Paraisoinhabitado

Título: Paraíso inhabitado

Autor@: Ana María Matute

Editorial: Destino

Año de publicación: 2008

Género: Narrativa / novela realista

Fue la primera vez que me morí. De esto precisamente trata Paraíso inhabitado de Ana María Matute. No de la muerte, sino de las primeras veces, de las primeras experiencias; y nadie mejor para contarlo que la voz narrativa infantil que protagoniza Adri. Desde su perspectiva, la cual a penas levanta un metro del suelo, ofrece un visión bastante inquietante sobre el mundo que le rodea donde estarán sus padres, sus primeros amigos, sus primeros enemigos y sus primeros amores.

Paraíso inhabitado es una novela cargada de inocencia que deja así recrearnos en nuestra propia infancia, volviendo a esos unicornios que únicamente podían ser vistos por nosotros, incomprensibles para los Gigantes. La obra contrasta estos dos mundos para a su vez incidir en la confrontación entre realidad y ficción; esa dicotomía que marca también nuestra propia vida, sobre todo, la de los primeros años.

Así pues, Adri focaliza el tiempo narrativo entre sus seis y diez años más o menos, vividos desde la Segunda República hasta los primeros años de la Guerra Civil. Pero a pesar de esta contextualización histórica, la novela no se centra en el tiempo externo sino que esta temporalización sirve para aportar una visión autobiográfica de la autora, puesto que ésta tenía diez años cuando comenzó la Guerra Civil, de ahí su ubicación en la llamada Generación de los niños de la guerra (años 50).

En esa mirada infantil, Adri confronta su realidad (unicornios que van y vienen, escondites que se convierten en cuevas, etc) con la realidad de los Gigantes, que son todos aquellos adultos incapaces de comprender su mundo. Pero estos Gigantes pueden dividirse a su vez en dos grupos. Por un lado, están todos aquellos que acabamos de definir, es decir, los que verdaderamente jamás compartirán la fantasía de Adri, los que negarán su amistad con Gavi, y coartarán su libertad imponiendo el yugo de la tradición; son la representación de los conservadores. Por otro lado, hay Gigantes que le permiten seguir siendo una niña, capaces de compartir la visión de unicornios; ejemplo de ellos son Eduarda (su tía), Isabel (la cocinera) o Tata María (una de las sirvientas y de sus principales cuidadoras); estos serán los que representan un carácter más liberal.

Gracias a estos últimos personajes, también principales, la soledad infantil se hace más llevadera para Adri. Aunque con esto, no quiero decir que se trate de una historia triste; Ana María Matute muestra con su singular voz narrativa, delicada y descriptiva, una manera de ser feliz a la que los niños se aferran, y a veces los no tan niños también nos aferramos: la fantasía, la magia, la ilusión, el idealismo...Cualquier recoveco de imaginación que nos proporcione la fuerza suficiente para sobrevivir a todo aquello que nos provoca dolor. La pena es ir creciendo y olvidando que dentro de nosotros mismos hay una vía de escape, una manera de ser feliz, una huida que al final acabamos ignorando porque acabamos creyendo que los unicornios nunca vuelven.

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