Seccíon: OFICIAL

Dirección: Terrence MALICK

Guión: Terrence MALICK 

Reparto: August DIEHL, Valerie PACHNER, Maria Simon, Tobias MORETTI, Karin NEUHÄUSER

Sinopsis:

Basada en hechos reales. Franz Jägerstätter, campesino austriaco, se niega a luchar junto a los nazis. Declarado culpable de traición por el régimen de Hitler, corre el riesgo de enfrentarse a la pena capital. Pero guiado por su fe inquebrantable y su amor por su mujer, Fani, y sus hijos, Franz sigue siendo un hombre libre.

Nota: 8

Malick ha vuelto a impartir la justicia de su elevado magisterio para la ascesis cinematográfica. A HIDDEN LIFE supone el reencuentro con el Malick virulenta y generosamente obsesivo con el acoso elusivo, circular, merodeador y asaeteante del conflicto en el que se ve inmerso el quebranto subjetivo adscrito al doliente itinerario de sus protagonistas. En esta ocasión, la férrea voluntad desmarcativa de un campesino austriaco que decidió no someterse al dictado del mandato bélico impuesto por Hitler, en Austria, durante la 2ª Guerra Mundial, le cumple a la perfección al creador de EL ÁRBOL DE LA VIDA el rol de encrucijada simbólica y física a la que otearle hondura, dolor y alma.

El film supera, evita siempre, huelga decirlo, el sometimiento a la dramaturgia bélica impuesta por los códigos de ese género tan codificado, sobre todo en el corpus formado por los films centrados en el nazismo hitleriano. Estamos hablando de Malick, entendámonos, uno de los más  libérrimos hacedores que le queda al cine contemporáneo, esto es, alguien con un modo de establecer sus mecanismos autorales de forma tan intransferible y genuina que supera cualquier capitulación genérica  con la sola mediación del plano de apertura de su obra. En A HIDDEN LIFE su acercamiento a este tiempo tan colmado de horror, infamia y sinrazón termina siendo un rotundo telón de fondo agobiador frente al cual ir dirimiendo una demoledora, hiriente y férrea reflexión sobre la dignidad humana, concebida esta como atalaya invicta, como posicionamiento íntimamente fecundado, como médula definitoria del comportamiento del individuo, como verdadero garante de la honestidad con uno mismo.

A HIDDEN LIFE se pliega, como punto de partida, a la biografía de Franz Jägestätter, el, con anterioridad, citado héroe anónimo, un desconocido mártir a quien el film se va a dedicar a radiografiar de modo asaz interesante, ya que en ningún momento el guión y, claro está, la dirección de Malick van a intentar analizar en calidad de elemento a destacar para la historia con mayúsculas. En las antípodas del trabajo rescatador que, por ejemplo Steven Spielberg hizo en LA LISTA DE SCHINDLER, A HIDDEN LIFE no está planteada como un biopic canónico  o como un drama historicista, sino como una escalada más, como una meditada afirmación en la inquebrantable investigación lírico-mística emprendida desde hace décadas por aquel. De esta forma, Jágestätter dejará muy pronto de ser un objetivo únicamente enciclopédico, para entregarse a quedar configurado como terreno sensiblemente significativo, como idóneo material para el moldeo subjetivo de un cineasta que se apropia del significado de su existencia para integrarlo en el confín de su convulsa biósfera trascendental.

Lo novedoso de la ocasión es que A HIDDEN LIFE es aprovechada por el autor de LA DELGADA LÍNEA ROJA para hacerle un punto y aparte a la inercia absolutamente desapegada de los parámetros del cine narrativamente lineal que había venido confeccionando hasta la entrega del mentado film protagonizado por Brad Pitt. Acaso sabedor del agotamiento del problemático ( y acribillado de críticas negativas) modelo iniciado en TO THE WONDER, Malick retorna a la senda del clasicismo lírico-intuitivo dentro del que ha sabido perfilar sus mejores obras.

Mediante su apabullante, exquisita batería de recursos escénicos planificatorios,  nos depara un sensitivo acercamiento a la armónica vida matrimonial anterior al comienzo del conflicto, un obsesivo e hiriente hurgamiento en la fortaleza de convicciones, íntimas e inexcusables, que el protagonista defiende en su conciencia, un, cómo no, elevado uso del paisaje geográfico en tanto que elemento significador de un etéreo magma de espiritualidad escarpada y feraz (parejo al adscrito al pertinaz temperamento de Jagestätter) y, finalmente, un tercio final memorable en el que sabe aprehender el suplicio encarcelado, la furia colectiva contra su familia en el pueblo y un cúmulo de intentos de abatir la firmeza inescrutable del personaje central de modo arrebatado, intimista, dolido y luctuosamente esperanzador.