CEMETERY OF SPLENDOUR POSTER

 

NO HOME MOVIE, de Chantal Akerman

Nota: 8

Una de las peores noticias que han acaecido el presente año dentro del panorama cinematográfico mundial, sin duda alguna, ha sido la del fallecimiento de la indispensable directora belga Chantal Akerman. Uno de los pilares incuestionables del cine de autor europeo decidía poner fin a su vida tras, precisamente, dejar concluida esta NO HOME MOVIE, que, dadas las luctuosas circunstancias a las que ha quedado abocada, se hace obra tan indispensable (por testamentaria) como de difícil, delicada exploración analítica. Sabido el consternante contexto posterior a su estreno en algunos festivales cinematográficos, se hace tarea asaz embarazosa tratar de desentenderse de la definitiva decisión vital de la creadora de HOTEL MONTERREY.

La valoración simbólica del film es muy distinta según se asimile la obra, bien por lo que significa en sí misma: por el demoledor retrato de la decadencia física y mental de su propia madre y el caudal de reflexiones metacinematográficas que quedan implícitas en ese riguroso acercamiento a la decrepitud más cercana (el cine como acto, como decisión, como confidente, aliado, medio de expresión de un creador que necesita de su inmediatez), bien por lo que pudiere vislumbrarse en ella de íntima sentencia definitiva. NO HOME MOVIE deviene un crudo ejercicio cinematográfico en el que una hija toma conciencia de que la vida de su madre toca a su fin. La cámara, apurando al máximo los recovecos de un hogar materno, obviamente, muy próximos, conocidos por la realizadora, se apresta a infiltrarse en esa vida exigua, limitada, tolerando, además de la inflexibilidad del deterioro, un emocionante canto de amor de una madre a una hija, que, por desgracia, finalmente, no ha podido soportar su ausencia.

 

CEMETERY OF SPLENDOUR POSTER10º) CEMETERY OF SPLENDOUR, de Apichatpong Weerasethakul

CEMETERY OF SPLENDOUR POSTERUno de los grandes mesías del cine autoral hecho en nuestros días ha vuelto a su cita con el embeleso que supone disfrutar de su genuino modo de concebir el relato cinematográfico. Lamentablemente, un cierto sector de la crítica se ha apresurado a exclamar que nos hallamos frente a una de sus obras menos exigentes, que no está a la altura de sus grandes hitos, que CEMETERY OF SPLENDOUR es una Apichatpong Weerasethakul menor, por cuanto el tailandés ha rebajado su acreditada exigencia para con la narración impelida a desentenderse de su lógica y deslizarse por sus costuras más intuitivas, evocadoras o simbólicas, tratando de hacerse más asimilable. Bueno, no hay más ciego que el que no ve porque no ve lo que quiere.

CEMETERY OF SPLENDOUR en modo alguno puede tildarse como de renuncia del cineasta a su inatajable exigencia creadora, sino como de adentramiento en una aventura fílmica que le reclama una disposición estática, es cierto, acaso un tanto inesperada, nueva, disímil, pero jamás contradictoria a la radicalidad a la que el asiático nos tiene acostumbrados. El film narra la llegada de una veterana trabajadora a un hospital en el que, extrañamente, sumidos en un letargo inexplicable, permanecen un grupo de soldados durmiendo un sueño del que nadie sabe cuándo van a despertar. La atención que aquella le presta a uno de ellos desencadenará una próxima maraña de evocaciones, presentimientos y letargos. Resulta del todo conmocionante advertir cómo el tailandés sabe desarrollar su particular facilidad para el quiebro simbólico sometiendo su posicionamiento tras la cámara a la densa quietud propuesta por esa sala ocupada por pacientes dormidos. Abundada de planos fijos, que pocas veces escapan al interior de ese espacio y alrededores, CEMETERY OF SPLENDOUR tiene validez de meditada exploración personal y de severo y pertinente esfuerzo autoral por adaptarse al reclamo exigido por las características del empeño.