Wilco The Whole Love

 


Wilco

The Whole Love

[dBpm; 2011]

8


1. m. “Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”. En la primera acepción queda bien claro. Durante más de quince años, Jeff Tweedy se ha encargado de manifestar a través de sus compases lo que su vida se estaba convirtiendo. Un laberinto en que esa insuficiencia regía el camino a seguir, obcecado en casi llegar a convertirla en autodestrucción solo encontrando su salida en el mensaje que enviaba. El camino parece más despejado, ese ser que necesitaba parece haber llegado para quedarse y mostrarle las dotes para mantenerse a flote. Es hora de poner en práctica la definición.

‘The Whole Love’ es como el diario que todo compositor tiene. Rememora épocas pasadas, vive el presente y aborda el futuro. Un diario personal que a ojos de otra gente puede no ser bien interpretado o en miras de quien bien te conoce, entiende lo que te cuenta. Y eso lo hace ver en el repaso a su discografía que supone este trabajo, de sus estados de ánimo a la hora de componer y de la estabilización aportada cuando Nels Cline comenzaba a aparecer en ‘A Ghost is Born’ estando ahora completamente asentado en la banda. Todo en él parece haber sido oído antes pero lo hace de tal modo que no es autocomplaciente, sino un ejercicio de regeneración que sirve como carta de bienvenida para el recién fundado sello propio de la banda, ‘dBpm Records’. Dos puntos tan distantes en el inicio y final que marcan destino y origen a lo largo de un camino pedregoso en letras y frondoso en estructura. Así es el octavo disco de los de Chicago.

En él Tweedy no esconde que se ha llegado a acompañar solo por esas dosis que le permitían evadirse para dormir, ‘Black Moon’ es el relato de esa época (‘I was always right about the morning/Ok, I’m an old shoe (…) I’m always one without a warning/Old days re-appear’), una preciosa composición que no deja de mirar su disco más pulcro -e injustamente maltratado- hasta el momento como es ‘Sky Blue Sky’, donde ya las letras sumergían a uno en el colapso de verse superado por todo cuanto le rodea. “La letra de una canción dice algo de cuando salivaba y tragaba opioides”, volviendo a dejar claro que no se olvida de su pasado, de su agonía y aún así parece vivirlo ahora con alegría. ‘Born Alone’ contradice el hecho de sus palabras (‘Loneliness postponed, my eyes deceiving glory/ I was born to die alone’) con una potencia inusitada, regresando al glorioso ‘Summerteeth’ junto con ‘I Might’ para conseguir enganchar al oyente en un primer repaso a la historia de la banda. Por suerte parece que ese estado ya pasó: “De lo único que me he dado cuenta es que ahora puedo mantenerme más tiempo despierto, tengo más energía”, siendo el directo viaje de ‘Standing O’ a ‘Monday’ de aquel ‘Being There’ la patentación con creces de este hecho.

Podría catalogarse como “otro trabajo más” de Wilco, pero los matices van más allá de eso. El viraje de estilos entre el country, folk y rock es lo que siempre los ha caracterizado, no han inventado nada nuevo aquí, pero eso no les quita que hayan corroborado un gran disco gracias al poso y belleza de lo anteriormente hecho, sin necesidad de situar los temas en una línea argumental basada en estilos sino en saltos por los distintos años que le da a éste un punto más como conjunto en lo que Tweedy quiere contar.

El status alcanzado permitió que se conformaran con sacar al mercado ‘Wilco (The Album)’, una rara avis que parecía ser más una compilación de temas desechados en otros discos; ese hecho parece haber sido inspiración para componer ‘Capitol City’ a modo de swing que no cuenta con cabida en la estructura elaborada por canciones manufacturadas con otro tacto, reafirmado con la maravillosa ‘One Sunday Morning (Song for Jane Smiley’s Boyfriend)’ que penetra en las entrañas del sentimentalismo que The Band transmitía para invitar a comenzar con ganas lo que se acaba de terminar. Y es ahí donde la omnipresencia de Neils Clein se forja, la apertura de una nueva etapa marcada por una bestia enfurecida que despierta de su letargo con ‘Art of Almost’ para convertir una simple bienvenida en el regreso a la longevidad de sus composiciones, subiéndola al estrato de ser uno de los mejores temas experimentales que han escrito en los últimos años, gozando del espíritu que transmitía la eclosión que vería nacer al fantasma como ‘Spiders (Kidsmoke)’.

Pero si algo destaca de este trabajo es la fuerza con que se une. Tweedy ya no necesita sustancias, Pat Sansone se mantiene a su lado en la muestra de cariño que es ‘Whole Love’, donde llega a probar su falsete sin rubor, atestiguando que la soledad del capitán que comanda este barco ha quedado atrás, que sus días de angustia se disipan y la escapatoria por buscar una fuente más folk da resultados tan redondos como ‘Open Mind’ o ‘Rising Red Lung’.

‘Get Well Soon, Everybody’ iba a ser el nombre de este octavo trabajo, un detalle sin importancia si no fuera por el hecho de que ya no tenemos que recuperarnos de su último tropiezo sino que, una vez más, tenemos razones de sobra para poder entregarles completamente nuestro amor sin miedo a quedarnos sumidos en la soledad que tanto lo ahogaba hasta incitarlo al pozo del suicidio creativo de la comodidad donde ahora ya muchos yacen.