Martin Eden 1

Título original: Martin Eden

Año: 2019

Duración: 129 min.

País: Italia

Dirección: Pietro Marcello

Guion: Maurizio Braucci, Pietro Marcello (Novela: Jack London)

Reparto: Luca Marinelli, Carlo Cecchi, Jessica Cressy, Denise Sardisco, Vincenzo Nemolato, Carmen Pommella, Autilia Ranieri, Marco Leonardi, Savino Paparella, Elisabetta Valgoi, Pietro Ragusa, Giustiniano Alpi, Anna Patierno, Vincenza Modica, Gaetano Bruno, Maurizio Donadoni, Chiara Francini, Aniello Arena, Giuseppe Iuliano, Peppe Maggio, Franco Pinelli, Lana Vlady, Diego Sepe, Sergio Longobardi, Giordano Bruno Guerri

Nota: 8.2

Comentario Crítico:

Las adaptaciones literarias y sus luces, esas luces tan caras de estimular con el relumbre que, por un lado, reclama el material escrito de partida y, por otro, el mandato de la justificación cinematográfica. Numerosísima es la tipología de los métodos adaptatorios empleados por aquellos profesionales del Séptimo Arte que a lo largo de la historia han decidido inmiscuirse en esta tarea de trasladar la gramática de la palabra escrita a la del plano cinematográfico. Una de ellas podríamos bautizarla como metamorfosis de la apariencia; esta acogería a todos los productos que parten de una adaptación en tiempo y lugar radicalmente opuesto al acotado por el presupuesto literario, para, desde esa violenta intervención, disponer un itinerario argumental que trataría de indagar en la esencia expresiva exigida, alumbrada por el original.

Resulta obvio decir que el apostar por una metodología u otra no garantiza la suficiencia del producto resultante. Más que de esa elección instauradora de sentido, sin duda, dicha suficiencia, la entereza y validez del conjunto último dependerá mucho más de la sutileza del cineasta a la hora de no quedarse en la epidermis más estridente de ese recurso, de ese planteamiento agresivo que supone desplazar un argumento escrito a un acotamiento espacio/temporal novedoso.

Esta temporada hemos podido visionar dos films que parten de este presupuesto. Se trata de dos adaptaciones cinematográficas surgidas a partir de un par de magníficos precedentes literarios, ambos dos, separados por apenas dos décadas, surgidos en el primer tercio del siglo XX: BERLIN ALEXANDERPLATZ, de Alfred Döblin, y MARTIN EDEN, de Jack London. Hasta el espectador menos amante de este tipo de operaciones trasfiguradoras sería capaz de advertir la inclemente diferencia de resultados artísticos. El aberrante ninguneamiento degradatorio con el que Burhan Qurbani salda su apropiación de la primera, nada, absolutamente nada tiene que ver con la seriedad arrebatadora que Pietro Marcello impone para advertirle las entrañas al texto del autor de COLMILLO BLANCO.

El MARTIN EDEN de Marcello se sitúa en un Nápoles no concretado con precisión, pero que, dadas las claves de ambientación histórica y escenográfica, podemos situar en torno a la primera o segunda década del pasado siglo, esto es, más o menos  la época en la que London publicó la que siempre se ha considerado su obra más autobiográfica. En esa Nápoles convulsa, de raigambre todavía decimonónica, en la que se atisban los conflictos laborables de ese periodo de grandes conflictos promovidos por la onerosa diferencia de clases habida, se va a situar el devenir de un Martin Eden al que el realizador va a evitar seguir de un modo canónico. Esta decisión no tarda en postularse como el acierto fundamental de esta modélica adaptación encauzada a golpe de instinto, pulsión e introspectivo avizoramiento de hechos.

Digamos que el film se aferra de modo obsesivo e indagante a la vigilancia extrema del personaje principal, cómo no, casi de modo obligado o predefinido por un texto cuyo título es su mismo nombre. Ese acoso adquiere tintes de narración en primera persona por cuanto en el plano de apertura se nos presenta a aquel grabando unas palabras de marcado carácter confesional a una vieja grabadora.

El film mantiene el itinerario de toma de conciencia, aprovechamiento de oportunidad, consecución del objetivo y declive personal que estructura la novela, pero, claro está, haciendo que la cronología de acontecimientos no someta a la libérrima, nerviosa y flagelante radiografía de ese joven a quien el precio por la ansiedad de ser escritor le va a pasar la cruenta factura del aislamiento egocéntrico y dinamitador. Pesan mucho menos los datos que la persecución encuadrativa de la visceralidad, la ceguera, la distorsión de percepciones, la ambición inherente, inatajable y bulliente de entre los cuales surgirá el hombre desaforado y vidrioso.

Prima la impiedad antes que la conmiseración, la clarividencia subjetiva antes que el correlato de la certidumbre  En ese punto exacto en el que podrían confluir Oliveira y Bellochio, Pietro Marcello impone con arrojada templanza desestabilizadora un golpe de puños fílmico de fiera, extenuada magnitud. Tal y como los versos de Gonçalo M. Tavares dejan intuir: “El tiempo siempre ha sido un espacio,/ solo que de dimensiones increíbles./Tan grande que ningún humano puede/ser su propietario./Podrá existir la cerradura para los instantes, solo que nunca/tendrás la llave.” MARTIN EDEN asfixia el desquicio de un individuo que sí cree tenerla.

 

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