Transcendence 2014 Imagen 31

Título original: Transcendence

Año: 2014

Duración: 119 min.

País: Estados Unidos

Director: Wally Pfister

Guión: Jack Paglen, Jordan Goldberg, Alex Paraskevas, Wally Pfister

Música: Mychael Danna

Fotografía: Jess Hall

Reparto: Johnny Depp, Rebecca Hall, Paul Bettany, Kate Mara, Morgan Freeman, Cillian Murphy, Cole Hauser, Clifton Collins Jr., Josh Stewart, Olivia Taylor Dudley

Productora: Warner Bros. Pictures / Alcon Entertainment

Nota: 2

Director de fotografía de la práctica totalidad de la filmografía de Christopher Nolan,  Wally Pfister ha decidido dar el salto a la realización cinematográfica de la mano de un proyecto que se adentra dentro de las coordenadas genéricas del cine de ciencia ficción. TRASCENDENCE se involucra en el terreno de la denominada “Inteligencia Artificial”, esto es, la capacidad de la tecnología creada por el hombre para racionalizar autónomamente sus propios actos, decisiones y pensamientos.

El argumento nos presenta a tres científicos, el matrimonio formado por Will y Evelyn Caster y a Max Waters –éste último será el encargado de ser la voz relatora de todos los acontecimientos referidos; todo el film viene constituido por un largo flash-back organizado por su memoria-. Los tres juntos llevan muchos años investigando en torno a la posibilidad de crear una computadora que sea capaz de sentir todo el amplio abanico de sensaciones humanas. Un grupo de terroristas que abandera un mensaje totalmente en contra a esa serie de avances comete una serie de atentados en contra de la empresa para la que los tres científicos trabajas. Tras uno de ellos, Will muere. Evelyn, desesperada, decide introducir en su cuerpo sin vida el dispositivo inventado. El resultado será la conversión de Will en el cerebro y el alma del nuevo dispositivo, que, a sus órdenes, comenzará a dirimir una serie de impensadas decisiones.

El problema principal de TRASCENDENCE es que es una película enfrentada permanentemente consigo misma. Nos hallamos frente a un film sonrojantemente fallido que no resuelve en ningún momento el dilema que surge entre el notable interés del tema planteado y la supina vulgaridad con la que éste está corporeizado, hecho mecanismo narrativo en pantalla. El asunto central no cesa de estar boicoteado por un guión pobrísimo, errado, simplón y previsible, de ahí que el vislumbrado potencial ficticio queda convertido en agua de borrajas destartalada y licuada en óxido.

Causa estupefacción comprobar cómo ha sido consentido un material escrito tan plano. Todo parece estar abocado a la presentación de un planteamiento dramático asaz interesante (el de la ética de la tecnología, el de los límites de la investigación humana, el del peligro de los resultados de ésta, transcendence-2014-imagen-32el de las consecuencias en nuestro orden de la incursión de mecanismos todopoderosos autónomos, el de la gestación de un cerebro humano, el de la posibilidad de la creación de los sentimientos) al que nadie se ha parado a desarrollar narrativamente con la seriedad necesaria. Los tres personajes principales, una vez irrumpe la modificación vital de Will, sucumben a una parálisis letal; el resto de secundarios, desde un principio, no superan la condición de peleles de (mal) acompañamiento, y la ilación de acontecimientos no obedece más que al único imperativo de la desgana y el desahogo.

Para colmo de males, y contra todo pronóstico, formal y visualmente la película es calamitosamente anodina. Parece mentira que nada más y nada menos que uno de los colaboradores más estrechos de un exquisito creador audiovisual como es el mentado autor de EL CABALLERO OSCURO se halle detrás de este encadenado de vulgaridad planificada a la rocambolesca y a la “salto de mata”. La insoportable mediocridad de la realización contribuye a que las imágenes jamás generen la angustia o la inquietud que debería reclamar el entramado argumental. En resumidas cuentas, TRASCENDENCE más que una aportación seria al género más transitado por Hollywood hoy en día, lo que parece es un episodio de EL EQUIPO A con una idea original de Eduardo Punset hecha guión e imagen por el hijo de Ortega Cano mientras estaba en el trullo. 

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