Ken Loach

Formidable western postmoderno asiático el descerrajado por NO MAN´S LAND

Hoy el día ha comenzado a destiempo. La idea de programar la primera película de la mañana a las 8:30 ha provocado que a más de uno el film chino le haya pillado empezado. Nuestro corresponsal, abstemio avizor dietético donde los haya, ha sido muy puntual, aunque la puntualidad haya sido lograda sacrificando el desayuno  con el que, amablemente, este año la organización agasaja a sus sufridos acreditados.
Por fortuna, la película china merecía la pena madrugarla.

Por lo demás, hoy el día deparaba dos importantes puntos de interés. Por una lado, la proyección en la Sección Oficial de BOYHOOD, el último film de Richard Linklater, y, por otro la entrega del Oso de Oro Honorífico por toda su trayectoria como cineasta al británico KEN LOACH (AGENDA OCULTA, MY NANE IS JOE, LADYBIRD, LADYBIRD, SWEET SIXTEEN).  La duración de la película de Linklater (170 m.) es la que ha provocado el adelanto temporal antes citado. Hay que dejar por escrito de que ha convencido a la prensa plenamente. Con mucha diferencia, a su final, la prensa especializada le ha deparado la ovación más sonora de toda la semana.

NO MAN´S LAND (WU REN QU), de Ning Hao

Nota: 7.8

Formidable sorpresa cinematográfica la que ha supuesto el descubrimiento de esta NO MAN´S LAND, obra del realizador chino Ning Hao. El film supone un homenaje en toda regla al maestro Sergio Leone en particular, pero también al western contemporáneo, ese que, pese a no transitar protocolariamente las reglas de ese fundamental género, no reniega de su influencia dejándose mecer en las agrestes y rudas referencias icónicas de tan legendario corpus audiovisual.

La película nos presenta a un abogado llamado Pan Xiao. Pan Xiao debe trasladarse hasta los más ignotos y desérticos confines de China, en concreto hasta el impresionante desierto de Taklamakan, provicia de Xijuan, para hacerse cargo de la defensa de un auténtico villano, que se dedica a cazar una codiciada especie de halcones protegidos por las leyes de la región. no-mans-land-1Pan Xiao logra este propósito y exige el cobro de su costosa factura. Negándose a volver a hacer el trayecto de vuelta hasta su ciudad en tren, le pide al malhechor que le deje su coche. En él, iniciará un retorno en el que va a verse sumido en una serie de peligrosísimos avatares.

Como ya hemos referido, el film se constituye como un desinhibido e inteligente homenaje al spaguetti-western: la citación al autor de EL BUENO, EL FEO Y EL MALO es constante, jugosa y respetuosísima. Sin embargo, la solidez de la propuesta viene dada por la divertida pertinencia con la que los estilemas propios del maestro italiano son trasladados a un ámbito tan diametralmente opuesto como el referido del país asiático. NO MAN´S LAND no esconde su referencia, pero la vindica de la mejor manera posible: haciendo valer su propia autonomía como producto bien pertrechado de guión e ideas visuales que evocan y combaten el modelo original.

No-Mans-Land-posterNing Hao demuestra un conocimiento descomunal de su osada causa, pues lo que primero llama la atención es la madurez expresiva que demuestra, por un lado, amarrando en todo momento la tentación de que su obra se degrade hasta el pastiche descerebrado y, por otro, exhibiendo un poderío escenográfico ávido de hallazgos, reformulaciones y apuramientos. NO MAN´S LAND deviene, en sus desenvueltas manos, un insolente y validísimo ejercicio cinematográfico, que sabe atreverse a postularse gracias a un material escrito que aprovecha al máximo los no muy numerosos elementos dramáticos que convoca.

El film aporta una novedosa mirada al género gracias a varias estrategias, todas ellas ensambladas con pasmosa pericia: en primer lugar, la naturaleza misma del protagonista: una abogado engreído, exitoso, sagaz, refinado, ajeno por completo al ámbito geográfico que transita y  en modo alguno  experto en armas o en técnicas combativas; en segundo lugar, el excelente aprovechamiento del apabullante marco espacial prestado por los inclementes, inacabables e hipnóticos aledaños de los desiertos antes mencionados, gracias a los cuales el traslado asiático del género se logra con más facilidad; tercero, por el ágil ensamblaje de estilos cinematográficos bien preclaros (desde Sergio Leone o Tarantino hasta los hermanos Cohen –el recuerdo de la soberbia VALOR DE LEY es muy válido-; y, por último, por la forma tan pertinaz de exprimir al máximo narrativamente las apariciones y desapariciones de todos los personajes.

Desde China, en fin, nos ha llegado un sorpresón cinéfilo que ya quisieran para sí muchos de los ínclitos copiones desmedidos, superficiales y sin gracia, que abundan en otras cinematografías.

BOYHOOD, de Richard Linklater

Nota: 8.8

Tras  emocionarnos con ANTES DEL ANOCHECER, tercera parte de su famosa trilogía, Richard Linklater vuelve a depararnos un ejercicio en el que la experiencia del paso del tiempo se postula como el elemento principal de la propuesta. De alguna forma, BOYHOOD viene a ser la concreción en una sóla película de la experiencia que supone ver seguidas las tres partes de la famosa terna protagonizada por Julie Delpy e Ethan Hawke. La idea ha sido ardua de producción pero, por fin, podemos decir que ha sido estrenada una, en principio, apasionante experiencia fílmica.

BOYHOOD comenzó a rodarse en el verano del 2002 y vio concluido su rodaje en octubre de 2013. La causa de semejante tardanza no la ha ocasionado ningún vaivén económico, ni humano, sino que es consecuente con la idea motriz que la ha generado, Boyhood-1con la que, libremente, ha sido concebida: ni más ni menos que la posibilidad de rodar una película en la que el envejecimiento de los personajes estuviera encarnado por los mismos actores sin necesidad de maquillaje o cambio de rostro alguno. El espectador asiste a un paso de tiempo encuadrado realmente por unos rostros que han sufrido el mismo paso del tiempo que los personajes.

La singularidad del proyecto podría tildarse de meramente extracinematográfica o de artificiosamente caprichosa. Sin embargo, la incombustible falsa transparencia con la que Linklater sabe solventar siempre el entuerto narrativo que tiene entre manos causa que esto no ocurra, colaborando a que la idea central del film quede definida con deslizante nitidez. El meollo argumental de BOYHOOD lo provoca el seguimiento a un, al principio, nicho de cinco años, Mason, al que seguiremos hasta que cumpla los dieciocho. Lógicamente, la agilidad narrativa se verá obligada a mediar suculentos y numerosos saltos temporales. En éstos, la película cuaja uno de sus muchos encantos.

El film indaga en el paso de la infancia a la adolescencia de su personaje central. Sin embargo, uno de los aciertos de Linklater es no colocar a Mason como omnipresente y tiránico elemento a observar y desarrollar. Su protagonismo es evidente, pero el realizador tolera que la asombrosa experiencia envejecedora se extienda a personajes como la hermana, el padre o la madre. boyhood-2De esta forma, se convierten en elementos muy condicionadores de la mirada aportada por Mason detalles como la personalidad de su hermana, como el hecho de que los padres ya desde el inicio del film estén separados, o como la falta de tino emocional de la madre para conseguir pareja.

BOYHOOD resulta ser una curiosa experiencia espectadora que se mueve con comodidad dentro de ese dilema continuo que constituye las inesperadas elipsis temporales y la sencillez de entramado narrativo que sirve de soporte al experimento y que va ganando en solidez conforme va avanzando la edad del protagonista. Linklater soluciona con naturalidad la dificultad que supone estructurar el guión mediante segmentos biográficos urdidos unidireccionalmente. Los distintos personajes secundarios aparecen y desaparecen según el periplo vital al que debe someterse Mason.  No lo es, pero el film parece estar contado por una voz rememorativa en primera persona, pues narrativamente, sin tentaciones melodramáticas estilizadas,  se atiene a contar las pinceladas vitales más importantes de su vida.

De ese estallido tenue de imprevisiones, obtenemos un film sensible, tierno, fácil y honesto, que evita siempre el riesgo de la carga teóricamente telefílmica de su propuesta, por el que se cuela una pequeña extrañeza observativa.  Resulta muy interesante asisitir a cómo el propio aprendizaje realizador de Linklater se hace patente, haciendo que el paso del metraje nos descubra su propia madurez artística: el empleo de planos largos de acompañamiento, por ejemplo, es muy superior en la segunda parte del film que en la primera.  De BOYHOOD cabe decir que le cuadra a la perfección el calificativo de deliciosa.

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