acento mexicano puso el punto y final a lo que pudo ser y no fue.

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Foto: © Tom Hagen

Caso parecido el de la banda comandada por David Sitek. Afirmo que era uno de los nombres que más ganas tenía de ver, no hace falta esconderse, que tuvieron en su setlist para dar y tomar y que este fue un claro ejemplo de cómo el sonido de un escenario puede hacer que te parezca diluirse tanto un concierto. Una ecualización tan embarullada como pasada de graves hizo que las guitarras de Sitek y de Malone se pisaran tanto que hasta llegaron a aplastar en ocasiones a la voz de Adebimpe. ‘Halfway Home’ dio el pistoletazo de salida y uno piensa “vale, necesitan ecualizar”, pero cuando ves que ni para ‘Repetition’ con un desbocado Adebimpe dando saltos por el escenario, ni ‘Red Dress’ comandada por la barba bicolor de Malone ni siquiera el cierre con ‘Wolf Like Me’ consiguen sonar claras –contundentes un rato, los graves te tiraban- hacen pensar que algo está fallando más que la banda. Eso sí, ver a Shingai Shoniwa bailando al más puro estilo motown en ‘The Wrong Way’ o a punto del éxtasis en ‘Dancing Choose’ en las piedras colindantes eran el ejemplo claro de que TV on the Radio dio un recital de altura en que la potencia del Escenario 2 le jugó una malísima pasada.

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Foto: © Musicsnapper

Toda esa ecualización casi perfecta posiblemente se la llevara al escenario principal la banda madrileña en la que a su mención muchos parafraseamos al portugués acerca del motivo de su fenómeno. ¿Por qué ellos? Para muchos que somos escépticos, la noche del viernes Vetusta Morla dieron motivos para, al menos, comenzar a creer que horas de trabajo no le faltan. La compenetración y la calidad de sonido que llegaron a conseguir fue irreprochable en temas como ‘Los Dias Raros’ –con un tufo a himno de los que quita el sentido- o esa ‘Maldita Dulzura’ dedicada por Pucho “a la señorita casadevino” en un dueto irreal, haciendo que los cortes de su último disco sonaran de tal forma que no tuvieran que envidiar en ningún momentos a los hits ‘Valiente’, ‘Cophenague’ o ‘Un Día en el Mundo’. Este fue otro de los conciertos que dejando atrás los prejuicios, se hace disfrutable, aunque solo sea durante poco más de una hora y después se vuelva a preguntar uno eso de “¿por qué?”. Aunque sobre las tablas, respuestas tienen al igual que los ingleses Kasabian.

No podemos comparar a unos y otros, porque si los madrileños pusieron algo de cordura, los británicos volvieron loco a cualquiera que pasara por allí. Sí, ya, que son plagio de Primal Scream y The Charlatans lo sabemos muchos, que Tom tiene a Liam como espejo o que todos odiamos que la NME los ponga por las nubes, también. ¿Y qué? Kasabian no es una banda cabeza de cartel para un gran festival, hasta ahí de acuerdo, pero cuando dice de facturar canciones en el directo, solo queda sacar el hooligan que llevas dentro y ponerte a saltar como si te fuera la vida en ello. Bien sea por la apertura con ‘Club Foot’, por el repaso a su último trabajo con ‘Where Did the Love Go?’ o ‘Fast Fuse’ –de nuevo, ‘Misirlou’ hizo de alargue- o por la presentación de ‘Velociraptor!’ o ‘Switchblade Smiles’ al más puro estilo XTRMNTR, el polvo que levantaron los de Leicester hizo ver que la gente estaba necesitando esa dosis de potencia una marcha por encima del resto que le saben imprimir a pesar de todos los “peros” habidos y por haber. Su ya típico cierre con ‘Fire’ hace ver volar vasos de cerveza que confirman a estos como una garantía de fiesta dentro del papel secundario; sobre todo, cuando el primario lo ocupa un clásico peso pesado de la música británica de ya hace dos décadas.

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Foto: © Tom Hagen

Suede venía con el puesto de sustituto –vaya, tú- y se fue con el de jugador mítico donde los haya. Se nota que los años no pasan en balde para nadie y cuando eres un vocalista tan carismático como lo es Brett Anderson, que tu voz sienta la huella del tiempo hace que tus falsetes puedan quedar en algo pobres. Pero eso, en algo; porque estamos hablando de una apisonadora en el escenario que bien puede moverse para hipnotizarte con su cadera hasta tirarse de rodillas al suelo convirtiendo canciones tan potentes como ‘Can’t Get Enough’, ‘Filmstar’, ‘Everything Will Flow’ o ‘So Young’ en algo incluso mayor. Uno vuelve a la edad del acné, de las horas solo en el lugar más escondido de la casa, de la incomprensión de los demás por gustarle una canción llamada ‘Trash’ y en la que los londinenses nos mostraron en directo el porqué es uno de los himnos generacionales para muchos. Pero si de himnos se trata, mencionar ‘Animal Nitrate’, ‘Saturday Night’ o esa impoluta, pasen los años que pasen, ‘Beautiful Ones’ no pueden quedarse fuera como sí lo hizo ‘She’s in Fashion’, pero visto lo que dieron, es una falta leve en la visita de un dinosaurio de nuestro tiempo. No puedo decir lo mismo, pero más de uno se vio en aquella explanada de una ciudad levantina cuando el gran gigante comenzaba a dar sus humildes pasitos.

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Foto: © Musicsnapper

Otro de los regresos de la noche, aunque obviando comparaciones porque quedarían sonrojados, fue el de Kaiser Chiefs. La banda liderada por Ricky Wilson volvía a pisar un país que han visitado tanto en los últimos años que comprarse un piso les habría salido rentable. Traían bajo el brazo su nuevo trabajo, ese que a muchos nos ha dejado demasiado tibios como para afirmar que tengamos interés en revisar y del que presentaron canciones que quedaron en papel mojado mientras el cielo nos castigaba a golpe de hit del pasado. Abrir con ‘Everyday I Love You Less and Less’ enganchó, dejar caer ‘Ruby’ o ‘I Predict a Riot’ hizo que mojarse fuera solo una anécdota, pero seamos sinceros, ni la de Leeds es una banda para ese escenario tan grande ni la hora debe ocuparla un regreso que, aunque agolpó a muchísima gente, queda a la altura de quien le había precedido. Posiblemente Nic Offer cogió el guante y a base de golpe de cadera y movimientos seductores -¿nuevo icono sexual?- despachó más de una hora de baile a ritmo de bajo y batería frenética. !!! han ganado muchísimo como banda y eso, quizás, era lo que antes les faltaba en un directo que, sin perder éxtasis –‘The Hammer’ o ‘Jamie, My Intentons Are Bass’ movieron la tibia y el peroné de más de uno-, si ha dejado atrás ese salvajismo al completo que ahora se traduce en un Nic entregado a la causa entre el público o ataviado con una traje de luces, que no de torero, que brillaban al compás del bombo. ‘Must Be the Moon’ y ‘Heart of Hearts’ fueron grandes muestras de que los californianos te aseguran baile a raudales aunque a ti ni te interese pedirlo.

Finalizada la propuesta de !!!, la Carpa Vodafone se llenaba hasta la bandera para ver al dueto de The Zombie Kids/Montxo & Javi Green desplegar watios de baile hasta altas horas de la madrugada. El aquí presente abandonó el recinto antes de tiempo dado que presenció la nota más negativa del festival a nivel extramusical y fue el uso incontrolado de la fuerza por parte de la seguridad en la parte alta de dicha carpa. No sabemos el motivo pese a estar a escasos metros, pero el posible pánico que pudieron desatar estuvo a punto de emborronar una noche que, musicalmente, fue apoteósica.

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