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Torres

Torres

[Autoeditado; 2013]

Calificación: 8/10

Escúchalo en: Spotify


Tras el nombre artístico de Torres, encontramos a una joven cantautora norteamericana que ha irrumpido con fuerza inusitada en el panorama musical de 2013. Su verdadero nombre es Mackenzie Scott. Dados los escasos tres meses que llevamos escuchados este año, quizás sea un poco arriesgado hacer uso de este tipo de aseveraciones, pero, una vez absorbida la firmeza de su trabajo, casi se diría que semejante riesgo no es tal: nos hallamos ante el que debiera considerarse como uno de los debuts más interesantes de toda la cosecha de novedades que nos depare el presente ejercicio.

Cuando aún tenemos muy cercanos los ecos del notable tercer álbum de Sharon Van Etten, TRAMP, nos llega la fortaleza de otra mujer a bordo de su denso coraje musical para imponer un personalísimo saludo de bienvenida hacia su implacable universo creativo. TORRES, el álbum, pese a que no resulte descabellado establecer influencias, comparativas o semejanzas con respecto a otras princesas del panorama musical contemporáneo, constata la férrea voluntad de una voz y de un hacer musical que no surge a rebujo de ninguna estela precedente. 

Desde la primera nota del cd, el sobrepasado escuchador advierte que lo que sus oídos disfrutan es, ante todo, la convencida, segura, certera expresión de una rotunda personalidad artística. TORRES fumiga enlodazada autenticidad ofreciendo canciones reconocibles, contiguas, palpables cual si fueran los objetos por recoger de una habitación  en la que se presintiera el dolor reciente de la persona que ha salido de ella porque no resiste el peso de lo allí pensado. El álbum refiere con prontitud esas reflexiones escupidas íntimamente.

El magnífico tema de apertura del álbum da buena cuenta de esta convicción. Tajante, misteriosa, la aspereza de su guitarra da paso a una sensible ambientación, quejosa y envolvente, lograda emplazando el sonido de unos violines que armonizan sin dificultad con el seco rasgueo que define y pauta  la canción desde su inicio. “Mother Earth, Father God” se convierte por lo tanto en la perfecta puerta de entrada hacia un paraje musical en el que quedan proscritos ornamentos, estridencias y subrayados ajenos a la rauda sinceridad desde la que es vertido. Eso sí, abandonando también cualquier tentación de caída en la simpleza, en la candidez o en el borbotón minimalista. 

A continuación “Honey” cuaja, sin duda, uno de los mejores momentos de TORRES. El tono desgarradamente confesional de la canción se alía sin dificultad alguna con los dos elementos constituyentes más importantes que la cantautora sabe utilizar en beneficio de la severa limpieza que vigila el álbum entero: la áspera cotidianeidad con la que están construidas las letras de las canciones, y la compleja y atractiva facultad vocal que exhibe Scott. La voz de la cantante empapa los textos de una franca,  extraña dulzura doliente, que, sin embargo, no escatima dureza en la enumeración de los dolores que debe espetar al destinatario de esa ira desvelada.

Jealousy and I” incide, junto con la posterior “November Baby”,  en la línea intimista abierta por “Honey”, aunque llevándola hasta una depuración que se convierte en telón de fondo potenciador de ese virtuosismo vocal ya destacado. La generosidad de la voz de Mackenzie Scott convoca en ambas los instantes más frágilmente densos de este loable disco presentación. No obstante esta nítida escrupulosidad, el esmero en ese ambiente despojado, limpio, falsamente sereno, jamás amaga con caer en abaratamiento sentimentaloide alguno.

 “When Winter´s Over”, el tema siguiente, depara un nada despreciable interludio rockero, mucho más convencional que el formulado en el tema con el que se abre el disco, que precede a la que, quizás, sea la pieza más sobresaliente de TORRES. Cuando accedemos a la petrificante “Chains”, caemos en la cuenta de que los dos temas mencionados en el párrafo anterior no eran sino ambientales señales de alerta frente la exacta pulcritud perturbativa que define esta letanía oscura, áspera, inclemente y subyugante. El rigor expresivo de la cantante se ciñe a la escueta caja de ritmos que marca la lobreguez fiel e inmisericorde perseguida. “Chains” asusta,  hipnotiza esmerada, pausada y opacamente.

Una carta escrita a un hijo dado en adopción,  verdades dichas al amado entre tazas de café ensuciadas con ceniza, la necesidad de ver la sonrisa inocente de alguien sentido como un ángel,  la calma limpia, cansada y conforme del agua antes de precipitarse en cascada, huidas hacia un lugar desconocido, reproches aplazados, TORRES tiene hechuras de vendaje. Las canciones se dirían capas reparadoras de una herida. Lo curioso del asunto es que escuchándolas uno tiene la sensación de que le están curando el tiempo ganado en atenderlas. Mackenzie Scott sabe muy bien a lo que ha venido. No va a ser la flor de un día, porque ha tenido el arrojo de no escatimar espinas.

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