La Sonrisa Etrusca

Título: La sonrisa etrusca

Autor@: José Luis Sampedro

Editorial: RBA Editores

Año de publicación: 1993 (1985 1ª edición)

Género: Narrativa / novela psicológica

No muchas veces ocurre que una novela psicológica tiene la capacidad de embriagar de tal manera al lector como consigue hacerlo José Luis Sampedro con La sonrisa etrusca.

Quizá, por el mero hecho de encontrarnos en el primer capítulo con una simple descripción subjetiva del sarcófago etrusco de Los esposos, hace que los amantes del arte y la literatura queden eclipsados. Pero lo que realmente se convierte en un eclipse para el lector es comenzar a conocer a Salvatore, nuestro protagonista, quien no parará de preguntarse de dónde puede nacer esa sonrisa satisfactoria de los esposos si están muertos y sobre una tumba.

Lejos se hallaba la respuesta para Salvatore; este viejo calabrés, combatiente en el pasado de la guerra y de una enfermedad en el presente, no entiende que su estancia en Milán para visitar al Doctor y para permanecer junto a su hijo y su nuera pueda ofrecerle esa última satisfacción con la que los esposos etruscos parecían haber muerto. Sin embargo, todo cambia cuando este viejo partisano se convierte en abuelo, y cuando digo abuelo, me refiero a todos los rasgos propios que la palabra conlleva y que nada tienen que ver con la genética. Hablo de protección, amor incondicional, tolerancia absoluta y cariño desorbitado.

Cuando Brunetito aparece en su vida, Salvatore vive un profundo cambio que irá aclarándose poco a poco y en el que entrarán en conflicto su pasado, su presente y su futuro. Así pues, conoceremos su lucha en contra del ejército de ocupación, conoceremos a sus compatriotas y a sus amantes, e incluso conoceremos sus creencias ideológicas impregnadas de esencia sureña, pueblerina y ancestral. Pero el viejo que ha conseguido cautivarnos es un viejo que ha sufrido una transformación casi milagrosa, y el único motivo simplemente ha sido su nieto. Ese inesperado cambio transforma la visión que tiene de la vida; ahora en ella, Salvatore está preso de la ilusión, de la esperanza y sobre todo del amor.

Todas y cada una de las vivencias que vive con su nieto están sometidas a divagaciones ideológicas en las que Salvatore busca crear el vínculo necesario para que el abuelo tenga un lugar muy importante en los recuerdos de Brunetito. Precisamente, en estas historias es donde el protagonista se desnuda a modo de monólogo interior evocando su pasado y su presente, y consiguiendo crear la complicidad necesaria que nosotros, los lectores, agradecemos para que este viejo abuelo también ocupe un lugar importante en nuestras vidas.

Aún siendo una novela que esconde un tema tan doloroso como es una enfermedad mortal, esta historia proporciona al lector una visión conmovedora, positiva y alentadora de la vida, una visión que proporciona la satisfacción de aferrarse a ella y sonreír en su hallazgo, que no es otro que el que se forja día a día sólo y exclusivamente siendo capaces de amar.

Muchos años después de ser escrita, esta novela sigue siendo un reflejo de la filosofía de vida de este ilustre humanista librepensador que se nos fue hace tan poco, y así lo muestra en su particular Credo:

Creo en la Vida, Madre Omnipotente,

Creadora de los cielos y de la tierra.

Creo en el Hombre, su hijo,

Concebido en creciente evolución,

Progresando a pesar de los Pilatos

Que inventaron sus dogmas reaccionarios

Para aplastar la Vida y sepultarla.

Pero la Vida siempre resucita

Y el Hombre sigue en marcha hacia el futuro. [...]

In memorian: José Luis Sampedro

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