Piratas Del Caribe 4 Portada

 

 

 

Título original  Pirates of the Caribbean: On Stranger Tides (Pirates of the Caribbean 4)

Año 2011

Duración 141 min.

País USA

Director Rob Marshall

Guión Ted Elliott, Terry Rossio (Novela: Tim Powers)

Música Hans Zimmer

Fotografía Dariusz Wolski

Reparto Johnny Depp, Geoffrey Rush, Penélope Cruz, Ian McShane, Sam Claflin, Kevin R. McNally, Astrid Berges-Frisbey, Óscar Jaenada, Robbie Kay, Keith Richards, Judi Dench

Productora Walt Disney Pictures / Jerry Bruckheimer Films

Valoración 2

La cosa ya olía a muerto. A muerto triunfante, pero muerto. Y con el olor a fiambre, ocurre lo mismo que con lo bueno: que si breve, dos veces bueno. Sin embargo, estando el negocio como está, las grandes productoras no pierden la ocasión de sacar a pasear al difunto, siempre y cuando la asistencia al entierro siga siendo tumultuosa. La matemática del cepillo taquillero tiene esa extraña lógica: se le llora más a gustito al muerto que más recauda. Lo mismo les da saber –como saben- que el cadáver, por mucho que lo paseen, no resucita al tercer día. Por eso, lo de esperar al cuarto es para beatos del asunto, que los sigue habiendo. Y muchos. Hasta se ponen gafitas para tridimensionalidad de corta distancia. Pero ni por esas. En contra de lo que cabría prever, un muerto tridimensional, sí, es cierto, tiene apariencia de más coleando, pero… pero… sigue igual de no vivito, y apestando a “finiquito” con la nevera forense estropeada. A los amos de la franquicia Piratas del Caribe sólo les vale ya un solo imperativo: el de seguir esa máxima tan verdadera que es la de “A rey muerto… Muerto que hay que tonificar como sea”. Aunque en el boca a boca se corra el riesgo de rozar lengua con el último gusano inquilino de la calavera.

Gore Verbinski, creador original de la cosa, convertido, al final, en digno embalsamador de la degradación, ya dijo tras la tercera que él no estaba dispuesto a seguir adorando al muerto. Qué harto debía estar, para, después de tantos años desgañitando su estruendosa mediocridad al mando de esta pirotécnica saga, correr a los brazos del cine de animación, dar rienda suelta a sus auténticos instintos aventureros y obsequiarnos con una maravilla maestra llamada Rango. Viendo esta última, cabe comprender que le dijera no a los gerifaltes de este Pirata Party homenaje al integrante masculino de Boney-M. Verbinski debía estar harto de seguir perpetrando la multimillonaria agonía por episodios. Y bueno, ya se sabe… “A rey harto… rey de repuesto”. Que para eso está Rob Marshall, ese gran coreógrafo metido a destrozador fílmico de lujo, a cuya piececito de piñón cabe imputarle traspiés tan indelicados como las muy lesionantes Memorias de una Gheisa y Nine.

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De resultas, el espanto ha alcanzado cotas ya de muerto pleistoceno. De muerto con tufo epidemial, que yo sólo se lo deseo a la ministra Cornelia que dijo hace tres semanas que el pepino español traía bacteria. Todo para ella. Si tan cuca, tan prevenida, tan aséptica, tan higiénica, tan antipepinablees ella ante el temor de cualquier brote de protozoos asesinos, lo que tiene que hacer es dejar ya de que la pongan, a cuatro patas de palo, mirando para Almería, y vetar el estreno de la cuarta imbecilidad contagiosa de Jack Sparrow en Alemania. Piratas del Caribe 4 (En Mareas Misteriosas) es un bacilo centenario sin suero en el gotero, un festival cadavérico de despojos clamando el INRI, un chute generoso de E. Coli, la colección de DVD de la serie capitaneada por Pilar Rubio o el abordaje de la ministra Chacón sobre un velero llamado Rubalcaba.

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La película es un aburridísimo fluido de imágenes rancias, exangües y planas. La extenuación extenuada. Ruido regurgitador de sediento desesperado: como continuar chupando horchata con la pajita, cuando hace una hora que se te acabó el líquido en el vaso y tú te empeñas en la succión de la última burbuja. Se la ha querido reformular intentando ser más parcos en los fuegos de artificio, invocando un cierto retorno a un cine de aventuras más artesanal y, para ello, han decidido acoplar a los personajes resistentes de la historia el hilo narrativo hilvanado en una novela de Tim Powers, titulada precisamente “En Mareas Misteriosas”. Nada de nada. Subterfugio de tacaño ahorrador. Lo que han hecho es apurar al máximo un presupuesto más barato que la tercera, descartando la aparatosidad y la carestía de las escenas marinas. El resultado es una película de piratas en tierra más desorientada que un rape en casa del estilista de Lady Gaga. La búsqueda de la Fuente de la Eterna Juventud deviene en mero relleno alargador del metraje, una excusa final a cuyo logro se le habilitan tres tramas y media fatigosas, inconexas y planas como la retransmisión televisiva de la etapa llana más larga y sin escapadas del Tour de Francia. La trama de Jack Sparrow y su antigua amada Angélica, la trama del pirata Barbanegra, y la trama del capitán Barbossa. La media es el fleco prólogo, epílogo y piloto que incorpora un Óscar Jaenada más Anne Igartiburu versallesco que nunca.

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De la rutina, la fatiga y las ganas de irse a mear la de rogar que no caiga la gota para no volver a la sala, sólo se salvan las efectivas presencias actorales del siempre perfecto Geoffrey Rush (lo mejor, con diferencia, de todo el serial) y del gran IanMcShane. Y, desde un punto de vista escénico, toda la secuencia del asalto de las sirenas. Es en la única en la que se imprime una cierta intensidad misteriosa: Marshall sabe graduarla, aprovechar al máximo la nocturnidad marina en la que se enmarca y otorgar un poderoso magnetismo a las bellas criaturas marinas. De hecho, la única subtrama que acaba resultando digna es la que tiene que ver con la relación del joven sacerdote prisionero y la sirena capturada.

Y esto es así porque el romance central de la función tiene la misma capacidad de encandilamiento que un revuelto de espinas de rodaballo, queso de Cabrales y Doritos ChillySpicy. La química entre los dos actores principales es de geranio al chilindrón. Penélope Cruz está soberbia… intentando que no se le note el preñe. No hace otra cosa. Bien es cierto que porque no puede hacer nada más: su personaje está construido para masacrar a quien le ponga el careto bonito. Ella lo pone y no es que salga mal parada… es que es para que se vaya de por vida al paro.

Ahora bien, en donde Rob Marshall patina hasta desearle pellizco de cangrejo dinosaurio en el tesoro testicular, es en la dirección de Johnny Deep. El director de Chicago se limita, para desgracia de todos los que le aborrecemos en la interpretación de este pirata salido de la vena psicótica de María Patiño, a darle una sola orden: Haz lo que te salga de la punta de tu Perla Negra, Johnny. Y así le ha ido a él, a la película y los que la hemos visto (Que conste en acta: yo lo he hecho, porque el Sr. Andrés García, capitán de la Queen Slithers Navy, me ha obligado. Ahora que apechugue y que me publique esta crítica completamente Sparrow a bordo de un necesario “gintónic”).

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El formidable intérprete de Enemigos Íntimos naufraga en aguas histéricas regalándonos un trabajo digno de que lo estrellen contra un acantilado de navajas de Albacete. Su Jack Sparrow cuarto deviene en un híbrido locatis, exagerado, churrigueresco y eurololailo, que confirma lo que todos intuíamos: ese pirata es un cruce maligno entre Miguelito, el hijo del frutero de Aída, y el coronel Gadafiempelucado a lo Shakira. Un delirante estropicio bucanero, que en lugar de neuronas, tuviere instalada en el cerebro la discográfica entera de GeorgiDann. De ahí que no interprete, sino que disponga a su alucinación gestual carita de Chiringuito, descontrol “Mamí que será lo que tiene el Negro” y contoneo continuado de La Barbacoa.Insoportable, con gracia negativa y desquiciador, ya va siendo hora de que lo paseen por el trampolín de la muerte, previo tratamiento total de sable o taladro, y con setenta tiburones Falete esperando el salto al agua.

En definitiva, una prescindible basura cinematográfica. Iba a decir que esperemos que con la cuarta nos haya caído la definitiva, pero mi gozo se ha ido al pozo. Acaba de saltar la noticia de que la quinta ya está en marcha. Y de que si no continúa Marshall, suena el fichaje de Tim Burton…. ¡Dios!… ¡que Helena Bonham Carter lo desayune con brotes de soja germana!... Y que la quinta la dirija Isabel Coixet para que Jack Sparrow vaya al cielo en formato de anuncio de compresa con alas.

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