Rocketman 2

Título original: Rocketman

Año; 2019

Duración: 121 min.

País: Reino Unido

Dirección: Dexter Fletcher

Guion: Lee Hall

Reparto: Taron Egerton,  Jamie Bell,  Richard Madden,  Bryce Dallas Howard, Steven Mackintosh,  Gemma Jones,  Tom Bennett,  Kit Connor,  Stephen Graham, Matthew Illesley,  Ophelia Lovibond,  Charlotte Sharland,  Layton Williams, Bern Collaco,  Ziad Abaza,  Jamie Bacon,  Kamil Lemieszewski,  Israel Ruiz, Graham Fletcher-Cook

Sinopsis: Biopic que relata la vida del cantante, compositor y pianista británico Elton John. Desde sus comienzos, como niño prodigio del piano y estudiante en la Academia Real de Música, pasando por su juventud y su carrera como cantante, cuando se dio cuenta de que lo suyo no era la música clásica sino la música rock, hasta convertirse en una superestrella internacional, incluyendo su influyente y perdurable asociación musical con el letrista Bernie Taupin.

Nota: 6

Comentario Crítico:

Dada la incontestable (aún reciente) magnitud del enorme éxito de público de la pacata semblanza biográfica realizada en torno a la figura de Freddie Mercury en la vulgarísima BOHEMIAN RHAPSODY, parece lógico que la irrupción de un film del de las características de ROCKETMAN se asuma, desde el punto de vista de la crítica, como una tesitura llamada a convertirse en carne de prontos planteamientos comparativos. Motivos no faltan, puesto que este último vuelve a incidir en la utilización de otro egregio icono musical de las últimas décadas y, sobre todo, porque al frente de ella se ha situado a Dexter Fletcher, el realizador que fue convocado a concluir BOHEMIAN RHAPSODY toda vez que Bryan Singer abandonó la producción.

Pues bien, pese a que parece claro que la repercusión pública de ROCKETMAN tiene muy difícil emular a la del film protagonizado por Rami Malek, nos hallamos frente a una propuesta que, desde su inicio, marca una severa distancia genérica con respecto a aquel. Gracias a ella, el acercamiento a la figura de Elthon John es mucho más fecundo e interesante que deparado al líder de THE QUEEN.

Y es que, para sorpresa de los espectadores, ROCKETMAN no se involucra en los protocolos casi siempre superficializadores y estandarizados del biopic al uso, sino que no tarda lo más mínimo en significarse como un musical cinematográfico. Esto es, no nos hallamos frente a una aproximación en clave realista, atenta al dato fidedigno, presa, por lo tanto, del desarrollo cronológico impuesto por el devenir biográfico del personaje escogido, sino frente a un ejercicio de cine musical que utiliza al creador de “Candle in the Wind” como material para el encadenado de números musicales, a través de los cuales el guion procede a aproximarse a su biografía. La diferencia con respecto a BOHEMIAN RHAPSODY, por lo tanto, de partida, es sustancial y, fundamentalmente, en teoría, más osada.

El resultado final de dicha operación es curioso, aunque no plenamente satisfactorio, por cuanto se antoja que Fletcher no ha sido capaz de radicalizar su atractivo punto de partida, limitándose a tratar de que su ejercicio no se fugue jamás por una vertiente menos sometida a los imperativos del género. ROCKETMAN rezuma tanta gracilidad y tanto convencimiento como aplicación canónica y querencia por el cliché. Se las ingenia muy bien, eso es cierto, para, por ejemplo,  no ceder a la amabilidad encorsetada con la que Freddie Mercury era despachado en BOHEMIAN RHAPSODY.

El perfil que va trazando sobre el artista británico acumula más desinhibición, sinceridad y voluntad esclareciente que las esgrimidas en aquel. No elude sordideces, traumas, desquicios y hundimientos personales. Taron Egerton contribuye intensísimamente a que ese aglomeración de desamparos se armonicen con espontaneidad y franqueza en el dispositivo musical gestado, pero este, acaso por la disposición escénica excesivamente conservadora que maneja Fletcher, sucumbe a una tonalidad acomodada, que niega la más mínima posibilidad de un arrebato observativo y formal, reclamado desde el arranque, cuando la entrada en escena del personaje protagonista, vestido de diablo carnavalero, parece preconizar un desenfreno festivo, febril, sobresaltado y sin prejuicios que, a la postre, sólo se concreta en ráfagas demasiado intermitentes.