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Neil Young & Crazy Horse

Psychedelic Pill

[Reprise Records; ]

9.5


¿Dónde empieza Neil Young en solitario y dónde acaba la Crazy Horse? no le des más vueltas porque da exactamente igual, no importa qué disco es mejor que el anterior y viceversa, la "Crazy Horse" es un apéndice de Young, y el maestro es el corazón de este matrimonio que va camino de celebrar sus bodas de oro estando en un momento de enamoramiento constante. Y  es que cada disco, cada canción, cada riffs, cada pellizco a las guitarras parece estar tocado por la mismísima mano de Dios.

Este "Psychedelic Pill" será recordado por muchas cosas, pero la primera y más llamativa es la duración del disco, casi una hora y media bañados en Country, en Rock a la orilla del Mississippi. Esto, en una época donde predominan los discos cortos, las ampliaciones de discos en versiones 2.0 para i-tunes, ediciones de coleccionista y demás "ordeña-fans" no deja de ser una declaración de intenciones y un mensaje al mundo musical, "somos Neil Young & Crazy Horse y hacemos lo que tú sueñas", así de claro.

"Psychedelic Pill" llega tras un atípico disco de versiones, "Americana", que mucho tiene de inspiración para este segundo asalto anual de elaboración propia. Americana se forja entre concierto y concierto, con la amplísima improvisación que los conciertos del "maestro" traen consigo, sino no se entendería que "Driftin´Back" dure 27 minutos, 27 minutos de Jam Session sureña donde se puede sentir el germen de este trabajo, un desvaríe de instrumentación sobre una canción clásica que parece recordar a la mismísima "Hey Hey My My". Tras muchos años Neil y su banda rompen un silencio que duraba (Americana aparte) ya demasiado con un "Hey now now!, Hey Now now, I´m Drifting Back". Un anticipo de lo que es estos 27 minutos de canción, deriva instrumental en clave de guitarra.

Pero no solo de canciones mastodónticas, aunque las tiene como en ellos es habitual, vive este trigésimo quinto trabajo de los canadienses, "Psychedelic Pill", que da nombre al disco, es toda una canción actual, de alta temperatura dedicada a una chica que se va deslizando entre baile y baile en una fiesta y busca su momento, Crazy Horse en estado puro inundando de suciedad cada palmo de la canción para hacer dos versiones de la misma en el disco y ofrecer lo más parecido a un single que puede ofrecer este doble Lp. Aunque la canción más especial, o por lo menos más inesperada llega en “Born In Ontario”.

Un himno a la tierra que le vio nacer. Young, a pesar de vivir en California, mantiene su nacionalidad canadiense pero nunca lo habíamos oído sacar tanto pecho, o por lo menos no de esta manera tan explícita, de su tierra natal, tras cantar a  Alabama o Baton Rouge en Louisiana Young canta abiertamente a su tierra, esa Ontario parental. Si “The Boss” llegó a reescribir un himno para todo un país con aquel “Born In te USA”, Ontario y por extensión Canadá ya tienen el suyo.

La segunda parte del disco se arranca con la pegadiza “Twisted Road” al más puro estilo americano “American Pie”, clásico instantáneo para dar paso a un disco más convencional, más al uso, más en la forma que en el fondo, porque canciones como “She's Always Dancing” son de todo menos convencional, sinfines psicodélicos que no se sabe dónde empiezan y acaban con todo el coro cabalgando riffs de guitarras.

Baladas como “Old Man” son habitualmente las canciones más recordadas por lo poco que se prodigan a hacer, por eso si llega el momento de minutos tales como los de “For the Love of Man” solo queda disfrutar y rendirse a la evidencia,

Neil Young irrumpe en este 2012, con dos discos con su “Crazy Horse”, los dos de factura elaborada y entendidos desde la misma perspectiva, el directo, hora y media para descubrirse ante el maestro, noventa minutos cabalgando y “rocanroleando en un mundo libre”, el sueño de Neil Young cantado en su última canción hasta la fecha, “Walk Like a Giant” se ha hecho realidad, “I wanna walk like a giant on the land”. Ya lo haces, gracias maestro.