Everest 2015 Cartel 1

Título original: Everest

Año: 2015

Duración: 121 min.

País: Estados Unidos Estados Unidos

Director: Baltasar Kormákur

Guión: Lem Dobbs, Justin Isbell, William Nicholson

Música: Dario Marianelli

Fotografía: Salvatore Totino

Reparto: Jason Clarke, Josh Brolin, Jake Gyllenhaal, Elizabeth Debicki, Keira Knightley, Sam Worthington, Robin Wright, Emily Watson, John Hawkes, Clive Standen, Michael Kelly, Martin Henderson, Vanessa Kirby, Thomas Goodman-Hill, Mia Goth

Productora: Cross Creek Pictures / Universal Pictures / Walden Media

Nota: 1

Bochornoso caso de hipotermia fílmica, EVEREST puede ser perfectamente enjuiciada como ínclita avalancha de ese funesto alud de barbarie prevista que es el lugar común, el desmorone de la profundidad escrutativa, el aplastamiento de cualquier amago de indagación desestabilizante. Baltasar Kormákur, su desmañado realizador, se muestra incapaz en todo momento de hacer frente a semejante violencia de trilladas nimiedades amontonadas a golpe de leso capricho. De ahí que la empresa, al igual que el episodio que pretende escenificar, quede sepultada entre los escombros congelados de la tóxica tolerancia desde la que parte su olvidable andadura.

Everest 2015 Imagen 1

Tal y como se ha encargado de cacarear la intensa campaña publicitaria gestada con motivo de su estreno, EVEREST alardea ostensiblemente de someterse al dictado de ese temible ardid condicionador, definido por la archisabida (y casi siempre premonitoria de no buenos festines) advertencia de “Basado en hechos reales”. El film intenta una aproximación a los dramáticos acaeceres en los que se vieron envueltos dos expediciones escaladoras, que, el 10 de mayo de 1996, pretendiendo concluir la bajada de la mítica cumbre, de súbito, se vieron sorprendidos por una imprevista tormenta, que sumió a varios rezagados en una cruenta pugna con la fatalidad.

El film trata de relatar los prolegómenos del viaje, las actividades previas a la escalada definitiva, las diversas inquietudes que motivan la presencia de los allí congregados, la competencia comercial entre las distintas agencia encargadas de organizar el periplo, la andadura durante las primeras etapas, el ataque definitivo a la cima y, finalmente, las consecuencias a la irrupción de las adversísimas condiciones metereológicas y a una serie de indebidas decisiones tomadas por los jefes de expedición, sobre todo, la de tolerar que unos rezagados no volvieran hacia atrás después de no cumplir el horario previsto.

Y decimos que “trata de relatar”, porque lo que el espectador contempla no es un relato sino una onerosa ristra de deshilachados, mal yuxtapuestos, engarzados a aleatorio capricho, en los que no cesa de desbaratar la necesaria concentración intensiva de acontecimientos expuestos una sempiterna, clamorosa e indesmayable confusión. EVEREST comete el nefando error de amparar su devenir a la presunta fidelidad de los hechos narrados, sin, en ningún momento, tratar de prestarle a la errada, ingente cantidad de ellos la verosimilitud dramática exigible. La exactitud para con el dato fidedigno pasa la factura de la injustificación relatora. El film se quiere verídico, pero se torna dispersa, nulamente franco.

Esto es así, porque el material escrito para la inútil ocasión comete más torpezas que los personajes dentro de la trama hilvanada con aguja de tamaño pata de mamut. La primera de ellas, evidente desde el inicio mismo, la de no depurar el interés de la observación protagónica, involucrando a una multitud de personajes, que, pronto lo intuimos, se vuelve en contra de la bregativa linealidad requerida por este tipo de relatos aventureros. La demasía de focos de atención genera caos, arbitrariedad y desatino.

Everest 2015 Imagen 2

La decisión de prestar atención narrativa a todos los núcleos de acción que los hechos reales integraron hace que la precisión de esa tarea se torne ansia imposible de concretar; a saber, tenemos los personajes que incluye el grupo de expedicionarios convocados por la agencia Adventure Consultants, liderados por Rob Hall, el de los que acudieron pagando los servicios de Mountain Madness a las órdenes de Scott Fischer, los de otros dos grupos más de expedicionarios, los de los que se quedan a cargo del campamento base, más el de las esposas de algunos de los protagonistas, sitas en su hogar.

La mera enumeración basta para rubricar la sentencia: el exceso de puntos de interés termina por zanjar la nula concentración observativa mediante la cual todo relato de aventuras cuaja su auténtica singularidad dramática. El material escrito no se decanta por privilegiar como es debido a los más importantes tratando, infructuosamente, de atender con urgencia las múltiples peripecias sobrevenidas. De resultas, se opta por una visión sobrevoladora, como de prismático ajeno a los hechos que, claro está, resulta medularmente nociva: el film es disperso como un enjambre de abejas alpinas tuertas, frío como un cojín esquimal de cubitos para iglú, y superficial como un telediario de esquiadoras chonis.

No hay garra, sino enumeración acumulativa de restos de melodrama aventurero de cartón piedra. Desde luego, en ningún momento se consigue gestar al aliento épico, romántico o fatalista que debiere supurar tamaña lucha contra el destino. No se atisba la ferocidad emocional que debieren desprender un grupo de seres humanos empecinados en una auténtica lucha contra los límites de su propia resistencia física, ni, por supuesto, emerge hálito alguno sobre la atracción la llamada, el hipnotismo de la montaña hacia ellos. EVEREST no es sino el torpe amontonamientos de conatos dramáticos apabullados al instante de surgir.

El realizador, además, da la impresión de asumir la tarea de escenificar esta imposible urdimbre de pellizcos amojamados en calidad de víctima de semejante aluvión de nieve telefílmica. Viendo que le están lloviendo más chuzos inclementes que a las indescifrables criaturas embarcadas en la maraña/modorra argumental, el islandés se obceca en dispersar más aún la densidad oteadora enfrascándose en una puesta en escena rudimentaria, simplona, desangelada y tardona, a la que le hace entumecido favor un montaje tan despistado y gratuito como Santa Claus patinando en una playa nudista. Vacía, morosa y previsible, EVEREST, en definitiva, corre intratable a convertirse en el abominable film de las altas nieves.

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