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Steven Soderbergh depara suspense a lo Hitchcock en la estimable SIDE EFFECTS

CLOSED COURTAIN, de Jafar Panahi

Nota: 9

CLOSED CURTAIN viene a ser el particular HOLY MOTORS de Jafar Panahi, el imprescindible cineasta iraní que permanece confinado en su casa cumpliendo una condena “por actuar contra la seguridad nacional y hacer propaganda contra el régimen” tras padecer un dramático calvario de detenciones, acosos y encarcelamientos, nada más que por haber acudido al entierro de una joven activista asesinada durante las protestas electorales en 2009. El creador de EL CÍRCULO, desde su confinamiento, ha sido capaz de realizar dos largometrajes: el magnífico THIS IS NOT A FILM y el presente,  que el realizador no ha podido venir a defender ante la prensa.

CLOSED CURTAIN tiene la misma vocación confesional que impelía el mentado film de Leo Carax. En ambos,  la implicación del propio cineasta en calidad de elemento que reflexiona  y manipula  el  film desde dentro forma parte esencial del devenir significativo del mismo. Sin embargo, mientras el galo, tras aparecer en la escena prólogo de su obra, proponía una torrencial fábula de escenificaciones de distintos géneros cinematográficos, todos ellos enhebrados entre sí por el desesperado pesimismo de un actor superviviente a la desidia espectadora de un futuro en el que el acto de mirar se ha degradado hasta cosificados extremos , el iraní se debe a la inatacable premisa de la carencia de medios de producción que padece, de ahí que la confesión de su malestar deba someterse a la de una fábula modesta en la que el factor subjetivo sea voz, parte y todo.

CLOSED CURTAIN nos propone de manera frontal al hombre de cine que, enclaustrado, no cesa de sentir las ansias por ejercer su oficio. El guión del film diserta sobre ese empeño, sobre esa situación y sobre la posibilidad de solucionarla. Un hombre trata de escribir un guión en una casa solitaria frente a la playa a la que no entra un solo rayo de luz. El morador de la casa no solo ha echado todas las cortinas, sino que ha forrado todas ellas con un papel oscuro. El motivo de este severo aislamiento es su perro. El régimen iraní ha dictado orden de extinción de todos los perros: éstos son animales indignos de pasearse por una calle. 

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De súbito, un hombre y una mujer irrumpen en la casa escondiéndose de una persecución. El hombre se va al poco tiempo y le ruega al primero que la cuide  pues tiene tendencias suicidas. Las constantes apariciones y desapariciones de ésta pondrán sobre aviso al espectador de que todo el discurso tiene visos de estar ocultando algo. La realidad parece impelida a disolverse en un ente mayor que la está pensando.

La película es un asombroso ejercicio de cine experimental que, por un lado, sabe incorporar a su significación ficcional las circunstancias reales del rodaje del film (Panahi no puede abandonar la casa y tiene orden de no rodar un solo plano), y, por otro, concluye dirimiendo una arrolladora puesta en escena que hace que nos olvidemos de aquellas. CLOSED CURTAIN supone la consagración de un cineasta total que aprovecha la facultad de su oficio de cineasta para clamar por la angustia existencial que lo está consumiendo en vida. El film es un hipnótico juego de reflexiones creadoras involucrado en una narración minimalista, despojada, que, pese a esa (falsa) simpleza, termina evidenciando un portentoso encadenamiento de recovecos metacinematográficos, de deslices retóricos y de símbolos abruptamente subjetivos.

El cine dentro del cine convirtiéndose en parte del cine que bulle en la cabeza de un cineasta apresado. La necesidad de la creación alimentando la creación necesaria para que el cineasta preso siga fugándose de la vida. La vida como una cárcel (las rejas de la puerta del balcón, las cortinas, los trozos de papel cortados) y la ficción como única verdad en cuanto que es pensada libremente. Y, finalmente, el arte cinematográfico al servicio de esa libertad. Erase una vez un nombre preso que quería ser libre contando como el hombre preso imaginaba la vida del hombre libre… Insólita, pura, inagotable, sobresaliente.

SIDE EFFECTS, de Steven Soderbergh

Nota: 7

Steven Soderbergh no ha cesado de declarar que su despedida como cineasta va a ser esta SIDE EFFECTS. De ahí la lógica expectación que ha generado la presentación del film. Una vez contemplado, cabe decir que en él no hay la menor reflexión en torno a esta conclusiva particularidad externa a él. Nos hallamos, como casi siempre, con la profesional destreza que ha caracterizado la trayectoria de un eficaz hombre de cine que ha hecho del eclecticismo genérico una de sus marcas más singulares.

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Sin embargo, no debe de ser casual que para ésta, que,  se supone,  va a ser su adiós definitivo al oficio, haya decidido poner en marcha su genuina voluntad retrospectiva y dirigirla hacia la influencia de uno de los genios indiscutibles que ha dado el Séptimo Arte, el británico Alfred Hitchcock. SIDE EFFECTS resulta una ágil vindicación de la forma artesanal, bien graduada e intensa con la que el autor de PSICOSIS ejecutaba sus proyectos. 

El film nos acerca hasta un fatal acontecimiento que cambiará por completo la existencia de una mujer que sufre un acuciante deterioro depresivo y la del médico que la atiende y le receta unos medicamentos, cuyo resultado dista mucho de ser el pretendido, sobre todo cuando la primera, Emily, asesine a su marido de forma inconsciente, debido a un estado de abandono de consciencia que le ocasiona la ingesta de una medicina prescrita por el Dr. Banks. El dilema que se plantea en un principio es el siguiente: ¿Quién es el culpable del asesinato, la esposa del finado o el médico que le ha ordenado tomarse los medicamentos que le han llevado a cometer el homicidio?

Soderbergh estimula una fluida imbricación de los múltiples acontecimientos que van a ir surgiendo. Su puesta en escena es muy práctica en ese sentido, pues la multitud de giros argumentales exigen de ella sobre todo funcionalidad y nitidez expositiva. El realizador impone ambas, consiguiendo además que la exposición de los acontecimientos vaya revelando un doble acorralamiento sobre dos  perfiles/caracteres bien distintos: nos referimos al del Dr. Banks y al de Emily. 

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El primero funciona astutamente como el clásico héroe hitchcockniano, héroe a su pesar, sobrepasado por una deriva de aconteceres que lo sitúan en el centro de una vorágine ajena a su voluntad pero que azota en su contra: esto se ve claramente cuando debe arriesgarse a tomar una importante decisión cuando percibe a las claras la voluntad conspirativa maquinada contra él. El personaje de Emily, por su parte, va enriqueciendo su turbia andadura con detalles propios de enfermizas “femme fatale” de cine negro, al modo, por ejemplo de la Diane de ANGEL FACE, de Otto Preminguer. 

En definitiva, un film bien narrado, entretenido, sólido, efectivo y sin fisuras. al que empaña una resolución final despachada con demasiada ligereza.