La Teoria Del Todo Imagen 1 Copy

Título original: The Theory of Everything

Año: 2014

Duración: 123 min.

País. Reino Unido

Director: James Marsh

Guión: Anthony McCarten (Libro: Jane Hawking)

Música: Johann Johansson

Fotografía: Benoît Delhomme

Reparto: Eddie Redmayne, Felicity Jones, Charlie Cox, David Thewlis, Emily Watson, Simon McBurney, Charlotte Hope, Adam Godley, Harry Lloyd, Maxine Peake, Joelle Koissi, Zac Rashid, Hugh O'Brien, George Hewer, Georg Nikoloff, John W.G. Harley

Productora: Working Title Films

Nota: 5

Impecable documentalista (MAN ON WIRE), James Marsh posee también una trayectoria como realizador al frente de proyectos de ficción dramática, que, a todas luces no es tan notable como su labor dentro del género documental. LA TEORÍA DEL TODO, lamentablemente, pese al seguro éxito de público, dadas las características del personaje real en torno al cual gira esta particular semblanza, no va a lograr que reconsideremos asumirlo como un correcto caligrafista, poco amigo de explorar ese difícil paraje que es la huida de lo atentamente previsible, de lo meramente pulcro.

De sobras conocido por todo el mundo, LA TEORÍA DEL TODO viene a convocar a la pantalla grande nada más y nada menos que una de las figuras más mediáticamente icónicas de las dos últimas décadas del siglo XX, el físico, cosmólogo y divulgador científico Stephen Hawking. Sin embargo, la película, en contra de lo que en principio pudiera deducirse, no es (o al menos lo intenta) un biopic al uso, en tanto que una observación de toda la existencia del reputado sabio británico, sino un detenimiento en su vida afectiva, en concreto de todo el periodo que duró su matrimonio con su primera esposa, Jane Hawking. Esto es así porque, precisamente, el guión del film se apoya en las memorias de ésta, en su libro, “Hacia el Infinito”, dentro del cual ella se encarga de alumbrar conocimiento público sobre todo el periodo que transcurre desde el momento en el que ambos se conocieron hasta el que decidieron finalizar su relación matrimonial en 1991.

Esta circunstancia condiciona el resultado final del film, por cuanto Marsh, poco a poco, conforme avanza el metraje y se va desarrollando el interesantísimo planteamiento dramático del film (el drama de un superdotado capaz de explicar la vida, situado en la encrucijada de un cuerpo que parece no querer conservarle la suya), va revelándose como un realizador incapaz de hurgar con la debida fiereza en la historia que, en sus excesivamente consideradas manos, queda convertida en un decepcionante catálogo de cortesías a todas luces improcedentes.

El hecho de que el punto de vista emplazado (la versión de los hechos, según Jane Hawking) sea el de quien presta una oportunidad para acudir a la trastienda cotidiana del personaje histórico reivindicado, en lugar de como arma mediante la que acometerlo con total arrojo, sin cortapisas, a quemarropa, de primera mano, adhiriéndose  fidedignamente al calvario personal del protagonista, por el contrario, parece estar utilizado como coartada para un recato, una simplificación y un encasillamiento que aquel ni exige, ni merece.la-teoria-del-todo-imagen-8 copy

La película narra la impresionante historia de amor y coraje que decidieron emprender Stephen y Jane Hawking tratando de superar el brutal impedimento de la irrupción de una enefermedad motoneuronal relacionada con el ELA (esclerósis lateral amiotrófica). Muy pronto el espectador va a apercibirse de que el personaje principal no va a verse sujeto a un retrato severo, profundo, radical mediante el cual indagar, por ejemplo, en cómo fue forjando su osado atrevimiento intelectual, en las circunstancias vitales que le condicionaron su talento científico, en las indudables controversias personales que debió ir superando para cohesionar su coherencia científica rompedora, nueva, rápidamente respetada.

Ni muchísimo menos. El film pasa de puntillas por todo este periodo conformador de su singularidad para caminar abiertamente por el terreno del melodrama sentimental, dado que, como ya ha quedado referido, el material escrito para la ocasión es el proferido por la verdadera esposa de aquel. No quiere decir esto que las posibilidades del film, tras decantarse abiertamente por esta opción, fueran nulas. No, ni mucho menos.la-teoria-del-todo-imagen-10 copy Lo que ocurre en LA TEORÍA DEL TODO es que el director no hace ningún esfuerzo por encauzar la historia dentro de un terreno que no sea el de la más adocenada convención.

De esa forma, el retrato de una relación afectiva única, durísima y llena de no pocas vicisitudes dramáticas (la debacle física, la angustia por el vaticinio de sólo dos años de vida, el esfuerzo de ella porque el obstáculo de la parálisis no hiciera mella en su legado intelectual, la sorpresa ante el alargamiento de los expectativas de vida, las acechanzas afectivas de terceras personas…) ve menoscabada su atipicidad al verse involucrada, narrativamente, en un dispositivo escénico impertinentemente limpio, considerado y temeroso. La forma, en lugar de facilitar la imposición de necesarios detenimientos, hurgamientos y acritudes, se empeña obsesivamente en ablandar contenidos, en limar incomodidades, en recular ante la menor acechanza de un apuro (penoso el último tercio: la forma en la que están despachadas las infidelidades es a todas luces ridículamente pacata).

Marsh únicamente parece empeñado en someter su cámara al impecable lucimiento de un magnífico Eddie Redmayne (con qué sólida humildad incorpora su impresionante mimetización) y de una soberbia Felicity Jones (sin duda, el auténtico tesoro del film: su modélica desenvoltura, libre de cualquier afectación, prestan una hondura que se eleva por encima de la monótona puesta en escena interpuesta por el  realizador). De resultas, el film queda convertido en un ejemplo de obra reducida a consabido relato de superación personal, cuando la entidad de la historia que lo genera hubiera debido quedar resuelta por el camino diametralmente opuesto.

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