El Camino M S Largo Para Volver A Casa 814718363 Large

Título: El camí més llarg per tornar a casa (El camino más largo para volver a casa)

Año 2014

Duración 85 min.

País España

Director Sergi Pérez

Guión Sergi Pérez, Eric Navarro, Roger Padilla

Música Alex Sarda

Fotografía Julián Elizalde

Reparto Borja Espinosa, Miki Esparbé, María Ribera, Pol López

Productora Niu d'Indi / No Hay Banda

Nota: 8

Estremecedor, franco,  notabilísimo debut cinematográfico el del catalán Sergi Pérez. La intensidad, la obsesión y la agudeza de su planteamiento escénico nos hace afirmar que nos hallamos frente a una “opera prima” de esas que permiten atisbar la irrupción de un creador audiovisual de fuste. Realizador de vídeo-clips (para Manel y Mishima, entre otros), de spots publicitarios y estimulantes cortometrajes, Pérez pertenece al grupo de profesionales de lo audiovisual que han ido gestando su carrera al amparo de la ESCAC (Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya).

Como otras recientes producciones, EL CAMINO MÁS LARGO PARA VOLVER A CASA  se ha financiado mediante “crowdfuding” .  Su rodaje, debido a esa singularidad de producción, se tuvo que dividir en tres etapas,  durante unos dieciséis días. Lejos de perjudicarle esos parones, el realizador ha confesado que fueron aprovechados en beneficio del resultado final pues tuvo tiempo de depurar algunos desequilibrios imprevistos e incluir rectificaciones, por lo tanto,  no incluidas en el material escrito en primer lugar.

Desde luego, una vez el resultado definitivo visto aquel cabe referir que tales dificultades previas no se notan en absoluto. Si hubiera que destacar una sola virtud de entre las numerosas que acumula, esa, sin duda alguna, sería la densa cohesión que acumula desde el primero hasta el último de sus planos. Las características temporales que definen su entramado argumental exigían un esfuerzo por parte del realizador a la hora de trazar con aplomo,  tan progresivo como inquietante,  el devenir emplazado para con su protagonista. Seri Pérez logra estar a la altura del difícil reto planteado. La implicación acuciativa de su cámara se torna dispositivo ejemplar y necesario para la consecución de ese logro.

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EL CAMINO MÁS LARGO PARA VOLVER A CASA nos presenta, en su primer plano, a un joven acostado en la cama. La apariencia denota que la noche previa ha distado mucho de ser pacífica. El polvo acumulado en la habitación hace pensar que el cuidado último de las obligaciones caseras no ha sido cumplido. De pronto, el joven comienza a pronunciar un nombre propio. Al no recibir respuesta se levanta, va hacia el baño y allí se produce un descubrimiento, en principio, bastante sorpresivo para el espectador: el protagonista halla a un perro desmayado, exhausto, sin fuerzas.

Rápidamente llama por teléfono a un veterinario. Al serle comunicado que debe ser él quien lleve hasta el centro al animal, aquel sale con apremiante celeridad del hogar con el (voluminoso, pesado) animal entre sus brazos. Al cerrar la puerta, vemos cómo las llaves caen de la cerradura dentro de casa. Éste será el primero de los súbitos incidentes que deberá solventar este hombre con perro abatido entre las manos, al que volver a casa se le va a convertir en un esforzado, continuamente irresoluble calvario, que, poco a poco, dramáticamente, irá desvelando otro de orden muy superior. 

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Así pues, nos hallamos frente a un film rabiosa, lúcida e impecablemente moderno, de marchamo claramente “indie”, que cuaja una estimable personalidad sin detenerse a cumplir con el protocolo de esta clase de ejercicios, y en el que deviene mucho más importante la siembra de incertidumbres, enigmas y claroscuros que la narración de unos hechos linealmente encadenados. De este modo, la gradación y el tino en lo referente al suministro de ciertos datos se convierte en el principal objetivo tanto del guión escrito como de la puesta en escena pergeñada para solventarlo.

El seguimiento al protagonista (un impresionante, perfecto Borja Espinosa, desde ya la revelación interpretativa del año), en ese sentido, es tan adhesivo como intrigante. Sus reacciones ante los hechos sobrevenidos van a ir revelando sugestivas y trágicas informaciones acerca de su pasado más rabiosamente inmediato. El realizador asfixia con eficacia el retrato sorpresivo e incompleto a consciencia (el espectador deberá hacer sus propias suposiciones) de ese personaje central: un hombre que debe hacer frente al día más triste de su vida, que no tiene fuerzas para enfrentarlo, que tratará de evitar su deber y que, por ello, irá sumiendo sus segundos en un caótico precipicio emocional.

EL CAMINO MÁS LARGO PARA VOLVER A CASA termina dirimiendo una desgarradora reflexión en torno al luto subjetivo, en torno a la conciencia de la pérdida. El naufragio interior de quien nota en la carne el zarpazo de la desaparición cercana. La zozobra incomunicada, la desorientación inclemente, el dolor puro y absurdo de los primeros instantes de saber que quien ya no está se ha llevado la vida vivida y la que quedaba por vivir. Sin estridencias pero a bote pronto, limpia y atormentada  a la vez, la película depara esa gratificante noticia que es asistir al alumbramiento cinematográfico de un director al que no habremos de perder de vista. Nadie diría que este es su primer film.

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