Ayer Termina Nunca

La sabia firmeza de la rumana CHILD´S POSE hace olvidar la flácida corrección de la francesa LA RELIGIEUSE.

AYER NO TERMINA NUNCA, de Isabel Coixet.

Nota: 2

La realizadora catalana Isabel Coixet, mediante esta descarnada AYER NO TERMINA NUNCA, viene a ofrecer la versión más torrencial de sí misma. El film se desgañita por ser una suerte de  “Coixet Desencadenada”,  de Coixet frente al espejo, de Coixet de pata pura y de cepa negra, de Coixet en posición harakiri,  de  Coixet sin máscaras ni cartones, de Coixet  envasada al vacío, de una Master Coixet , en definitiva, quitándole la red a una Coixet trapecista que se atreviere con un doble salto mortal suicida   Por desgracia para ella y para quienes le contemplamos el desnudo, la pirueta en el filo le acaba costando un porrazo de magnitud Mortadelo y Filemón, que no la libra ni la compresa con alas.

El film, hay que reconocerlo, es muy arriesgado. La autora de MI VIDA SIN MI demuestra una valentía inusitada al enrolarse en un ejercicio desguarnecidamente temerario. AYER NO TERMINA NUNCA  resulta una especie de antología concentrada de todos sus rasgos escenográficos característicos, pues todos ellos aparecen pero apelmazados, resumidos, en picada pelota.

La película narra el reencuentro de un matrimonio separado. Él, tras cinco años sin haberle hecho saber nada a ella, acude a un lugar de la provincia de Barcelona que ella le ha indicado en una carta. Allí ambos deben hacer frente a un trámite que les devuelve al episodio más dramático de toda su vida: la muerte de un hijo de ambos de siete años, acaecida siete años atrás. Ésta dolorosa circunstancia provocará que la cita sirva para que uno y otro pugnen por reprocharse un punzante cúmulo de culpas.

La propuesta viene determinada por dos ideas estructurales que determinan fieramente la observación de esta reunión de antiguos amantes rotos. La primera de ellas, la de situar la acción en un futuro 2017; la segunda, la de mantener una férrea cerrazón espacio temporal: el film tiene el metraje de la disputa entre ambos y queda enmarcado en un único espacio, el que presta la extraña arquitectura ultramoderna del cementerio de Igualada. Esta premisa sólo la quebrantan puntuales escenificaciones que visualizan diversos monólogos interiores de los dos contendientes. De esta forma Coixet radicaliza desapaciblemente el origen teatral del ejercicio.

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AYER NO TERMINA NUNCA, por lo tanto, precisa del ligero andamiaje de dos personajes en permanente estado de reproche, acritud y controversia. Y del más exiguo aún, único, gris, gelidísimo  escenario en el que ambos van a plantarse cara. No hay nada más. De ahí que hayamos expresado con anterioridad la osadía del experimento. Ahora bien, una cosa son los riesgos y otra bien distinta el rigor del resultado. El saltador de trampolín puede intentar el tirabuzón más peligroso, el escarpado más difícil, pero lo que no debe hacer es tirarse a la piscina sin que en esta haya agua. Isabel Coixet se ha tirado… y ni siquiera había piscina.

La película no supera jamás lo forzado, raquítico y verborreico de su planteamiento. Este empecinado catálogo de “coixeterías” (muerte, dolor y lágrimas de laboratorio, dramatismo afectivo cacareado, manual literaturizante de afectos contemporáneos, psicologismo de cabecera) no sabe desentumecerse, desproveerse, humanizarse, escapar a la evidencia nociva de una intencionalidad  que, además de exhibirse contraproducentemente, aplasta la verosimilitud de lo contemplado. El film se quiere desgarrador y se queda en refrigerada bagatela emocional de malestares plastificados. AYER NO TERMINA NUNCA apuesta por la radiografía de un despiadado martirio y concluye convertida en el desenmascaramiento de una absurda trampa.

CHILD´S POSE, de Calin Peter Netzer.

Nota: 8

El rumano Calin Peter Netzer, mediante esta magnífica CHILD´S POSE, se suma a la lista de interesantísimos realizadores que su país ha aportado a la cinematografía europea. Peter Netzer acredita una férrea entereza mostrativa, fundamentada en la precisa y palpitante utilización de su cámara para hurgar en la acorralada intencionalidad de los personajes convocados por la trama.

CHIL´S POSE, al igual que ocurriera hace dos días con la maravillosa GLORIA, del chileno Sebastián Lelio, fundamenta su recorrido argumental en torno a la omnipresencia de un espléndido personaje femenino. El entramado narrativo que va a ir desvelando el film llega a ojos del espectador mediatizado por el punto de vista y el urgente posicionamiento de la protagonista. Nos hallamos frente a un relato que se halla en la obligación de significar sin subrayados ni detenimientos la voluntad de quien lo principia y se sitúa en el epicentro de su mostración.

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Consecuentemente, en el film tan importante es la certera concatenación de acciones como el abordaje sobre la personalidad y  las decisiones que habrá de tomar aquella. Peter Netzer se las arregla muy bien para acudir a ambas sin que la obra sufra desequilibrio alguno: resulta tan pérfidamente avieso en la observación de las acciones exteriores como ávidamente espabilado en la insinuación de la resolutiva subjetividad protagónica.

El film narra la apremiante tesitura que va a vivir Cornelia, una reputada profesional de la arquitectura, madura, bien situada en el” stablishment” de la capital, casada y con un hijo, Barbu,  con el que, gracias a la primera escena del film, pronto sabremos que no tiene una buena relación. Un accidente de coche de este último será el detonante de los hechos que conforman el relato. Barbu resulta ileso, pero ha causado la muerte de un chaval que irrumpió en la carretera de forma inesperada. Un testigo asegura que el primero conducía muy por encima del límite de velocidad permitido. Cornelia y su cuñada acuden con la mayor celeridad a la comisaria en la que Barbu se halla detenido. Nada más llegar, la madre comenzará a querer tomar parte coactiva en los hechos.

La película traza un sibilino panorama por la realidad social de su país. Sin caer en ningún momento en los tópicos parámetros inherentes a un film político o históricamente denunciativo, CHILD´S POSE sugiere en calidad de mar de fondo o de decorado ambiental colectivo un insano estado de las cosas en su país. El seguimiento a Cornelia y el prolijo y jugoso cúmulo de detalles que abundan en la descripción de su carácter, su resolución y su convencedora psicología permite que se vislumbre procelosamente ese válido y definitorio análisis. Cornelia se apunta rápidamente al “maniobra y vencerás”  utilizando de forma tan abnegada como artera el poder que le otorga saberse instalada en los escalafones más altos e influyentes del reducto social al que pertenece.

Sin embargo, más allá de la solidez de este valor semidocumentalista, el film se gana la atención del espectador al situar en primer término de todos sus intereses la severa y potente adhesión a la “actuación” de Cornelia (impagable, grandiosa, perfecta Luminita Gheorghiu), concretamente a la voracidad inclemente, ciega, taimada y pese a todo humanista y maternal del poder de manipulación de esta mujer con la agudeza en estado de alerta máxima. El realizador tiene la sabiduría de aplicar a la configuración de sus planos la tensión y la clarividencia de su personaje central. De ahí que el nerviosismo de los encuadres y la duración de los planos abunden en significar ese olfato sabueso que los comanda desde dentro.

Retrato de una madre coraje incomprendida con causa –el perfil de Cornelia no es ni mucho menos inocente-, CHILD´S  POSE sacude definitivamente por la premura implacable y el pálpito artero con el que está impuesta su oscura profundidad trágica.

LA RELIGEUSE, de Guillaume Nicloux.

Nota: 4

Son varias las adaptaciones cinematográficas las que han tenido como objetivo la apropiación de LA RELIGIEUSE, uno de los textos escritos más famosos del influente e imprescindible escritor y filósofo ilustrado Dennis Diderot. Seguramente la de Guillaume Nicloux no pasará a la historia por ser la mejor de ellas: el manifiesto respeto que el realizador muestra por el texto escrito le juega esa caligráfica contrariedad que es la asepsia.

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La presente adaptación se postula como un trasvase impolutamente cortés con el original. Al igual que él, por lo tanto, narra las desventuras,  escritas en secretas cartas, que le toca padecer a Suzanne Simonin, una desdichada joven a quien su familia obliga a convertirse en monja, ingresando contra su voluntad en una severa comunidad de religiosas enclaustradas. LA RELIGEUSE se centrará sobre todo en las tremendas consecuencias que le acarreará a Suzanne la expresión sincera de sus deseos por abandonar esa estancia que ella no puede dejar de vivir más que como una condena.

Sabedor de que hoy en día el valor crítico y denunciativo de los hechos narrados hace más de dos siglos por Diderot no posee la virulencia de antaño, Nicloux opta por clarificar el entramado argumental que define el calvario vivido por la protagonista. En principio, nada que objetar a esta elección. Sin embargo, el modo en el que está resuelta esta intentona pulcramente narrativa choca con la que debiera de ser la consecuencia de ese empeño. El exceso de limpieza, de nitidez, de corrección y de apego a los hechos expuesto en la novela en ningún momento ayuda a dirimir en pantalla la tormentosa afrenta degradante que maltrae a la desgraciada Suzanne.

LA RELIGIEUSE, en definitiva, deviene un film correctamente inútil y transparentemente convencional, que aborda la locura de la intransigencia y el dolor  del sometido a ella con un miramiento tan cuerdo, tan planchado, tan neutral, tan en su punto de almidón, que semejante melindre observativa  se torna enemigo imbatible del medular empeño pretendido. El hábito no hace al cine.