Babai Poster

FRENZY, de Emin Alper

NOTA: 7

Dos complejas contundencias dramáticas son el eje intencional sobre el que se articula la desoladora furia ambiental cuajada en BABAI, obra que supone el debut del kosovar Visar Morina, y que ha gozado de una magnífica aceptación en varios de los festivales cinematográficos en los que ha participado: por un lado, la crudeza expositiva dispuesta para un tema de tan sangrante actualidad como es el de la emigración ilegal por motivos económicos y políticos; por otro, la particularidad imprevisible de la mirada de un niño, encargada de ser la coartada desarrolladora de ese adolorido objetivo.

La acción del film se sitúa en los instantes anteriores a esa ominosa afrenta histórica conocida como la Guerra de los Balcanes. Principio de los años noventa, Geri , un vendedor ambulante de tabaco desea a toda costa abandonar Kosovo por cuanto presagia funestos tiempos inmediatos, gestados por el ejército serbio de Milosevic. Su intención es llegar hasta Alemania sea como sea, sin documentación legal alguna y, sobre  todo, desentendiéndose de la rémora que le supone Nori, su hijo de diez años. La película narra los denodados esfuerzos de este último por reencontrarse con el primero,  una vez Geri ha tomado la decisión de marcharse sin él.

La impronta pergeñada por el realizador kosovar abunda sobre todo en una pertinaz inclemencia que atañe tanto a la ilación de acontecimientos referidos como al modo de acotarlos con su cámara. Nos hallamos frente a un tipo de narración que se esfuerza en todo momento por cuajar crudeza, verosimilitud, frontalidad, densidad ambiental y afán denunciador. Morina lo consigue sin forzar la máquina del desgarro a toda costa: la observación de las terribles andanzas de Geri permite que se trascienda la mera odisea individual y que, por lo tanto, emerja con prontitud esa pena de desamparo, peligro en ciernes y azoramiento con la que todo ser obligado a la huida oculta debe apechugar. En ese sentido, cabe reconocer la valentía de un guión que no evita, sobre todo en la primera parte, evidenciar algunos claroscuros en las decisiones que la carestía, la urgencia y el afán por lograr su empeño obligan a tomar al protagonista.

BABAI se postula como un directo ejercicio de cine de hondo calado analítico, que sabe, al tiempo, descerrajar un punzante retrato individual de un pobre inocente que, poco a poco, va a tener que asumir su triste condición de obstáculo, de estorbo, de equipaje indeseado. Lástima que cierta tosquedad escénica, cierta reiteración en el mensaje de fondo y algunas soluciones algo desmedidas de guión eviten la plenitud de una obra admirablemente oscura, consternativamente actual.

 

 

FRENZY

Nota: 7

Frenzy PosterUna de las máximas triunfadoras de la última edición del Festival de Cine de Venecia, FRENZY, de Emin Alper, viene a constituirse como una solvente muestra de cine descarnadamente ambiental, en el que la captación del magma asfixiante dentro del que son obligados a transitar los personajes emplazados por la trama deviene el auténtico elemento obsesivamente esgrimido por su director para tratar de descerrajar la compleja maraña de enconos aglutinados en la trama.

Parábola futurista original, incómoda, creíble y angustiosa, el argumento de la interesante propuesta viene a dirimir como marco espacio/temporal un inhóspito Estambul situado en un futuro no muy alejado a las fechas de nuestros días. Los protagonistas son dos hermanos. Uno acaba de salir de la cárcel y trata de reconducir su lóbrega existencia obligado a ejercer de confidente de un grupo policial encargado de controlar a la población. El otro se dedica a cazar perros que deambulan por las calles de forma completamente prohibida por el extraño régimen dictatorial dominante. Hace muchos años que no se ven. El primero intenta encontrar al segundo. El encuentro se produce de forma asaz desalentadora. El hallazgo por parte del primero de un perro herido que llevará a su casa de forma furtiva y peligrosa para su integridad precipitará los destinos de ambos por unos impensados derroteros.

Algo morosa, efectista  y desorientada, FRENZY, con todo, convence por saber escorar el relato por una vertiente mental, subjetiva, entrecortada y sorpresiva, primando mucho más el adentramiento en las distintas pusilanimidades de los protagonistas que la fijación por un relato destinado a urdir un determinado cupo de acciones. El retrato que emerge de esta indagación ficticia por un futuro, al que no cuesta nada reconocer el aliento desalentador, oprobioso e involucionista de la Turquía contemporánea a los mandos del presidente Erdogan, es pesimista, consternante y absolutamente cercenador de la libertad del individuo. La cerrazón insana y demente contra la que apenas sí podrán hacer nada ninguno de los dos protagonistas no es sino consecuencia de esa irracional tortura colectiva que supone acatar los protocolos adoctrinadores impuestos por las altas instancias.

 

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