La Reconquista Poster

 

Título original: La reconquista

Año: 2016

Duración:  108 min.

País: España

Director: Jonás Trueba

Guión:  Jonás Trueba

Fotografía:  Santiago Racaj

Reparto:  Itsaso Arana, Francesco Carril, Aura Garrido, Candela Recio, Pablo Hoyos

Productora:  Los Ilusos Films

Nota: 8.2

A lomos de su pequeña, respirable, modesta, desprejuiciada y estoica gramática cinematográfica, Jonás Trueba se ha constituido en una especia de francotirador ingenuo o francotirador a su pesar, dentro de los adocenados cauces del cine hecho en nuestro país. Desde esa envidiable atalaya que supone ponerse manos a la cámara sólo en proyectos de férrea naturaleza personal, el joven realizador va cuajando una admirable, sólida y coherente trayectoria cinematográfica, caracterizada por esa constante no renuncia a sus firmezas creativas. La Reconquista 4Su cine es un cine empeñado en la perseverancia del instante, en la revelación producida tras esa paciencia agazapada aguardando el logro de una verdad que trasciende el encuadre emplazado. LA RECONQUISTA, en ese sentido, no puede sino ser calificada de paradigma de esa virtud tan cara de ser contemplada en nuestros días.

Un rostro de mujer abre el film. Se la nota nerviosa. No puede estar quieta. No sabemos qué trama, qué motiva esa inquietud. Pronto conoceremos el motivo. Esta joven mujer tiene una cita. No una cita cualquiera. Se trata de un reencuentro con el que fuere el primer amor de su vida. Son Manuela y Olmo, dos treintañeros, de súbito emplazados a volver a verse tras muchos años sin saber apenas el uno del otro. La película, dividida en tres partes bien diferenciadas entre sí, pretende reflexionar sobre el peso del amor en el tiempo y viceversa, sobre la perseverancia de la vida amante pretérita, sobre el asalto de los afectos dormidos, sobre la eterna inseguridad frente a las decisiones tomadas, sobre la posibilidad y su envés de tratar de hacer presente un afanoso sentimiento afectivo, sobre, en definitiva, lo que queda de lo que fuimos cuando fuimos seres con el amor, ahora, redescubierto delante de nuestros ojos.

La primera parte queda supeditada a las horas que Manuela y Olmo van a pasar juntos. La cámara de Trueba, como siempre, se muestra muy atenta a los cruces de miradas entre ambos, colocándose en posición de vigía no entrometido pero ansioso de saberlos. Los personajes, siendo la ilación de acontecimientos tan exigua, quedan descritos por sus reacciones, por cómo cada uno de los dos intenta solventar el trance de volverse a reencontrar, por cómo cada uno tiene la capacidad de sobrellevar el nerviosismo, la incertidumbre, pero también la dicha de tenerse cara a cara.La Reconquista 2 Manuela se muestra más charlatana, más atrevida en lo que se refiere a recalcar la importancia del pasado: no por casualidad, la primera decisión al poco de ver a Olmo bajarse de la moto será la de entregarle una carta que éste le escribió cuando estuvieron juntos.

El segmento depara un auténtico dechado de solvencia naturalista, de acopio vivible. El tiempo que Trueba dispone a cada plano se ajusta cálida y titilantemente al surgimiento de esa verdad prorrumpida entre sonrisas alteradas, silencios, titubeos, miradas mantenidas y esquivadas,  atracción e inminencia de acercamiento. Casi se diría que la irrupción de los tres temas cantados por el padre de Manuela (arrollador Rafa Berrio) en el local en el que actúa, y al que acuden ellos dos porque así se lo ha prometido ella a aquel, en los que la cámara apenas si deja de encuadrarlo mientras interpreta sus temas, se impone como recurso mediante el que abandonar a los protagonistas a la suerte de un a intimidad recobrada. La ausencia de retórica formalista alguna esgrimida en calidad de principio inquebrantable.

La Reconquista 1La segunda parte transcurre en el piso que Olmo comparte con su actual pareja. Quizás sea la más elaborada visualmente, por cuanto el realizador aprovecha jugosamente la quietud de los personajes, el espacio cerrado que dirimen las dos estancias en las que acontecen las conversaciones encuadradas (el dormitorio, la sala de estar) y, sobre todo, el ánimo de los dos personajes: él, agotado, aún  bajo los efectos del alcohol, conmocionado por el encuentro con Manuela, e intentando engullir la influencia de ese retorno que ha durado una noche; ella, recién despertada, pero con curiosidad, con ganas de que Olmo le cuente sus sensaciones tras esas horas con aquella. La cámara del realizador no se muestra tan presta a indagar, puesto que este encuentro no tiene el cariz inusitado y cargado de expectativas que tiene el otro. Nos hallamos en el presente del personaje masculino central, en la firmeza de su estabilidad afectiva; la luz de la mañana se contrapone a la rugosa fotografía nocturna que ha caracterizado el segmento anterior. Claridad versus opacidad definiendo con sutilidad la disimilitud de templanzas.La Reconquista 5

Por último, el pasado. Imponiendo una solución narrativa asaz atrevida, la inercia argumental sorprende al espectador obligándole a encajar un inesperado salto en el tiempo, en el que queda escenificado el germen del amor entre Manuela y Olmo, los instantes adolescentes del descubrimiento del afecto, la inocencia doliente del lapso temporal en el que ambos llegaron en la eternidad unidos. La osadía de, a esas alturas del film, prácticamente concluirlo con este flash-back de desconocida voluntad impositora (¿lo demanda la soledad asaltada de Olmo en el último plano del film? ¿Acaso la incertidumbre aguardante del plano de Manuela que le daba inicio? ¿Una necesidad exógena abordada por el realizador para contraponer la pujanza entre tiempos, dejando intuir que el pasado es un mero ardid que nunca deja de ser reclamado por el sujeto obligado a sobrellevarlo?) pronto arbitra su pertinencia: retomamos la historia de una carta. El pretérito ha dejado de ser un relato e irrumpe en calidad de ajuste.

Pese a que la narración global se resienta de la excesiva duración de este segmento, emplazar a los dos seres con su respectiva otredad amante hecha presente (en tanto que ha sido convocada, vuelta a vivir) se torna colofón idóneo para la reflexión planteada por Jonás Trueba en esta serena, diáfana y respirablemente ardua LA RECONQUISTA. La llama del ser amado nunca deja de alertar el privilegio de haberlo sido. No somos más que lo que hemos sentido, ni menos que lo que jamás hemos dejado de sentir.

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